Nicolás López-Prisuelos Maqueda



Nicolás López, natural de Villacañas, municipio a menos de 50kms de Villarrubia de Santiago, nació en el año 1924 y se ordenó en el año 1950.

D. Nicolás tenía relación familiar con uno de los beatos de la persecución religiosa de los años 30, el beato Francisco Maqueda, del que era primo hermano.
Era sobrino de Rufino López-Prisuelos García-Maqueda, detenido, torturado y ejecutado junto a otros sacerdotes. Nicolás, que por entonces era un niño de doce años, fue testigo de su cautiverio y recordaba que “todos los días le llevaba la comida y, con alguna frecuencia, le dejaban entrar dentro, con lo cual pude comprobar su estado, como consecuencia de los tormentos recibidos”. Finalmente, los sacerdotes fueron juntos sacados de la cárcel el 5 de septiembre de 1936 y conducidos a las tapias del cementerio de Tembleque.

Además de haber ejercido como capellán en el Hospital Provincial de Toledo desde 1981, también fue párroco de diversas localidades de la archidiócesis como Alberche del Caudillo, Magán y Villarrubia de Santiago.

El primer domingo, después de "la bajada" de 1964, llegaría a Villarrubia de Santiago, sustituyendo como sacerdote a Don Celedonio Muñoz Sánchez-Rico.

Don Nicolás dando la Primera Comunión a Antonio Rico, 1965
con los monaguillos Angel Vicente y Fernando Guerra

Serían un total de 18 años los que ejercería como cura párroco en la Iglesia San Bartolomé Apostol, formando parte de la vida de nuestro pueblo, generando cariño recíproco y consiguiendo que tras su marcha, el año 1982, todos le mantuviéramos en nuestro recuerdo.

Don Nicolás dando la Primera Comunión, 1979 y 1981 respectivamente

La última parte de su labor pastoral la dedicó siendo capellán de la residencia de ancianos “Josefa López” de Villacañas.


D. Nicolás López-Prisuelos Maqueda, falleció la noche del 29 al 30 de abril de este año 2020, a la edad de 96 años, “tras una larga vida sacerdotal llena de celo y entrega en su ministerio sacerdotal” según palabras el párroco de Villacañas, D. Luis Lucendo.

Sus exequias tuvieron lugar el mismo día, 30 de abril. Y su cuerpo recibió sepultura en el cementerio municipal de Villacañas.

Sacerdote mayor que nos han dado un gran testimonio de fidelidad a todos.
Me tomo la libertad de trasladar a la familia un mensaje de cariño y un abrazo en nombre de sus feligreses durante muchos años, del pueblo de Villarrubia de Santiago.

 Descanse en paz.









Gracias Oscar Avilés



La Perla del Castellar. Aguas mineromedicinales





Esta imagen corresponde a la portada de la pequeña publica­ción dedicada al análisis químico de las aguas y sales medicinales "La Perla del Castellar". Este folleto consta de treinta y dos páginas, cada una de ellas tiene un valor incalculable debido a la cantidad de datos e información tan curiosos que contiene. En ella vemos un escudo de Toledo capital, rodeado por un lazo en donde está escrito el nombre de nuestro pueblo. Según la opinión de Don Buenaventura Leblic, especialista en heráldica, este se usaba como gancho comercial, ya que a Villarrubia de Santiago no lo conocía casi nadie. Sin embargo Toledo es conocido, prácticamente, por todo el mundo. De esta manera los posibles clientes se podrían situar y localizar nuestras aguas medicinales.

Don Santiago Ramón y Cajal, hace unas declaraciones a una revista de la época hablando de las aguas medicinales de Cabreiroá (Galicia) y de "La Perla del Castellar" de Villarrubia de Santiago, que por su composición de sulfato sódico las recomienda como alivio en multitud enfermedades.

En la Biblioteca de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid, aparece archivado este estudio sobre la Thenardita medicinal de Villarrubia de Santiago, efectuado por el eminente Don Santiago Ramón y Cajal.

El análisis se llevó a cabo en el Instituto de Sueroterápia, Vacunación y Bacteriología de Alfonso XIll con el n° de certificado 669 firmando el once de Marzo de 1907 en Madrid por su director el Dr. Cajal.

En su primera página nos indica la procedencia de dichas aguas y sales: Concesiones Mineras "Pilar y Aurelia" en Villarrubia de Stgo. (Toledo), con sus propietarios Don Eusebio Caja y Compañía. El cual fue quien llevó las primeras muestras de Thenardita a analizar.

"Estos estudios no se limitan a España, sino que abarcan otros países del extranjero explicándonos la importancia de nuestra aguas medicinales y como el agua de mar contie­ne Thenardita en notable cantidad, lo mismo que algunas aguas minerales y ciertos lagos de Austria, Hungría y Egipto. Pero el yacimiento más importante de este mineral se encuentra en España, en Villarrubia de Santiago, cerca del río Tajo de donde proceden las aguas y sales "La Perla del Castellar". Mide más de mil seiscientos metros de longitud por diez metros de espesor, habiendo merecido ser visitada por gran número de ingenieros y geologos extranjeros.

Su acción purgante es muy rápida, se manifiesta a las tres horas sin ningún tipo de irritación, también tiene propiedades diu­réticas, alivia diarreas crónicas a la vez que estreñimientos, úlce­ras de estómago además hemorragias, hipotensión y muchas indi­caciones, incluso en pediatría y en algunos casos se administraba en inyecciones subcutáneas. Este mineral desempeña un papel muy importante en la hidro­terapia, en enfermedades tales como el escrofulismo y hepertismo, requiriendo el empleo de baños apropiados, dando muy buenos resultados."


Estas enfermedades están superadas gracias a los adelantos médicos que tenemos hoy en día, no tenemos que olvidar que este estudio data de principios del siglo XX.

Santiago Ramón y Cajal 1892-1934

Toda esta historia sale a la luz, gracias a un anuario que data del año 1929, del cual tenemos una edición en nuestro pueblo.


Anuario General de España (este es el nombre de esta guía). Está publicado por una editorial catalana «Anuarios Bailly-Bailliére y Riera Reunidos» S.A. En la página noventa y seis, nos encontramos el espacio dedicado a Villarrubia de Santiago. En él encontramos información, por ejemplo, de los habitantes que tenía nuestro pueblo, tres mil seiscientos setenta, además el nombre de su alcalde, párroco, maestros, etc. Junto con los anuncios de los negocios que existían en Villarrubia, carpinteros, buñueleros, corresponsales, etc. Pero el anuncio que más llama la atención es de las aguas minero medicinales «La Perla del Castellar» con su propietario Don Florestán Aguilar.

Don Florestán Aguilar nació en la Habana (Cuba) el 15 de abril de 1872 hijo de padres españoles.
Hizo sus primeros estudios en Madrid, trasladándose en 1895 a Filadelfia, cursando la carrera de «Doctor in Dental Surgery». Concluidos sus estudios vuelve a España, para instalarse en Cádiz, llegando a ser teniente alcalde.

Florestán Aguilar y Rodríguez 1872-1934

De vuelta a Madrid, pasa a ser colaborador en la clínica del doctor Highlands. Este señor era el dentista de la reina Mª Cristina de Habsburgo (su nombre completo era Mª Cristina Felicidad Deseada), segunda esposa de Alfonso XII.

Ya muerto el rey, en uno de sus paseos en tíburi por la Casa de Campo, la reina a consecuencia de un frenazo, fue a golpearse contra el pasamanos delantero del carruaje, dándose un fuerte golpe en los dientes, los cuáles se movilizaron para gran disgusto de esta, pues como se ha dicho antes era lo más bello de su rostro.

Ya en palacio, ordenó inmediatamente que se llamara a su dentista el doctor Eduardo Highlands. Pero precisamente en 1898 este señor de nacionalidad americana se había ido de España, debido al ambiente enrarecido que reinaba entre los españoles, a consecuencia de la guerra entre EE.UU. y España, por la independencia de Cuba.

Informada de esto la reina, no duda en ponerse en manos de don Florestán Aguilar. Fue tal el éxito obtenido en el tratamiento del traumatismo, que la reina le nombra Dentista de Cámara, lo que le permitió introducirse en el restringido círculo de personas con influencia en palacio.

Le concedieron múltiples distinciones profesionales, tanto dentro como fuera de España, llegando a concederle el premio Miller (equivalente al Novel en Odontología).

Tuvo mucho que ver con la construcción de la Universidad Complutense en Madrid, hoy en día el aula magna de la Facultad de odontología de esta universidad se llama Florestán Aguilar.

Alfonso XIII 1876-1931

La relación con Alfonso XIII era sumamente estrecha a lo largo de toda su vida, hasta el punto que le sería encomendada por el Conde de Romanones la difícil misión de sugerirle que abandonara España. Además de esto Florestán se encargaba de pasar los comunicados entre el rey y Manuel Azaña, causa al final de bastantes problemas políticos para él.

Muy agradecido al rey le concede el título de Vizconde de Casa Aguilar.

Florestán Aguilar y Rodríguez falleció sin descendencia el 28 de Noviembre de 1934.

La pregunta que surge es, ¿por qué se interesó por nuestras aguas un personaje tan importante en el campo de la odontología, cuando las enfermedades que aliviaban las aguas y sales medicinales estaban relacionadas con el aparato digestivo y problemas de piel?

El doctor don Julio González Iglesias, profesor de Historia de la Odontología de la Universidad Alfonso X el Sabio, ferviente admirador de Florestán Aguilar y autor de trabajos acerca de este, está convencido de que el motivo que lleva a Florestán a interesarse por este agua, fue el ánimo de aliviar los síntomas de la enfermedad que padecía Alfonso XIII, el hepertismo.

Aguilar un polifacético, también se especializó en hidroterapia llegando a ser médico de baños.

Aconsejando al rey tomar baños a base de nuestra Thenardita medicinal, pues los resultados obtenidos de los estudios hechos a este mineral, demuestran que combate con efectividad las molestias tan desagradables que produce el hepertismo.



- Una curiosidad más: en la década de los cincuenta, se podía leer en un escaparate de una tiendecita en la calle Atocha de Madrid, un cartel que decía: "Se vende agua sulfurosa de Villarrubia de Santiago".




Ver también en este blog  >> Bibliografía, Textos y Referencias - "Historia de las aguas mineromedicinales en España"
(Santiago Ramón y Cajal, defensor de las propiedades terapéuticas de las aguas minerales de Villarrubia)





Música: Santiago de Masarnau: II. «En los jardines de La Granja» de "Los Cantos de las Dríadas" (1837)

Fuente principal: Libro de fiestas patronales 2007

Anyo 1242 - Villarrubia de Santiago en la estructura de poder en la Orden de Santiago (siglos XII - XIV)




Las estructuras de poder santiaguistas permiten comprender en parte los mecanismos del poder durante la Edad Media, al entender que los santiaguistas suponen una institución con la suficiente entidad política y territorial. La jerarquización de la Orden de Santiago, nos permite situar la contribución de esta entidad a la definición del poder medieval en la Península Ibérica.

El poder en la Orden se desmembró y descentralizó en diferentes grupos que permitieron un desarrollo institucional no exento de conflictos por el constante debate entre la rama militar y la eclesial en el seno de la Orden.

1.-ORGANIZACIÓN INTERNA, SUS MIEMBROS Y SUS VÍNCULOS

El maestre
En él reside la soberanía última de la institución. El maestrazgo de la Orden de Santiago no sólo supone un peso específico dentro de la institución sino en el contexto de las relaciones de poder de los siglos centrales de la Edad Media en base a su poder militar y económico.
Un famoso ejemplo es Pelay Pérez Correa, que comienza su carrera en Portugal, para ser comendador mayor de la Orden de Santiago en Uclés, después ocupó la encomienda mayor de Castilla y finalmente es elegido maestre en 1242.

Pelayo Pérez Correa (Plaza Mayor de Salamanca)

Prioratos y Encomiendas mayores
Como segundo escalón de la pirámide se encuentran a ambas referencias de poder, complejas y con un desarrollo inicial por reinos, para luego adaptarse a lo que se dio en llamar, provincias de la Orden. Existieron de esta forma diversos prioratos, siendo uno de ellos el de Uclés para Castilla.
El priorato únicamente fue un referente de poder eclesiástico con todo lo que eso conlleva, administración de las iglesias, control y cobro de los diezmos, pero sin capacidad jurisdiccional clara, lo que provocó un conflicto permanente con el maestre.
Las encomiendas mayores, centraron su poder en su capacidad jurisdiccional.  Esta importancia interna se tradujo en que la encomienda mayor se convirtió en un paso esencial en el cursus honorum, para alcanzar el maestrazgo.

Conventual de la Orden de Santiago en Ucles (Cuenca)

Los Trece
Son los encargados de elegir al maestre y sus facultades son consultivas.
En la bula de confirmación de la Orden, expedida por el Papa Alejandro III en 1175, se estableció que hubiese trece freires, a cuyo cargo estaría la elección del Maestre y el ayudarle con su consejo. Algunos historiadores afirman que el significado de estos trece se corresponde con el número de los primeros caballeros que se reunieron para fundar la Orden, mientras otros señalan que representa el número simbólico de los Doce Apóstoles más Cristo.

El Capítulo General
Pese a que se ha cuestionado su eficacia como organismo de control, se ha destacado su importancia como foros donde se concretan políticas de cultivo y productivas, políticas financieras y de compra y cesión de patrimonios.


Las encomiendas
El siguiente escalón en la estructura lo componen las encomiendas. En zonas como el Tajo y Montiel la Orden prefirió la cesión a particulares de estas propiedades, o bien situó en ellas al precedente de los comendadores: señores o tenentes que por la Orden tenían en diversos lugares concedidos; es el caso de Lope de Varea, señor en Villarrubia y Biedma. Lugares que ellos administraron hasta que se dieron a poblar y se comenzaron a articular pequeños embriones concejiles. Las encomiendas, auténticos núcleos de la estructura territorial de la Orden, fueron centros de producción de rentas.

Además de fidelidad al maestre, también le debían un servicio militar. A cambio de ello disponían con carácter vitalicio de una encomienda que ellos gestionaran con plena libertad.

Los freires
En los últimos escalones de la organización santiaguista, los freires tienen distintas categorías sociales en función de su actividad: aquellos dedicados a una actividad militar y aquellos otros que tiene una función laboral (administrativa, de gestión productiva e incluso artesanal).

Dominios de la Orden de Santiago en el Siglo XV

2.-FUNCIONES INTERNAS DE GESTIÓN DEL PODER

El maestre es sin duda la institución con más resortes en su poder para ejercer este control:

El comendador del Bastimento
Controlados por los maestres, eran los encargados de asegurar el aprovisionamiento de las encomiendas, impidiendo un eventual desabastecimiento de las mismas, garantizando una acción económica a través del control de excedentes agrarios y por otro lado de rentas, además de convertirse en los administradores de la Orden.

En 1273 quedan perfectamente definidos los dos grandes bastimentos del maestre en Castilla al serles arrendados a sus almojarifes judíos (recaudadores de impuestos);
el primero ocupa una amplia franja que une Guadalajara con el Campo de Montiel y las sierras de Segura, de gran importancia ganadera,
y el segundo lo componen un grupo de encomiendas del Tajo y que se extienden hasta el actual Campo de Criptana. Un documento de 1242, las describe textualmente así:

"E con toda la ribera del Taio e con Vaídazerete e con Villarruvía e con toda la riebera de Oreia e con todo el Corral de dalmaguer e con Ocana e con toda la Mancha"

Otra funciones de los comendadores del Bastimento son otras que tienen que ver con un control productivo y fiscal para controlar impuestos esenciales para la Orden y para el control de núcleos de producción estratégicos. Este control se explícita en el citado documento de 1242, donde se entregan diversas posesiones de la encomienda pero se retienen las aceñas de Villafandin (hoy despoblado) que pertenecen a los clérigos del bastimento y también el diezmo de Villarrubia de Santiago, que también pertenece al bastimento.

Por tanto, el comendador del bastimento fue el precedente de los almojarifes judíos, gestionando y cobrando rentas privativas del maestre e incluso el cobro de los impuestos con que se gravaba a las minorías, como alfardas (contribución que pagaban los moros y judíos en los reinos cristianos por el aprovechamiento de las aguas).

Igualmente el comendador del Bastimento representó los intereses del maestre en el control sobre las iglesias. Como veíamos en Villarrubia de Santiago y como se desprende del encargo que hace el maestre en 1304, a todos los comendadores y en especial al comendador del bastimento, encargado según este documento de recaudar los derechos e impuestos de fidelidad al maestre y en especial los diezmos.

Los comendadores del Bastimento también serían los encargados del control de al menos dos cilleros, uno está situado en Uclés, a él se alude en un documento sobre unas azudas en Aranjuez, en la ribera del Tajo, y aparece entre los miembros de la Orden, P. Peláez, cellero, posiblemente encargado del control de este almacenaje en la zona del Tajo.

El comendador de las vacas y yeguas
Resalta la importancia que la Orden dio a la ganadería, esta figura interna representa una gestión centralizada de los ganados de la Orden.

Los visitadores
Sus competencias se centran en el cobro y control de los diezmos a partir de un censo que existe a partir de 1310.

Castillo de Oreja

El comendador de la frontera
Mecanismos de control relacionado con la actividad militar, sin duda vinculado a la actividad bélica en la frontera, sabemos que existió en la zona del Tajo.
Esta figura defiende los intereses del rey, ya en el siglo XIV, algún miembro de la Orden ocupó este cargo. Es el caso de Vasco Rodríguez de Coronado, comendador de Oreja y Trece, que fue elegido para este cargo en 1324.

Los mayordomos
Serían oficiales que guardaron los fondos del maestre y, sin duda, los que gastaban los mencionados fondos bajo su dirección.


Por último debemos valorar el poder de los comendadores, cuyo gran potencial se concretó en su capacidad de gestión económica. Estamos ante los grandes artífices del éxito productivo y social de las Ordenes Militares durante la Edad Media. La red comendataria es uno de los grandes triunfos productivos del siglo XIII. Con una gestión controlada de la producción y con un equilibrio inestable entre el poder de la Orden que ellos representan y el avance del poder concejil, que las propias encomiendas estimulan para una mejor organización social.

El Capítulo de 1310 marca un nuevo rumbo que no terminará de consolidarse debido a la intervención progresiva de la monarquía. En estos años finales se produce una reorganización señorial de los señoríos santiaguistas que incluyen propiedades del Temple y que manifiestan una profunda feudalización.




Fuente: El maestre Pérez Correa en 1242 y otros resúmenes - Francisco Suárez Salguero

Música: Saltarello (siglo XIV)

Intervención arqueológica en El Castellar

En la actuación arqueológica en el yacimiento de El Castellar, se descubrieron restos de viviendas de la Edad del Hierro con zócalos de piedras y alzado de adobe, las cuales se adaptaban a los desniveles del terreno mediante la construcción de tramos de escaleras entre ellas. Los restos cerámicos han permitido establecer una larga secuencia de ocupación que abarca toda la Edad del Hierro y época musulmana. De este último período, se documentaron los restos de una torre del antiguo recinto murado árabe.


La necesidad de realizar un estudio geotécnico para el proyecto de construcción de hotel sobre el solar del yacimiento de El Castellar, propició una intervención arqueológica a fin de valorar los restos existentes y el estado de conservación de los mismos.

Recodo del río al este del yacimiento

A finales del año 2003 el yacimiento estaba fuertemente alterado por actividades antrópicas que básicamente consistían en la explanación de una superficie contigua a la ermita para habilitar aparcamientos para vehículos, el relleno de parte de los barrancos que se abren al Oeste del yacimiento por los vertidos de yesos que generan las actividades extractivas mineras y la reforestación de pinos que propició la abertura de grandes surcos a la entrada del poblado en su parte meridional, el lugar en donde se supone que se ubicaba la necrópolis. A ellos hay que añadir la erosión vertical de los taludes que se asoman al cauce del río, hacia el Este, produciendo grandes desprendimientos que ya han causado la pérdida de un buen porcentaje del sitio.

Posteriormente a la actuación, se procedió el desmonte con excavadora del sector en el que se había actuado arqueológicamente, de modo que fueron destruidos todos los restos que se citan en este texto. Posteriormente, otras obras de acondicionamiento del vial, canalización de aguas y zanjas de tendido eléctrico han afectado a los restos en una medida que no fue evaluada.

Foto-interpretación del recinto del yacimiento y los agentes antrópicos que lo han afectado

El Castellar


La ermita de El Castellar se encuentra en la margen izquierda del río Tajo, en un recodo del mismo, que por esta zona son llamados “remansos”, a una altitud media de 500 m. El cauce errático del río Tajo ha ido formando a la largo de su historia numerosos meandros, que cuando se acercan a los escarpes de yesos (abundantes en esta parte del cauce) excavan los taludes ya de por sí escarpados, formando verdaderas paredes que a veces se elevan medio centenar de metros sobre las aguas del río. En el borde de uno de estos escarpes labrado por el río, se alza actualmente la ermita de El Castellar. Quizá por ello, la creencia popular ubicaba aquí el Castillo árabe del Torcón o Tormón como se recoge en la creencia popular.


En los textos medievales se nombra ya desde el siglo XIII la ermita de “El Castellar”. Esta ermita gozaba de amplia fama como benefactora para las lluvias y conserva fuerte devoción en el pueblo de Villarrubia. A consecuencia de ello, el edificio y su entorno se ha ido remodelando con los años, ocupando cada vez más espacio con el habilitamiento de una explanada para aparcamiento de coches, a costa del yacimiento arqueológico, al que ha afectado.

Alfonso VII de León

En los mapas de los siglos XVIII y XIX aparece con el nombre de ermita del Castellar o Castillo de Biedma. Biedma, por su parte se cita como lugar repoblado por Alfonso VII y las Ordenes Militares en los siglos XII y XIII.

Alfonso VI de León

La primera conquista cristiana de la Ribera del Tajo la realiza Alfonso VI en 1085, pero durante 100 años estas tierras pasarán de cristianos a musulmanes varias veces. En este tiempo se arrasan castillos se despueblan ciudades y nacen nuevos pueblos. Estos lugares pertenecieron a la demarcación del castillo de Oreja, tras su definitiva conquista por los cristianos en 1139. A lo largo del río se situaban los castillos de Alharailla (hoy Fuentidueña de Tajo), Alboer (Santa Cruz de la Zarza) y Oreja (Aurelia), todos de origen musulmán, probablemente construidos en el reinado de Abderramán III dentro de su política de fortificación de la línea del Tajo.

Abderraman III

Ante las dificultades para le repoblación de las aldeas del valle del Tajo, Biedma fue vendida por D. Lope de Varea y Dª Sancha a la Orden de Santiago en 1204;
“Modo voluntate spontanea statuimos et confirmamus cum magistro domno Suero et Gomez comendadore et F. Didaci et F. Gunzalvi et F. Petri priore, et conventu de Ucles cumque die conventus vel magister dederint nobis quingentos morabetinos chicos, recipiant suam hereditatem de Biedma et de Villa Ruvia”
,creándose una encomienda cuyo primer comendador fue Iñigo de Ricla. Esta encomienda de Viedma tuvo una vida gris reduciéndose a una pequeña granja ubicada en la margen derecha del Tajo, y apareciendo como despoblada ya en el siglo XV, de modo que los libros de visitas de la Orden señalan que el único edificio reconocible era la ermita de Nuestra Señora del Castellar. Por ello un siglo después, en las Relaciones de Felipe II se afirma:
“Y demas de estas (ermitas) en el término de Biezma, una legua de esta villa está otra ermita que se llama Nuestra Señora del Castellar muy antigua, la cual es muy frecuentada de toda la comarca, por ser de mucha devoción y estar en un sitio muy estraño en una peña, ribera el dicho Tajo hasta esta villa, llamase del Castellar a lo que se cree, por haber vestigio en ella de algún castillo”.


Restos romanos de la vega en primer término.

La Ermita del Castellar está catalogada en el Inventario de Bienes Culturales de Castilla La Mancha. El castillo llamado Tormón, aparece en un inventario de arquitectura militar de 1968 del que sólo se conservan vestigios en tal estado de ruina que no permiten reconstruir la planta del mismo.


En el Inventario Arqueológico de la Diputación Provincial figuran cerca de este enclave,
  • Yacimientos de Lengua del Castellar, junto al puente sobre el Tajo de la carretera de Villarrubia de Santiago a Colmenar de Oreja, con ocupación del Paleolítico, Edad del Bronce y Hierro I;
  • Vega del Castellar, al pie de la ermita, junto al río, en el entorno de la Mina, lugar en el que se documentaron en los años 1970 unas tumbas tardorromanas o visigodas.
  • Biedma I y Biedma II, al otro lado del Tajo, se trata de yacimientos romanos junto a la casa de labor de Biedma en una ancha terraza de la margen derecha del río.
Los alrededores son por tanto ricos en vestigios arqueológicos

El yacimiento de El Castellar es inventariado en una lista completa de los lugares de la Edad del Hierro de la región. Se le atribuye una extensión de 6,9 Has. El Castellar es uno de los ejemplos de los recintos amurallados de la Edad del Hierro que aprovechan los más abruptos frentes de escarpe en los orillas del Tajo.

Actuación arqueológica (2003-2004)

La actuación arqueológica realizada a finales de 2003, se centró sobre uno de los espolones centrales del yacimiento (el más próximo a la ermita), que estaba formado por una loma cortada de antaño en su lado meridional para la construcción de una carretera que lleva del pueblo a la ermita. Este loma se eleva hacia el Este, formando un cerrete que se asoma, como toda le vertiente oriental, al escarpe sobre la curva del río. Hacia el Norte y Oeste, desciende empinadas laderas fruto de la erosión provocada por el barranco o torrente que se abre en este lado.

Escarpes del yacimiento vistos desde el río


Se pudieron trazar un total de 15 cuadrículas que se extendían por una superficie de 3.375 m2, de las cuales se seleccionaron para su excavación arqueológica solo aquellas en las que se conservaba algún espesor de suelo.

Se realizaron pequeñas catas en diversos lugares del área de estudio a fin de evaluar la potencia arqueológica de la zona. Los resultados fueron los esperados, constatándose la práctica destrucción de los restos en la mayor parte de la extensión, especialmente en la pequeña meseta central.

Hacia el Oeste tampoco quedaban restos arqueológicos conservados, pues al igual que en la meseta, la erosión ha dejado al descubierto la capa geológica compuesta por yesos grises y especulares. Por el contrario, en la parte Sur, directamente sobre el pequeño cantil practicado en su día para la carretera local que lleva a la ermita del Castellar, los derrumbes de espejuelos de las partes más altas, habían tapado una gruesa capa de sedimentos arqueológicos existente bajo ellos, y que fue saliendo a la luz a medida que se retiraban las capas superficiales del terreno.

El cerro del borde Este está partido por una grieta de más de 1 m. de ancho y de al menos 8m de profundidad. Esta grieta permite la observación de un corte estratigráfico. En la base aparecen los restos de una superficie de yeso a modo de suelo sobre rocas de espejuelo. Directamente sobre este suelo se disponen una serie de vigas de madera calcinadas. Aparecen los cortes de la sección circular de cuatro palos, sobre ellos se dispone otro longitudinalmente y sobre el un manto de paja u otro material vegetal de características similares igualmente carbonizado. Se consiguió realizar algunas fotografías y tomar unas muestras de los carbones, que pertenecen a la especia de pinus pinaster.

Vigas de madera quemada

Detalles de sondeos sobre cuadrículas


El yacimiento de El Castellar y los yacimientos amurallados de la Edad del Hierro de sus cercanías.

C-1

Se trata de un espacio de 5 x 5 m. en la parte occidental junto al talud Sur de la carretera. Ocupando la mitad del espacio aparece un escalón practicado sobre los espejuelos que conforman el suelo natural. Este escalón debe corresponder a obras de abancalamiento de la ladera para habilitar viviendas.


La altura del escalón es de 25cm, pero se encuentra muy alterado por una fosa rellena con basuras de todo tipo, entre las que se documentan huesos de animales.

Restos de huesos y asta

Esta fosa penetra en el suelo geológico de espejuelo y está cubierta por una capa de suelo vegetal a base de arcillas marrón claro y relleno de pequeñas calizas y guijarros.

Los niveles no alterados pertenecen a explanaciones antiguas de modo que los materiales arqueológicos se encuentran en contexto original pero secundario, ya que fueron alterados en su día, probablemente para habilitar nuevas construcciones que la erosión ha destruido en su totalidad. Por ello los restos cerámicos, sin ser escasos, se encuentran en extremo fragmentados, evidenciando roturas antiguas.

C-2

Los trabajos se iniciaron en la C-2 dado que allí afloraban en superficie varias piedras. Una vez retirada la capa superficial o manto vegetal, se comprobó la existencia de una alineación de piedras. El ancho era de 45cm. que ocupan dos piedras, pero hacia el Norte corría casi paralela al muro una franja con arcilla suelta y blanda que más tarde ha podido interpretarse como el relleno de una de las numerosas grietas que se abren en la zona, y que ha destruido parcialmente el muro, por lo que no se puede evaluar su anchura.

Lateral del muro

Los paralelos de otros lugares sugerían la existencia de una o dos hiladas de piedra en altura, ya que el resto de las paredes se hacían con adobes de barro que, salvo en el caso de que se hayan quemado, no se pueden diferenciar del suelo circundante.

Hacia el Este, poco antes de llegar a la C-3 se conserva en buen estado una esquina y sobre todo la cara exterior de la pared perpendicular a la anterior, formada por piedras de la misma naturaleza pero de mayor tamaño y bien canteadas al exterior. De esta nueva pared apenas se conserva un tramo de 1,3 m. de longitud, ya se encuentra destruida por el talud de la carretera. No cabe duda que continuaba más al Sur, a juzgar por las piedras caídas sobre el propio talud.

Vista Sur desde el Este

Cubeta de arcilla

Cubeta de arcilla apisonada

Hacia el interior, al Norte, se documentó la existencia de una superficie de arcilla tamizada y apelmazada y algo quemada. Se conserva parte de una superficie explanada del mismo material a modo de suelo, con la unión con las paredes redondeada. La altura de paredes conservada es de 18-20 cm. El material que rellena este espacio cuadrangular está compuesto por unas margas y yesos blancos muy deleznables, de textura polvorienta y poca consistencia, con numerosos nódulos o pequeños cantos de caliza y espejuelo.

Fragmento de asa y borde de caliciforme.

Los materiales hallados en este espacio son similares a los del resto, a base de pequeños fragmentos con roturas antiguas de cerámicas, principalmente a torno, de pastas rojizas y con acabados de pintura jaspeada, engobes rojizos y anaranjados y motivos geométricos: líneas y semicírculos. No obstante, destaca que sobre el manto vegetal de arcillas marrones, aparecen varios fragmentos de vasijas a torno acanaladas, de aspecto amarillento-verdoso, típicas de un ambiente musulmán. 

Galbo de botella común musulmana con pared acanalada.

Aparecen en este nivel superficial, al igual que en el relleno de la fosa de la C-1, algunos fragmentos de tejas curvas con manchas de fuego, pero de aspecto más grueso y mayor tamaño que la típica teja árabe, por lo que no se descarta que se trate de ímbrices romanos o de origen romano.

La pared de arcilla de la estructura cuadrangular es paralela al muro de calizas, conformando un ancho de 1,7m. Aunque la grieta ha alterado el muro de piedras, no es probable que tuviera este ancho en origen, ya que junto a la pared de arcilla existe una franja de 60cm. no alterada y sin piedras.
Es difícil la interpretación de esta estructura cuadrangular. Por su aspecto hace pensar en un algibe, pero los materiales (arcilla decantada) con los que está hecha no son aptos para guardar agua, tal vez haya perdido una capa superior impermeable, o bien fuera utilizada para un uso.

C-3

Escaleras
Adosadas a la pared que es cortada por el talud, se conservan los retazos de unas escaleras de piedras formadas sobre todo por grandes bloques de espejuelo y calizas retocadas. Se conservan los indicios de tres escalones de 1,1 m. de ancho y unos 20 cm. de alto y el pie o longitud de la huella de 50 cm., formados en los tres casos por tres piedras mayores y un relleno con otras más pequeñas. Corren paralelas y adosadas a la pared, en dirección Sur.

Fragmentos de escalones de piedra

Parece que haya que interpretarlas como una espacie de callejón formado por escalones. Esta solución urbanística es muy común en los poblados ibéricos que se disponen en ladera. Se trataría de pequeños callejones escalonados que permitirían el tránsito desde calles perpendiculares más anchas y llanas que seguirían las curvas de nivel del terreno, sobre las que se alinearían las casas.

Unión de escalones al muro

Suelo

Por el Norte se conserva la superficie de un suelo formado por arcillas y margas compactadas, de aspecto arenoso con un frente endurecido de color marrón oscuro o gris claro que evidencia el efecto del fuego.
El suelo se inclina hacia el Oeste y presenta un perfil en V. Esta disposición se debe a la existencia de una nueva grieta que ha provocado el desplazamiento de materiales hacia abajo. Otra nueva grieta se dispone hacia el Este de la cuadrícula. Sobre ella quedan abundantes piedras calizas, sin duda procedentes de zócalos de antiguas paredes.

Zócalo de piedra de uno de los muros

Estas grietas o "huércenes", como se las conoce en lugar, son de poca anchura (10 a 20cm), pero su profundidad es considerable, pudiendo llegar a varios metros. No son visibles en superficie porque están tapadas por los propios restos arqueológicos. A menudo una piedra tapa la rajadura y hace de tapón para los materiales que caen sobre ella.

Grietas o "huércenes" del terreno.

C-4

Surcada por varias grietas, algunas de mayor tamaño, constituyen un verdadero riesgo para los propios arqueólogos. A medida que se excava se constata la destrucción producida por estas grietas. No es posible documentar la dirección de las estructuras, que sin duda existieron pues los acúmulos de calizas, alguna arenisca y espejuelo, son grandes.

C-5

A pesar de que apenas se excavó en ella se procedió a numerarla para dibujar la planta con los restos de una pared que aflora en el Perfil Sur. Se trata de un acúmulo de piedras calizas de buen tamaño. Discurre desde el Oeste, naciendo bajo las escaleras como una superficie de espejuelos desmenuzados. Aunque se interrumpe por la existencia de dos grietas, continúa hacia el Este alcanzando una longitud de 10m. El ancho sólo se puede evaluar en ciertos tramos, alcanzando los 65cm. La apreciación de esta estructura es difícil porque se dispone de forma paralela al Perfil Sur, es decir, estaría cortada longitudinalmente por el talud de la carretera habiendo perdido buena parte de las piedras que la conformaban.

Torre musulmana


Cerrando el acceso desde los llanos del Sur en el istmo que delimita el penúltimo de los espolones que conforman el yacimiento de la Edad del Hierro, se levanta un pequeño cerro surcado por dos grandes grietas de varios metros de profundidad. En una de ellas, a 2,5m de la cumbre, se descubre una alineación de maderos quemados. Se pueden ver al menos 4 de ellos, redondos, de unos 15cm de diámetro, y colocados en posición horizontal a espacios regulares de 10cm entre ellos. Bajo ellos existe una capa de arcilla y bajo ella una superficie formada por restos de paja carbonizada. Finalmente, bajo la paja, se halla una superficie endurecida formada por yesos.


Este lugar presentaba grandes dificultades para su excavación, no obstante se interpretó como los restos de una torre o parapeto que cerraba el acceso a los dos últimos espolones del recinto, tal vez incluso parte de la fortificación de la entrada a lo que en su día fue el castillo o recinto fortificado musulmán.

En otros yacimientos de los alrededores es común que el asentamiento musulmán posea extensiones más reducidas que el recinto de la Edad del Hierro, así en Alhajilla, Fuentidueña de Tajo, aguas arriba de El Castellar, se puede ver el foso musulmán dentro del recinto enmarcado por el foso y la barrera de la Edad del Hierro. Algo similar ocurre en el famoso castillo de Oreja, aguas debajo de El Castellar, en donde el recinto amurallado musulmán está dentro del de la Edad del Hierro, mucho más amplio, y el castillo aún ocupa una superficie dentro en el borde del espolón que se asoma al frente de escarpe sobre la vega del río.

Es por ello que se proyectó la excavación completa del lugar, algo que lamentablemente no se pudo cumplir ya que las licencias municipales consintieron la destrucción de estos restos por una máquina excavadora en el verano de 2004.

Conclusión

La impresión general que se desprende en la disposición de los distintos niveles en El Castellar, es la existencia de una ocupación prolongada con numerosas reestructuraciones del mismo hábitat, que finalmente debió ser abandonado de forma paulatina o no traumática. En el perfil Sur se documentan al menos 3 suelos nítidamente, que deben corresponder a otros tantos momentos de ocupación o reestructuraciones.

No se ha constatado ningún resto en deposición primaria, a excepción de las estructuras, por lo que hay que valorar negativamente la posibilidad de realizar hallazgos muebles en contexto original, o sólo parcialmente destruidos. Las estructuras responden a los patrones usuales del mundo ibérico, con muros formados por zócalos de dos hiladas de alto y dos piedras de ancho, en ambos casos sin trabajar o a lo sumo ligeramente canteadas, como encontramos en yacimientos cercanos: Plaza de Moros, Villatobas o el Cerro de la Gavia, junto al Manzanares.

En El Castellar se utilizan piedras locales formadas en su mayoría por yesos muy alterados. Al igual que se ha constatado en Plaza de Moros, las viviendas se adaptaban a las fuertes pendientes de las laderas, pero da la impresión de que en El Castellar los trabajos de abancalamiento e instalación de las viviendas fueron de mayor envergadura (sin duda los mayores desniveles del lugar lo requerían), como señala el pasillo del que se conservaban tres escalones de piedra, que recuerda los tramos de escaleras y las disposición general de asentamientos ibéricos en terraza.

Por lo que respeta a los hallazgos muebles realizados, destaca la existencia de algún fragmento de bronce perteneciente a una fíbula anular hispánica, y la total ausencia de elementos de hierro, si bien hay que tener en cuenta que este terreno yesífero apenas permite la conservación de los metales.

Galbos de tinajilla con engobe rojo jaspeado

Entre los fragmentos de cerámica a torno, destacan el elevado porcentaje con decoraciones pintadas geométricas: series de círculos concéntricos, semicírculos y cuartos de círculo, series de líneas, alternancia de líneas y bandas, bandas y líneas en rojo vinoso alternando con el fondo con engobe rojo, melenas y engobes jaspeados rojizos y negruzcos. 

Fragmentos de cerámicas con decoraciones pintadas geométricas, pinturas jaspeadas y estampilladas.

Tan sólo se pueden reconstruir las formas de una tinajilla con pintura jaspeada, la boca de un tonelete con pintura jaspeada rojiza, de los cuales se han hallado fragmentos de hasta media docena de ejemplares en el cercano Plaza de Moros, y dos cuencos, uno con pie y el otro con base plana ligeramente umbilicada. Quizás el fragmento con estampillas a base de estrellas de nueve radios y aspa, y algunos pequeños fragmentos de cuenquitos de barniz rojo púnico, puedan servirnos para situar al menos un momento de población en torno al siglo III a.C.

Unos fragmentos a mano de borde ollas de gran tamaño tienen asimismo paralelos en Plaza de Moros, pero uno de ellos presenta un cordón umbilicado bajo el borde, que es más propia de momentos antiguos, de comienzos de la Segunda Edad del Hierro.

Fragmentos de cerámicas a mano, una de ellas con cordón umbilicado

No sabemos el momento en el que se abandona el poblado, pero al menos desde el cambio de Era se desarrolla una ocupación romana a los pies del escarpe en donde se levanta la ermita. Este asentamiento ocupa toda la terraza hasta el borde actual del río y sabemos que pervivió hasta época tardía pues en 1970 se excavaron unas tumbas de cronología tardorromana o visigoda. Probablemente quedaran en la vega restos de esta población, cuando los musulmanes, por mandato de Abderramán III, se dedicaron a fortificar la orilla Sur del Tajo y levantaron una pequeña fortaleza sobre parte del antiguo recinto amurallado de la Edad del Hierro. 
Los maderos quemados del cerro oriental que la grieta ha dejado al descubierto pertenecen a la ocupación musulmana, así como probablemente la cubeta cuadrangular construida con arcilla apelmazada, sobre la cual se descubrieron varios fragmentos de botellas musulmanas con paredes acanaladas.

Fragmentos de cerámicas con decoraciones pintadas geométricas y engobes rojos. Boca de tonelete y pequeño cuenco.




Mis agradecimientos a Dionisio Urbina Martínez, Doctor en Historia Antigua y arqueólogo en la intervención arqueológica en El Castellar, por la detallada información sobre las Actas de las II Jornadas de Arqueología de Castilla La Mancha - Toledo, 2007 (Actuaciones arqueológicas en proyectos urbanísticos)






Música: Vlla Obila - La rosa enflorece (Romance sefardí, Siglo XII)