Tercios; Juan Arias y Bernardo Arias.



El capitán Juan Arias y su sobrino Bernardo Arias, soldado y monje, ambos nacidos en Villarrubia de Santiago, fueros dos de las máximas representaciones militares de nuestro pueblo, ambos formando parte de los Tercios.


Los Tercios fueron un conjunto de unidades militares españolas que desempeñaron un papel importante en la Europa del siglo XVI y XVII. Estas unidades se caracterizaron por su disciplina, su entrenamiento y su valentía en el campo de batalla.

Su formación se remonta al reinado del emperador Carlos V, quien buscaba una fuerza militar capaz de mantener el control de sus posesiones en los Países Bajos. Los Tercios se convirtieron en una parte fundamental del ejército español y se destacaron por su organización y eficacia. Estas unidades estaban formadas por soldados de infantería, que se agrupaban en tercios, cada uno con una fuerza de entre 1.500 y 3.000 hombres.

Se distinguieron por su uniforme, que consistía en una armadura completa, un casco con una cresta alta y una capa. Este uniforme no solo les proporcionaba protección en la batalla, sino que también los hacía fácilmente reconocibles.

El éxito de los Tercios se debió en gran parte a la disciplina y el coraje de sus soldados. Estos soldados eran leales a su rey y estaban dispuestos a dar su vida por la causa. Además, la mayoría de los Tercios eran voluntarios, lo que significa que estaban motivados por su propia fe y su propio patriotismo.

La disciplina y la organización de los Tercios influyeron en el desarrollo del ejército moderno, y su uniforme se convirtió en un símbolo de la bravura y la lealtad.


"El capitán Juan Arias, Castellano de Otranto, natural de Villarrubia de Ocaña, hechura de Alexandro, soldado muy particular y de gran opinión, y que en las guerras de Flandes peleó y trabajó, haciendo su deber tan gallardamente como de un soldado tan bizarro y particular se podía esperar."
Colección de documentos inéditos para la historia de España, Volumen 74

"Bernardo Arias, nacido en Villarrubia, fue hijo de Juan Arias Pérez y doña Leonor Dorantes, hijos a su vez de Alonso de Portillo Arias y María de Salinas, sus abuelos pa­ternos, y de Juan de Salinas Arias y Ana Dorantes, sus abuelos mater­nos, gente noble y principal, caba­lleros hijosdalgo notorios ejecutoriados por tales y por la notoriedad que de su nobleza e hidalguía tienen y tuvieron cada uno en su tiempo y como tales habérseles guardado las exenciones, franquezas y libertades de que gozan los hombres nobles hijosdalgos de estos reinos sin que haya habido cosa alguna en contra­rio y además de esto son y fueron cristianos viejos limpios de toda raza y mácula de moros ni judíos ni de los nuevamente convertidos a nuestra santa fe católica"
13 de enero de 1616
Alcaldes: Carlos de Contreras y Juan Mudarra Perdido.
Escribano: Juan Gar­cía.
Testigos: Pedro Mudarra, Juan de Benavente, Pedro de Castellar y Alonso de Orozco.



En el archivo general de Indias, Charcas, 90, n° 14, hay una decla­ración del propio Bernabé (Bernardo) dirigida al rey, donde se recoge su larga trayectoria como soldado:

"Muy poderoso Señor: el maese de Campo Bernardo Arias, vecino de la villa imperial de Potosí, como más haya lugar de derecho: digo que después de haber servido a su Majestad en el Reino de Nápoles donde pasé con el capitán Juan Arias, mi tío, castellano del cabo de Otranto y en la compañía del capi­tán D. Pedro de Vivero y Tasis y en la del capitán Garcí Sánchez Nieto con quien me embarqué en una de siete galeras que llevó D. García de Toledo a las costas de Sicilia en busca del morato Arráez (1) y habien­do la galera San Antonio de Lemos, que fue la de mi compañía, embesti­da con una de las del dicho moro la rindió, donde peleé como valiente soldado, saliendo herido de un arcabuzazo en la pierna izquierda; y de­seoso de continuar en el servicio de su Majestad, habiéndose quedado la dicha mi compañía en el Reino de Nápoles, fui a servir en la jorna­da que hizo el príncipe Juan Andrea de Oria, cuando fue sobre Argel, en la compañía del capitán Cristóbal Montero, donde fui señalado por uno de los soldados que habían de saltar en tierra de los primeros; y asimismo serví en la segunda jor­nada que D. Juan de Cardona tuvo apercibida para el dicho Argel. 

Y después dándome licencia su Ma­jestad para pasar a estos Reinos, lla­mado de algunos deudos míos, vine al nuevo Reino de Granada donde continué los dichos servicios, par­ticularmente haciendo oficio de ca­pitán de infantería española en que fui nombrado por D. Juan de Borja, vuestro presidente gobernador y capitán general de aquel Reino, por la satisfacción que tuvo de mi persona y méritos, y haber servido con gran puntualidad en una en­trada que hice a la provincia de los indios pijaos por la parte de las car­nicerías donde vendían carne hu­mana, despoblándolas, y sacando y matando cincuenta y una piezas de los dichos indios, encargándome, como a tal capitán, la pacificación y conquista de los dichos indios pi­jaos, en lo cual serví con toda satis­facción; y asimismo hice oficio de capitán y sargento mayor y teniente que por título y nombramiento del Gobernador y Capitán General Isi­dro Coronado, mi tío, en la dicha conquista y pacificación de los di­chos indios pijaos y castigos de los robos, muertes y quemas de lugares que hacían; 

y asimismo serví a su Majestad en las provincias de Popayán, usando y ejerciendo oficio de maese de Campo General por título y nombramiento de D. Francisco Sarmiento, gobernador y capitán de aquella provincia, el cual aper­cibió ser la importancia de mi per­sona, antes de esto me nombró por capitán y cabo de los soldados que conduje y levanté para la guarda y defensa de la ciudad de Buga para defenderla del enemigo que venía sobre ella, y por el dicho goberna­dor Isidro Coronado en la provincia de Timana se me encargó como a capitán que con número de solda­dos corriese la tierra y contorno de los indios pijaos y procediese a su castigo y reducción; 

en todo lo cual serví a su Majestad con toda satis­facción y crédito ganado muy bue­nos sucesos a mi costa y mención, sin llevar sueldo ninguno ni otros gajes de su Majestad en ninguna ocasión, en que gasté nueva suma de hacienda, socorriendo y sus­tentando muchos soldados, según que todo ello consta por los títulos, nombramientos, certificaciones y testimonios y cédula de su Majestad que presento originalmente. Demás de lo cual, habiendo venido a esta provincia de las Charcas vuestro presidente y oidores, conociendo mi persona y partes, me mandaron el cuidado de hacer cantidad de sa­litre y plomo en la provincia de los Chichas y otras partes, para socorrer las fronteras y la ciudad de los Re­yes en ocasión que entró por la mar del Sur el enemigo holandés, y para otras acciones de guerra importan­tes a vuestro Real servicio; encar­gándome esta real Audiencia otras comisiones de justicia para las pro­vincias del Tucumán y otras partes en que serví con todo cuidado como consta y es notorio; 

y por su cédula que asimismo presento en el ínterin, su Majestad se sirve de recomendar mi persona y ordena a esta Real au­diencia me haga merced y ocupe en cosas de importancia. Y asimismo he servido en la provincia de los Chichas siendo teniente y Justicia mayor, muchas veces, con aproba­ción de esta Real audiencia como consta de los nombramientos de los corregidores que han sido de la dicha provincia, que asimismo pre­sento; y de todos los dichos oficios he dado buena cuenta como consta de la residencia que se me ha toma­do. 

Y de ninguno de los dichos ser­vicios hasta hoy no he sido remu­nerado ni por la dicha Real cédula y recomendación de su Majestad no se me ha hecho merced, por lo cual pretendo acudir a que su Majestad me haga merced, pues demás de lo mucho que le he servido de treinta y cinco años a esta parte, soy hombre noble hijodalgo, como consta de la información que asimismo presen­to, comprobada con el juramento necesario y concurrir en mí las par­tes y calidades necesarias para que su Majestad me haga merced de cuatro mil pesos ensayados de ren­ta en indios vacos; y en el ínterin que se me hace esta merced se me dé uno de los gobiernos o corregi­mientos que su Majestad provee en es estos reinos."

(1) Morato Arráez en las fuentes españolas contemporáneas, fue un corsario otomano cuya acción más famosa fue la invasión de la isla de Lanzarote. Arráez, en árabe marroquí, significa patrón o capitán de barco.


Posteriormente en un protocolo ex­traído en el Archivo Histórico Provincial de Toledo se hace presente la siguiente:

Donación: 
"En la villa de Villarrubia a veintisiete días del mes de abril de mil seiscientos y sesenta y tres años, ante mí el escribano público y testigos, pareció de una parte sus mercedes D. Alonso Romero y Ga­briel Mudarra del Rincón, alcaldes ordinarios, D. Francisco Quiñones Benavente y Gabriel Pérez Bernardino, regidores de esta villa, y el Maestro Cristóbal Sánchez, pres­bítero mayordomo de Nuestra Se­ñora del Castellar, patrona de esta villa; y de la otra D. Gabriel Arias Pérez, vecino de ella, y dijeron ser convenidos y concertados en esta forma: 

en que por cuanto el maese de Campo D. Bernardo Arias Caste­llar, natural de esta villa y residente en la imperial del Potosí, remitió a dicha Santa Imagen una lámpara de plata para su capilla y juntamente con ella doscientos pesos de a ocho reales de plata para dotar la dicha lámpara de aceite, y asimismo otra cantidad que se presume fueron para hacer ciertas diligencias en la villa de Madrid en orden a una pretensión de un hijo suyo que re­side en Indias en la ciudad de la Plata, y habiéndose entregado dicha lámpara y colocado en la capilla, e impuesto a censo los dichos dos­cientos pesos para la dotación de aceite; el doctor Pedro Peroches, presbítero de la villa de Arganda, que fue quien trajo la dicha lámpara y dinero por cláusula del testamento conque murió, dejó declarado que quitado el coste de la conducción y limpiar la dicha lámpara y lo demás que se puso a censo y otros gastos quedaron doscientos y treinta y un pesos de a ocho reales de plata los cuales ordenó se entregasen a quien lo hubiere de haber trayendo razón bastante. 

Y es así que el dicho D. Gabriel Arias ha tenido pretensión para que se le entreguen dichos dos­cientos treinta y un pesos para ir a la villa de Madrid a agenciar y soli­citar la pretensión de que da cuenta por su Carta e instrucción el dicho maese de Campo para lo que tiene presentada cierta información de parentesco que tiene con el dicho maese de campo Don Bernardo Arias y un traslado de la cláusula del testamento del dicho doctor Peroches, y otras peticiones y papeles, y por excusar pleito por ahora se de­sisten, y a los herederos de la dicha pretensión con calidad que sean de guardar las conclusiones siguientes: Con los dichos doscientos treinta y un pesos de plata se han de imponer a censo por forma y riesgo de este dicho ayuntamiento, y lo que ren­taran ha de ir para la fábrica de la ermita de dicha Santa Imagen, y de ello se han de sacar los maravedís necesarios para sacar unos papeles que envió dicho maese de Campo que están en la villa de Barajas, que la cantidad que se ha de sacar ha de ser hasta doscientos cincuenta rea­les y no más."






Fuente principal: "Colección de documentos inéditos para la historia de España - Guerra de Flandes

Música: Himno de Los Tercios Viejos Españoles, Flandes

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