La sociedad postindustrial fue provocando que oficios como sastres, cesteros, afiladores, hojalateros o lañeros, fueran perdiendo su dedicación. De la misma manera, la sociedad de la información, la sociedad moderna invadida por la instantaneidad, ya no necesitaba dotarse de ese canal rudimentario pero entrañable como era el representado en otros tiempos por el pregonero y se prescindió de su labor.
Pregonero, un oficio de antaño que se pierde en las brumas de la memoria, una figura imprescindible en otros tiempos. El pregonero en mi pueblo era una de las profesiones más populares entre los vecinos, una persona que siempre, con recia voz, era el encargado de anunciar, avisar e informar de cuanto podía interesar a los vecinos o todo lo que las diversas autoridades desearan dar a conocer.
Con el permiso de estas líneas quiero hacer un pequeño homenaje a un villarrubiero, Pedro Mudarra Cobacho, conocido como Agustín el pregonero, el último pregonero que daba noticias en momento y hora en distintas esquinas del pueblo.
Agustín pregonando en la calle Honda
Agustín era consuegro de Nicomedes el alguacil. Serenos, alguacil y pregonero, con sus gorras características, infundían autoridad. Tenían un denominador común, eran elegidos y gozaban con el beneplácito de la autoridad y el vecindario. Amables y serviciales, en ocasiones realizaban otros cometidos del ayuntamiento y cuando llegaban las fiestas también estaban dispuestos para echar una mano.
Pero la característica indivisible del pregonero era su corneta o tambor. Tenía asignado unos lugares concretos desde los que "echaba" el pregón para que llegara el comunicado a todo el pueblo.
Los muchachos los seguíamos de calle en calle, más atentos al rito que al contenido del mensaje. La gente decía "ya viene el pregonero, ¿que nos dirá hoy?" Se hacía el silencio en cualquier esquina y se nos pedía pausa en el juego.
Algunas mujeres salían a la puerta con el delantal recogido y la escoba en la mano al oír el aviso. Hasta los perros detenían su camino con mirada de atención.
Muchos aún recordamos ese toquecillo “Tarariiii Tararáaaaa…” que seguía con “¡Por orden del señor alcalde, se hace saber… hay que vacunar los perros, pagar las canales y poner el bozal a las caballerías...!” Una gran solemnidad rodeaba al pregón, que otras veces era el anuncio de juntas, reuniones y cosas por el estilo, que tanto nos aburrían a los pequeños. Al acabar el pregón, siempre pasaba el habitual despistado que no se había enterado de nada y no faltaba el que contestaba y resolvía la pregunta.
Los hombres, generalmente en el campo en ese momento, recibían las noticias al llegar al anochecido a sus casas, pero era suficiente que se enterasen algunos vecinos en cada calle, porque el boca a boca había extendido la novedad por todo el pueblo, como fuego en rastrojo.
Este fue el medio de publicidad a lo largo de muchos años. Tiempos estos donde la voz de los pregoneros y los vendedores ambulantes, además de los sones de las campanas, eran los canales de que, a través del aire, interrumpían la rutina diaria.
El pregonero, en la pasada década de los setenta, fue despojado en Villarrubia de sus tradicionales atributos, pero continuará perdurando su nombre y su función divulgadora. Hoy no es cargo permanente, pero se oficia honrosamente de pregonero por petición de la Corporación o Comisión de Festejos para anunciar el comienzo de las fiestas patronales.
Así, como otras cosas, se nos fueron los pregoneros, Agustín, el último pregonero, que andará de vocero en los foros celestiales, por esos firmamentos invisibles y desconocidos de las alturas. Quizá no sea difícil encontrarlo al mirar hacia arriba, confundido entre las nubes, con su gorra y su tambor de cirros, pregonando cosas sencillas y verdaderas de las que, a buen seguro, ya será conocedor.
Libro de Fiestas Patronales 2026 Gonzalo Monzón Rodríguez
Marta Santín 06/agosto/2026 elconfidencialdigital.com
Villarrubia de Santiago, en Toledo, guarda un tesoro cargado de misterio. El baúl atribuido a Santa Teresa en la iglesia de San Bartolomé Una reliquia envuelta en tradición y misterio
Este baúl, hecho de madera reforzada con piezas metálicas, lleva inscripciones que lo relacionan directamente con Teresa de Cepeda y Ahumada, nombre secular de la santa. Aunque no hay documentos que confirmen su origen con total certeza, la leyenda popular lo ha convertido en el emblema del patrimonio local.
La historia cuenta que Santa Teresa lo dejó olvidado en Villarrubia de Santiago durante sus desplazamientos para fundar conventos, y desde entonces permanece en la iglesia de San Bartolomé.
Según el blog de historia de Villarrubia de Santiago, Santa Teresa de Jesús, en uno de sus muchos viajes yendo de Toledo a Pastrana (Guadalajara), a su paso por Villarrubia, su carruaje fue sorprendido por una fuerte lluvia, viéndose con la necesidad de descansar en casa de los condes de la Cadena, descargando parte del equipaje en espera de cruzar el Tajo y dejando finalmente olvidado uno de sus baúles.
El baúl del siglo XVI, en cuyas letras claveteadas puede leerse "Teresa de Cepeda", se muestra en una de las capillas de la propia Iglesia Parroquial.
Antonio Martín Asperilla, autor del libro “Guia Mágica. La Mesa de Ocaña” se hace eco de esta reliquia del patrimonio histórico de la provincia de Toledo y que cómo pasa con muchos otros objetos de gran interés, pasa desapercibido para el gran público.
Rostro de Santa Teresa.
Escultura y foto de Jennifer Mann.
Cómo y cuándo visitar esta pieza única
El baúl puede verse dentro de la iglesia durante los horarios de culto o en momentos organizados por el párroco. La entrada es gratuita, pero conviene confirmar antes la apertura del templo.
La iglesia destaca además por su arquitectura: construida en piedra con planta de cruz latina, cuenta con una torre de cinco cuerpos y un retablo mayor que mezcla estilos renacentista y barroco, haciendo del lugar un sitio imprescindible para cualquier visitante.
Imagen del baúl antes de su restauración.
Villarrubia de Santiago, un municipio con historia y leyendas Orígenes y legado de la Orden de Santiago
Fundada oficialmente en 1204, Villarrubia de Santiago conserva vestigios de civilizaciones íberas, romanas y árabes. Su relevancia creció en la Edad Media gracias a la influencia de la Orden de Santiago, que marcó el desarrollo del municipio. El nombre de la localidad podría derivar de "Villarroja", debido al color rojizo de sus tierras, una versión que aparece ya en documentos del siglo XVI.
Lugares de interés que enriquecen la visita
La Casa de Lara, construcción señorial situada en la Plaza de la Constitución, justo al lado del Ayuntamiento.
La Ermita de Nuestra Señora del Castellar, cerca del río Tajo y sobre el antiguo castillo del Tormón, donde la tradición sitúa la aparición de la patrona local.
La Cueva de la Yedra y el yacimiento arqueológico del Hoyo de la Serna, donde se descubrió una necrópolis carpetana que aporta un valor arqueológico singular.
Casa de Lara
Ermita de Nuestra Señora del Castellar
Cueva de la Yedra
Sala de las columnas
Santa Teresa y Villarrubia: historia, leyenda y patrimonio unidos El baúl como símbolo de identidad local
Más allá de su valor material, el baúl se ha convertido en un símbolo que une a la comunidad con la figura de Santa Teresa. La mezcla de tradición y curiosidad ha hecho que este objeto sea un atractivo para peregrinos, historiadores y turistas que buscan algo más que un simple relicario.
Patrimonio accesible y lleno de magia
Con poco más de 2.500 habitantes, Villarrubia de Santiago ofrece un patrimonio histórico y arqueológico que sorprende a quien se detiene a mirarlo de cerca. La iglesia de San Bartolomé, el baúl y los demás puntos de interés crean una experiencia única para cualquier viajero dispuesto a descubrir el encanto de Castilla-La Mancha.
La realidad es que este pequeño municipio conserva una joya histórica con un halo de misterio que invita a visitar, conocer y, sobre todo, a imaginar las historias que el tiempo ha dejado escondidas en sus rincones.
Los chozos manchegos eran construcciones tradicionales de pastores y agricultores. Servían como refugio temporal contra la lluvia, el viento y el calor extremo durante las duras jornadas de pastoreo y el cultivo de la vid.
Estas edificaciones son un referente de la arquitectura popular y se dividen en dos tipos principales según los materiales de la zona: de piedra seca (también llamados bombos o cucos) y de juncos y carrizo.
Fueron los arquitectos del campo. No tuvieron estudios, ni siquiera carreras técnicas ni universitarias, pero la sabiduría que heredaron de padres y abuelos les convirtieron en constructores inmortales ¿Os imagináis levantar refugios encajando piedra a piedra sin utilizar material de sellamiento? Pues así se edificaron los refugios de ocupación temporal que se construyeron a lo largo de los años en el campo.
Con la técnica de "piedra seca" (sin usar argamasa ni cemento), se levantaban aprovechando las piedras limpiadas de las tierras de cultivo y con forma cónica o semiesférica. La costumbre de la población rural de reutilizar sus materiales de desecho dieron lugar a estas singulares construcciones levantadas exclusivamente con bloques de piedra y lascas, inmovilizadas por medio de cuñas.
Pero lo más sorprendente de estos refugios son sus cerramientos, especialmente la cúpula. El modelo más frecuente de esta provincia es el denominado «falsa cúpula», entendiendo como tal el cerramiento de un espacio circular haciendo que el diámetro de las sucesivas hiladas sea cada vez menor, por lo que, gracias a su aproximación, se produce el cierre del conjunto.
La complejidad que entrañaba la construcción de las puertas de estos refugios, cuya abertura se orientaba al este para aprovechar el sol matutino y calentar el interior, se remataba con diferentes diseños: un dintel horizontal o un alzado. En ocasiones disponían de una pequeña abertura superior (tipo chimenea) para la salida de humos de la lumbre.
Los chozos los podemos encontrar principalmente en la llanura manchega y en la actualidad muchos de ellos se conservan como patrimonio etnográfico. Tenemos la oportunidad de ver excelentes ejemplos y rutas para visitarlos en zonas como Tomelloso, Socuéllamos o Puerto Lápice.
En Villarrubia de Santiago, no solo existía el chozo que aún se mantiene, a duras penas en pie, y que lo podemos encontrar en la entrada al municipio por la Calle Carretera de Ocaña, el chozo de Angel Saturio "Buenas". Junto a él se encontraba también el chozo ya desaparecido "del tio Chispurre". Tampoco podremos encontrar ya una tercera construcción que se encontraba ubicada cercana a estos, próximo al actual Paseo de las Acacias y ni una cuarta que estaba localizada en las inmediaciones de la Calle del Cristo con Eras del Cristo.
En primer plano El Chozo del "Tío Chispurre",
tras el se puede ver El Chozo de Angel Saturio "Buenas"
Fotografía año 1950
Una vez que los Chozos perdieron su función, este patrimonio arquitectónico se encuentra en una preocupante situación de abandono, perdiéndose en la provincia el 30% de estas construcciones en los últimos 20 años.
Esta arquitectura popular lleva años reivindicando la necesidad de declarar algún tipo de protección para garantizar su conservación y ponerlos en valor mediante la creación de itinerarios turísticos por comarcas. Aprovechando este artículo, tengo la oportunidad de reclamar la protección de este claro exponente de historia y cultura de nuestro pueblo.
Procediendo con su recuperación y puesta en valor, se podría conseguir, a un mismo tiempo, hacer más atractiva una de las entradas al municipio y además supondría un componente más para ese intento de atraer visitantes a nuestro pueblo para apreciar un vestigio de la arquitectura tradicional de Villarrubia de Santiago, de Toledo y La Mancha.
Música: "Como vives en alto" (Canción tradicional toledana)
Mi agradecimiento a Iván Carretero por su interés y aportación.
"Croquis Geológico de la Provincia de Toledo, según varios de los datos de D.Casiano de Prado y obras del Colector de esta comisión. Don Aniceto de la Peña, 1871-72"
En la Biblioteca Nacional de España, está localizado el documento que lleva por título "Estado Militar de España", el cual contiene una serie de datos concretos como los nombres de toda la estructura, en ese año de 1769, del Consejo Supremo de Guerra, Secretaría del Consejo de Guerra, Estado Mayor del Ejército, Información de los Regimientos....
En lo que nos atañe a nuestra comarca, por ejemplo, también podemos encontrar que le Teniente Coronel Don Policarpo Martínez de Ariza, era en aquel año el Sargento Mayor del Estado Mayor de la Plaza de Ocaña.
Pero en lo que atañe a nuestra Villa, en el apartado de las Encomiendas de las cuatro Órdenes Militares, concretamente en la Orden de Santiago, encontramos Villarrubia de Ocaña y Villoria, con un valor líquido en reales de vellón de 10.687 y 12.097 respectivamente.
Música: Mozart - Cassation No. 1, K. 63 (año 1769)
Don Quintín Escobar nace en Villarrubia de Santiago, en el año 1857.
Sus padres Lucas Escobar y Felisa Rodríguez-Garrobo, tuvieron cuatro hijos más: Juliana, Florentino, Manuel y Sagrario.
Quintín vivió en la actual calle Rafael Alberti, en aquellos tiempos denominada calle Ercilla.
Se casó con Luisa Rodríguez Fernández Avilés, pero Luisa falleció sin que tuvieran descendencia. En su posterior relación, con doña María García, quien llegó como ama de llaves de la casa, tuvieron un hijo, Crescencio, que nació en Madrid en el año 1906, pero no siendo reconocido por Quintín hasta los últimos años de su vida.
Siendo arrendatario de los Duques de Sevillano en la hacienda que esta familia tenía en Villarrubia de Santiago, la duquesa Diega Desmaissieres y Sevillano cayó en una gran depresión al ser expropiada su casa-palacio en Madrid y se marchó a Francia deshaciéndose de toda la hacienda que poseía en Villarrubia, Biedma, Viloria, con muchas fincas de sembradura, de secano y regadío, viñas y olivares, siendo la mayor hacienda de nuestro pueblo. Don Quintín aprovechó la circunstancia. La duquesa mantenía con Quintín una importante deuda, y contando con amistad y apoyo del Conde de Romanones, inscribió a su nombre toda la hacienda, convirtiéndose desde entonces en gran terrateniente.
En la finca de Biedma, las cual se divisa desde el mirador de El Castellar y se extiende hasta la comunidad de Madrid, tenía casa y viviendas con todo lo necesario para la explotación de su hacienda. Igualmente, junto al puente del río Tajo tenía casa y dependencias para criados y guarda, a la que se denominaba "La Casa de don Quintín", llegando a dar empleo, entre las distintas fincas, a más de 70 personas en labores de la casa y del campo. Era dueño de las tierras de: La Almanta, El Sotillo, Motila, El Palanque, Villandín, San Bartolo...Y en Madrid, adquirió casa en la actual calle Conde de Romanones, números 14 y 16.
Puente de Villarrubia y al fondo la Villa de Don Quintín
(1930)
Antología de las primeras Cortes de Alfonso XIII
(1903 a 1907)
Quintín Escobar llegó a ser, en cuatro ocasiones, diputado provincial de Toledo, vicepresidente de la diputación de Toledo y diputado a Cortes por el partido de Ocaña.
Credencial Diputado a las Cortes
(25/mayo/1903)
Archivo Histórico del Congreso de los Diputados
En el año 2028 se cumplirán 125 años del cierre de su primera legislatura como diputado en Toledo (1903)
Elecciones: 43. Elecciones 30.4.1903
Legislatura: 1903-1904
Circunscripción: Toledo
Distrito: Ocaña
Electores: 10422
Votantes: 7990
Votos obtenidos: 4929
Nº. credencial: 5
Fecha de alta: 30/04/1903
Fecha de baja: 17/08/1905
Fecha de jura/promesa: 18/06/1903
Diario "Heraldo Toledano"
(22/enero/1909)
Diario "La Correspondencia"
(05/marzo/1910)
Artículo: "Las Futuras Cortes"
Fue posteriormente también diputado en las elecciones de Toledo en los años 1907, 1914 y 1920
Elecciones: 45. Elecciones 21.4.1907
Legislatura: 1907-1908
Circunscripción: Toledo
Distrito: Ocaña
Electores: 10676
Votantes: 8002
Votos obtenidos: 7938
Nº. credencial: 2
Fecha de alta: 25/04/1907
Fecha de baja: 14/04/1910
Fecha de jura/promesa: 06/06/1907
Profesión: Propietario - Industrial
Credencial Diputado a las Cortes
(12/marzo/1914)
Archivo Histórico del Congreso de los Diputados
Elecciones: 47. Elecciones 8.3.1914
Legislatura: 1914-1915
Circunscripción: Toledo
Distrito: Ocaña
Electores: 10960
Votantes: 9144
Votos obtenidos: 4561
Nº. credencial: 114
Fecha de alta: 13/03/1914
Fecha de baja: 15/04/1914
sustituido por: WEYLER SANTACANA, FERNANDO
Fracción política: Conservador
Profesión: Propietario
Observaciones: Fecha alta del sello de registro de entrada. El 15 de abril de 1914 se aprueba el informe del Tribunal Supremo proponiendo nulidad de elección y necesidad de nueva convocatoria.
Credencial Diputado a las Cortes
(12/diciembre/1920)
Archivo Histórico del Congreso de los Diputados
Elecciones: 51. Elecciones 19.12.1920
Legislatura: 1921-1922
Circunscripción: Toledo
Distrito: Ocaña
Nº. credencial: 1
Fecha de alta: 12/12/1920
Fecha de baja: 06/04/1923
Fecha de jura/promesa: 22/02/1921
Fracción política: Conservador
Profesión: Propietario
Observaciones: Proclamado Diputado electo por la Junta Provincial conforme al artículo 29 de la Ley Electoral (proclamación sin elección). Fecha de alta la del sello de registro de entrada.
Don Quintín Escobar Rodriguez-Garrobo murió en Villarrubia el día 6 de noviembre de 1930 a los 73 años, siendo concedidas indulgencias por el Obispo de Madrid-Alcalá. El funeral se celebró a las 10 de la mañana del día 7, en la Iglesia Parroquial de Villarrubia de Santiago y sus restos se encuentran en el cementerio municipal.
Tras el fallecimiento, Quintín deja a sus sobrinos parte de la finca y a su hijo Crescencio Escobar García, con 24 años, todo el resto de la hacienda.
Crescencio continuó viviendo con su mujer Juana, su hija Marisa y sus otros dos hijos, en la casa de la calle Ercilla. Sin experiencia alguna en la gestión agrícola, generoso y a la vez desdichado, termina vendiendo gran parte de las propiedades, existiendo distintas voces respecto a la razón, unas que por necesidades económicas y otras que tras recibir serias amenazas y malvender bajo extorsión, lo cierto es que tierras, fincas y casas, pasaron a manos de muchos villarrubieros, incluyendo a familiares.
En ese momento Carlos Barrasa Gutiérrez, prestigioso notario durante muchos años en Villarrubia de Santiago, tal filántropo, ejerció una destacable gran labor social, formando dos grupos de colonización, distribuyendo en lotes de fanegas, aprovechando el riego y con ello ayudando a muchas familias de Villarrubia en esos duros años de la postguerra y logrando salvar San Bartolo y la Almanta.
Manuscrito de Quintín Escobar
Autorización de presentación de credencial del acta de diputado
Utriusque Castiliae nova descriptio - (Nueva descripción de ambas Castillas) es un mapa histórico detallado publicado en Ámsterdam por la prestigiosa casa Blaeu (Guiljelmum et Iohannem) en el Theatrum orbis terrarum sive Atlas Novus alrededor de 1635, durante el reinado de Felipe IV.
Esta obra cartográfica del siglo XVII muestra Castilla la Nueva, Castilla la Vieja y regiones limítrofes (Extremadura, Aragón, Navarra) con la red principal de ríos y ciudades, relieve de montaña perfilado y toponimia en latín y castellano.
Como detalles decorativos, incluye escudos reales y de las dos Castillas en la parte superior, cartelas en cornucopia.
Cuando pensamos en pueblos históricos de Castilla-La Mancha, se nos vienen a la cabeza nombres como Atienza, con su impresionante alcazaba, o Almagro, con su famoso corral de comedias. Sin embargo, ninguno de ellos tiene el privilegio de ser el más antiguo de esta región.
El pueblo más antiguo de Castilla-La Mancha no es demasiado conocido, pero cuenta con una larga historia. Nos referimos a Villarrubia de Santiago. Situado en el noreste de la provincia de Toledo, alberga los restos arqueológicos más antiguos encontrados en la región y puede presumir de haber sido habitado por pueblos íberos, romanos, visigodos y árabes.
No obstante, su fundación como tal tuvo lugar en el año 1204 por el maestre Fernán González de Marañón. Está muy ligado a la Orden de Santiago, de la que toma su nombre. "La influencia de la Orden de Santiago fue determinante en su desarrollo histórico, convirtiendo la villa en un enclave relevante dentro de la organización territorial y religiosa de la zona", apuntan desde el portal de turismo de Castilla-La Mancha.
Pasear por las tranquilas calles de la localidad, de unos 2.500 habitantes y a una hora de Toledo, permite descubrir su pasado glorioso. Se mantiene vivo entre iglesias, casonas nobles y tradiciones que siguen formando parte del día a día.
Uno de sus principales monumentos es la iglesia parroquial de San Bartolomé, construida entre los siglos XV y XVI y que cuenta con un imponente artesonado mudéjar y un retablo mayor de estilo barroco. En el casco urbano encontrarás igualmente varias casonas señoriales, como la Casa de los Lara.