Santuario del Castellar o Castillo de Tormón

 

 A cinco kilómetros de Villarrubia de Santiago, en un cortado sobre el río Tajo, y en el límite norte de la comarca de La Mesa de Ocaña, se encuentra la Ermita o Santuario de la Virgen del Castellar.

El propio topónimo Castellar nos pone sobre la pista de que este enclave ya pudo ser habitado en tiempos mucho más antiguos que en los que se dice se construyó la actual ermita -siglo XIX-; parte del propio material constructivo, que parece reutilizado, la propia Virgen del Castellar, de aspecto tardorrománico y la existencia de un yacimiento arqueológico de la Edad del Hierro que fue destrozado durante la construcción del hotel existente junto al santuario, nos indican que aquel lugar, hoy en día bastante solitario, fue bastante frecuentado desde tiempos bien lejanos. No obstante, bajo el actual altar de la ermita se dice existe una cueva que, a buen seguro, pudo ser un lugar de culto a antiguas divinidades en conexión con los antiguos cultos de la Madre Tierra y también eremitorio medieval, así, en estos parajes se encuentran de los pocos eremitorios conocidos en la comarca, además de la existencia de aguas medicinales que, en su momento, fueron recomendadas por el propio Ramón y Cajal; un elemento -aguas curativas- que, en muchas ocasiones, era motivo de sacralización. A todo esto hay que sumarle la propia simbología que reúne la Virgen del Castellar.

El Castellar visto desde el valle del río Tajo

Antonio Martín Asperilla en la presentación de su Guía Mágica La Mesa de Ocaña en Villarrubia de Santiago, 7 de junio de 2014, comentaba lo siguiente:

"Se piensa que debajo del Santuario de El Castellar pudo haber un templo dedicado a una diosa antigua. La Virgen, la Madre de Dios, la Virgen cristiana, es claramente una identificación de la Gran Madre, que era desde tiempos prehistóricos una forma de llamar a la Tierra. La simbología que encierra la Virgen del Castellar enraiza mucho con las imágenes que tenemos de las antiguas diosas de épocas ancestrales. La imagen de las antiguas vírgenes sentadas, viene de las representaciones de Isis y Horus, y la Virgen del Castellar, también es una virgen sedente. En la Edad Media hubo una vuelta, otra vez muy importante, al culto a la Gran Madre, a la Madre Tierra. Como no se podía hablar, abiertamente, de este culto, lo que hicieron fue extrapolar a la Gran Madre con la Virgen María y la dieron sus mismos atributos. Perséfone, como la Virgen del Castellar, también lleva una granada en la mano, como símbolo de poder. Perséfone era la reina del inframundo, la esposa de Hades, pero también era la diosa de la agricultura y sus cultos comenzaban y terminaban, como la Virgen del Castellar, al principio de la primavera y el final del verano."


Tormo es lo mismo que "peñasco suelto, terrón", en este caso significa " peñón o peñascón". El canónigo Sebastián de Cobarrubias, que describe en el siglo XVI, dice que tormo "es peñasco eminente desatado de otros, pero de piedra viva....". Es un peñasco dominante, al lado sur del Tajo. Es probable que se trate de un vocablo ibérico o céltico, puesto que su estructura, según Corominas, sugiere un origen indoeuropeo.

El castillo de Tormón, bien pudo formar parte de una serie de fortalezas situadas al sur del río Tajo, de esta línea defensiva, musulmana primero y después cristiana, fueron piezas notables Oreja, Torrique, Alboer y Alharilla, ocupada por los castellanos reconquistadores.

Alfonso VII hace de Oreja el centro defensivo de la referida línea. Oreja, como ya dijimos, fue la antigua Aurelia romana, fundada posiblemente por el emperador de estirpe hispánica Marco Aurelio (161-80). Fortaleza mora, es tomada por vez primera por los castellanos del conde Alfonso Fernández el Calvo, en el año 1139.

Ya en época más reciente, pero siempre en Alta Edad Media, sobre el abandonado castillo de Tormón, se levanta un nuevo nivel de población, llamado El Castellar, nombre que recuerda la existencia del viejo castillo, en donde acabaría construyéndose la ermita de ese nombre, con una imagen que, pasando el tiempo, sería la patrona de Villarrubia.

Imagen de 1940

ERMITA EL CASTELLAR - Estilo: Popular | Época: XIX - Origen precristiano
Una nave dividida en tres tramos y cubierta por bóveda de cañón con lunetos. La capilla Mayor cubierta por cúpula de media naranja sobre pechinas, se pasa a ella a través de un gran arco triunfal doble de medio punto.

Los almorávides construyeron y reedificaron algunos castillos fortificados al borde de los escarpes yesíferos que dominan la vega del Tajo, como son los castillos de Oreja y de Castellar (ambos en el término de Villarrubia de Santiago), Albuher (en Villamanrique de Tajo) y La Alharilla (en Fuentidueña de Tajo). Actualmente, Castellar y Alharilla se conservan como ermitas.

Tras la derrota de Uclés y hasta 1139, cuando Alfonso VII conquista el castillo de Oreja, toda la margen izquierda del Tajo quedó bajo dominio musulmán. Este tramo de la frontera fue muy disputado, hasta que bajo el reinado de Alfonso VIII, con la conquista del castillo de La Alharilla por parte de la orden militar de Santiago y la posterior conquista de Cuenca en 1177, se asegura el dominio cristiano en la zona. Con este hecho el problema que surge es la repoblación de las zonas deshabitadas para poder mantener el dominio de las tierras, lo cual ya es base de comentario en otros artículos del blog.

Vista del Castellar en el año 1960.

En el año 1974 se finaliza la última restauración del Santuario:

"En las fachadas Norte y Sur del edificio, figuraba una serie de habitaciones y corredores, que en su día tuvieron su cometido para albergar a los trabajadores del campo que faenaban por aquella zona alejada del pueblo, pero que en la actualidad no eran necesarias. Esto restaba esbeltez al Santuario, a la par que estaba dañando la estructura del edificio. La bóveda de la nave central, presentaba una preocupante grieta en la clave, debida al fallo de la cubierta que era arrastrada por la acción de las citadas habitaciones.
Por encima de todo se trataría de resaltar la índole religiosa del edificio, de manera que conservara el tradicional aspecto de siempre, de nuestro Castellar.
Las obras consistirían fundamentalmente en demoler las dependencias y corredores de las fachadas laterales para aliviar las cargas sobre la bóveda y porches exteriores. Con ello quedarían al descubierto de los imponentes muros de la nave central y el ábside, así como los contrafuertes de la bóveda central y los porches exteriores de ambas fachadas Norte y Sur.
Para aumentar la iluminación diurna del interior se abrirían seis rosetones laterales en la zona superior de los muros principales y un gran ventanal transparente en el coro.
El coste estimado de las obras era importante y las posibilidades de la Hermandad limitadas, pero era necesario arrancar sin demora, de modo que su presupuesto inicial se fijó en un millón de pesetas."

José Navacerrada de Loma - 40 aniversario de la rehabilitación

Resultado de Inversiones y Financiación - Septiembre de 1976

Detalle imagen exterior 1977

Imagen de retablo 1982

"Me he desviado de la ruta para acercarme al Santuario de la Virgen del Castellar. Unos pocos kilómetros de revueltas y una construcción limpia, encalada, casi andaluza. La Virgen está primorosamente vestida y alhajada. Es menudita y morena. La cara bonita le resplandece junto a los pliegues del rostrillo. Me dice la guardiana que esa cara es lo único que queda de la imagen, quemada durante nuestra guerra. Como tantas otras Vírgenes españolas, fue encontrada por un pastor en el escondrijo en que la guardaron manos piadosas para liberarla de profanaciones cuando la invasión de los árabes. Pero yo no se si la cara de esta Virgen es demasiado perfecta para ser tan antigua. Las imágenes primitivas no suelen tener este óvalo tan dulce, esta armoniosa distribución de rasgos. Salgo de la Ermita con dudas históricas, pero con un piropo en el corazón para esta Virgen pequeña y bonita. Los sevillanos tenemos muy arraigada esta manera de entender la devoción."
Cayetano Luca de Tena - Texto publicado en ABC el 1 de Julio de 1986.



Vistas desde el mirador de la Ermita



Fuentes:
Anales Toledanos - Diputación Provincial de Toledo - Biblioteca Virtual de Castilla la Mancha
realacademiatoledo.es
Colectivo Calamita - El río Tajo a su paso por Madrid.
Historia del Santuario y célebre imagen de Ntra.Sra. de Texeda - Univerdidad de Alcalá 1779
Libros de Fiestras Patronales
iberiamagica.blogspot

Trofeo de fútbol "Virgen del Castellar"


A continuación se incluye la Pequeña historia de cómo nació el trofeo de fútbol "Virgen del Castellar", contada por Gregorio Montesinos Díaz y contenida en el libro de fiestas patronales de 1995 y reimpresa en el del año 2014.


"En el mes de agosto del año 1963 y una tarde entrenando al equipo en el campo que teníamos donde hoy está el parque, un joven sacerdote que por entonces se encontraba en el pueblo como coadjutor con don Celedonio, llamado don José Jiménez Oliva y el que esta pequeña historia escribe, acordamos fundar el trofeo de fútbol «Virgen del Castellar».

Pusimos manos a la obra rodeándonos de un grupo de buenos colaboradores y con su ayuda sacamos adelante este magnífico proyecto.

Acordamos que, el día 5 de septiembre, todos los años se jugaría un trofeo que llevaría el nombre de Ntra. Excelsa Patrona. Para iniciar el primero nos marchamos una tarde a Aranjuez poniéndonos al habla con el Colegio Loyola, justamente con el padre Fuentes que nos recibió con mucho cariño y ellos fueron los primeros en inaugurar este Trofeo.


El viaje a Aranjuez lo hicimos en un camión cargado de cubas, el citado don José, Manuel Nieto y un servidor que era el que tenía la misión de entrenar al equipo. A éste le bautizamos con el nombre de Club «Estrella del Castellar». Recuerdo que los primeros que compusieron aquel equipo fueron Antonio «el chato», Quintín, Berna, Villanueva, Granados y Félix que era el capitán, Loren, Crespo, Alfonso, Fifla y Chiripa, de suplentes Angel «pelos», Valerianos, Segovia y Antonio «el castañero».


Durante mis años de entrenador se ganaron doce trofeos y fueron muchos los jugadores que participaron en su conquista. Hago una relación de todos los que recuerdo pidiendo me perdonen si alguno se queda sin mencionar, teniendo para ellos el mismo cariño que a los que menciono: Reíllo, Faustino Pino, Bienvenido Guzmán, Astorga, Foncho Lara, Angel Serrano, Rafa «el canario», Nino Cobacho, Angel «matamoros», Gollito, Poli, Juanjo, Pepe García-Gango, Pepillo, Vicente, De la Torre, Raúl, Francisco Clara, Julio Jesús, Cuesta, Nino «el moreno», Paco Escribano, Tino Clara, José Mañas, Miguel Crespo, Juan Pedro, Camilo Pérez, Antonio Joya, y los que vinieron de Ocaña, como Santia, Manzano, Puskas y Luci, de Noblejas también vino Pedro y alguno más.


También recordamos a los buenos colaboradores que tuve, como Poli Baeza, Antonio Campos, Enrique Castellanos, Felipe Martínez, Teodoro Escobar, Jesús Saturio, Nicasio Campos, Lalo y el ya mencionado anteriormente, Manuel Nieto. Como la de Benito Mudarra que fue el encargado del vestuario.


Estoy seguro que los que no conocieron esta etapa de la vida, quizá les diga muy poco esta pequeña historia del Trofeo «Virgen del Castellar», pero sí puedo asegurarles que los que participaron en todos estos partidos lo hicieron con la ilusión de dar tardes de gloria y alegría a nuestras fiestas y honraron con sus triunfos a Nuestra Querida Patrona, que fue la que les dio fuerza suficiente para conquistarlos.


Voy a recordaros uno de los versos que dedicamos a Nuestra Virgen cuando hacíamos la ofrenda de la copa ganada:

«Tú que calmas a las tempestades y eres Faro de la mar bravía Eres la Paloma mensajera que proteges toda nuestra vida. Os adoramos porque en Vos creemos por ser refugio de todo peregrino y para nuestra alma Sois consuelo que nos hace de vivir tranquilos.»"

Gregorio Montesinos Díaz







Video: Eurocopa 1964-El Gol de Marcelino (21-6-1964) (Reconstrucción de la retransmisión de TVE).



Inocencio Redondo Ibáñez



Villarrubia de Santiago. 28 de diciembre de 1838 - 20 de noviembre de 1916, Madrid.

A las siete y cuarto de la tarde del día de los Santos Inocentes, 28 de diciembre, en Villarrubia de Santiago, nació un niño al que se puso por nombre Inocencio.
Sus padres, Ignacio Redondo, también nacido en Villarrubia y Manuela Ibáñez de Noblejas, estaban muy lejos de sospechar que su hijo llegaría a ser Académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, dibujante, escultor, restaurador y arqueólogo.

En su expediente del Archivo de la Academia de San Fernando, consta que de los años 1857 al 1862 fue alumno de la Escuela Superior de Pintura, escultura y Grabado. Allí cursó las asignaturas de Anatomía y Perspectiva, Modelado y Composición, Dibujo por antiguo y Modelado, Modelado por el natural y Composición y Dibujo por el natural. En todas ellas, obtuvo la calificación de sobresaliente. En Modelado del natural y Composición y en Dibujo, sobresaliente con Documento de Honor y con Premio, respectivamente.


Durante esos cinco años, Inocencio fue discípulo del escultor Josep Piquer i Duart (Valencia 1806-Madrid 1871), el cual había iniciado su formación en el taller de su padre, el también escultor José Piquer, entonces director de la Academia de San Carlos de Valencia. Josep Piquer, tío y también profesor de Joaquín Sorolla, aparece por Madrid en 1830. En 1836 fue enviado por la Corte a México, Estados Unidos y París como experto en neoclasicismo, tendencia desde la que Piquer evolucionó hasta el romanticismo de 1845. Regresó a Madrid en 1841, y es nombrado «escultor de Cámara» de la reina Isabel II, de la cual realiza la famosa escultura en mármol que preside el vestíbulo de la entrada al Congreso, y director de Escultura de la Real Academia de San Fernando.

Bajo las enseñanzas de Piquer, Inocencio Redondo realiza una escultura del filósofo y teólogo Jaime Balmes (Vic, 1810-Barcelona, 1848), que presentó en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1862.
Según refleja el catálogo que recoge el evento (Archivo Biblioteca Real Academia Bellas Artes San Fernando), la escultura de Balmes figuraba en la sala XIII, pero no se ha conseguido localizar el paradero actual de tal escultura.

Los años de permanencia en León (1863-1897) conformaron una intensa etapa en la vida de Inocencio Redondo. Llega a León desde Madrid con 25 años, y allí conoce a la leonesa Gervasia Tejerina Blanco (León 1846 - 1894), hija de Romualdo Tejerina y de Celestina Blanco. Se casan el 30 de noviembre de 1865, en la iglesia de San Juan de Renueva y tienen seis hijos: Celestina, Gervasio (pintor como su padre), Francisco, Pilar, María y Dolores.


La mayor de todos, Pilar (León, 12 de octubre 1870 - México, 5 marzo 1957), fue bautizada en la iglesia de Santa Marina la Real. El mayor de sus hijos varones, Francisco, heredó de su padre la afición al dibujo, y unas excelentes condiciones para ello.
La familia vivió en la calle del Rastro Viejo, n.° 1, próxima a la muralla e inexistente al día de hoy a consecuencia de las obras del ensanche, comenzadas en 1898.

Al año de su casamiento, Inocencio Redondo fue nombrado catedrático numerario por oposición de la asignatura de Dibujo lineal, Adorno y Figura, del Instituto Provincial, o General y Técnico de León, según Real Orden del 13 de Septiembre de 1866.
Tomó posesión el 25 de septiembre y, por orden del regente del Reino, el 15 de julio de 1870 fue confirmado en el cargo.

Llevado de su gran preocupación social, don Inocencio, desde octubre de 1866 hasta septiembre de 1874, simultaneó su cátedra con clases gratuitas de Dibujo, con aplicación a las Artes y Oficios, para obreros y artesanos en la Real Sociedad Económica de Amigos de León.

El 10 de enero de 1871, según consta en el Archivo del Ministerio de Fomento, Inocencio Redondo obtuvo el segundo lugar en la oposición a la plaza de profesor de Escultura de la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, vacante que dejaba el escultor Juan Figueras y Vila (Gerona 1829 - Madrid 1881), para pasar a ocupar la cátedra de Modelado Antiguo y Ropajes, en la Escuela Superior de Madrid. Figueras también fue alumno de José Piquer, y participó junto a Inocencio Redondo en la Exposición Nacional de Bellas Artes celebrada en 1862. De Juan Figueras es muy conocida la escultura a Calderón de la Barca, colocada en la plaza de Santa Ana de Madrid.

En cualquier caso, la carta en que se hace referencia a él en el epistolario (Hemeroteca Memorias de Colonias - Biblioteca Digital de Castilla y León), dice que Inocencio quería establecer una colonia en la Abadía de Arbás (Puerto de Pajares), proyecto que por la razón que fuera no se llevó a cabo. Más tarde, las colonias leonesas fueron a Asturias, a las playas de Salinas, en 1895 y 1896.

En sesión celebrada el 28 de junio de 1880, la Escuela de Bellas Artes de San Fernando nombra a Inocencio académico correspondiente (con voz, pero sin voto). El 9 de agosto, la Academia remitió un oficio a la Comisión de Monumentos de León, merced a la cual Inocencio Redondo fue aceptado como miembro, y toma posesión el 14 de diciembre de 1880.


A imagen de las existentes en la antigua Grecia, las Academias de Bellas Artes comenzaron a crearse en la Europa moderna a partir del siglo XVII. La primera de ellas fue la Academia de París, que ya estableció un código de normas internas y un programa de los estudios que podían cursarse en ella.

En España, las citadas academias comienzan a aparecer en la segunda mitad del siglo XVIII, bajo el reinado de Fernando VI. La primera fue la de Madrid, denominada Real Academia de Nobles Artes, hasta que el rey Carlos III decidió, el 12 de abril de 1752, que pasara a llamarse Real Academia de Bellas Artes de San Femando, en honor a su padre. A partir de 1744, se comenzó a formar un Archivo-Biblioteca con los fondos bibliográficos y documentales existentes.

En la actualidad, el archivo de esta Academia posee más de 800 manuscritos y cerca de 4.000 legajos, que van desde el siglo XVIII hasta nuestros días, y entre los cuales se encuentran los informes de las Comisiones Provinciales de Monumentos Históricos y Artísticos.



Fuente: Libro "El entorno de Rafael Altamira"
Inocencio Redóndo Ibánez, Suegro de Rafael Altamira (pag.47)
Universidad de Alicante



Música: Enrique Granados – Danzas Españolas, nº 5 Andaluza

Soldados villarrubieros de la Guerra de Cuba (1898)


"Al cruzar las playas españolas, madre mía, no tuve novedad, al dejar a mi madre llorando, hijo mió, dime a dónde vas".

De esta forma empieza la canción de los soldados españoles en Cuba. Desgraciados jóvenes que fueron embarcados, hace más de un siglo, para luchar en tierras de ultramar; desgraciadas familias, sometidas al horror incomprensible de una guerra absurda, agigantada por la distancia, con una inmensidad de agua como la del océano Atlántico de por medio.
Algunos padres, mejor informados, sabían algo de lo que estaba ocurriendo en Cuba, pero se negaban a aceptarlo; las madres, sumisas, se refugiaban en el silencio, en la soledad, esforzándose en no perder la esperanza, en conservar la fe en lo sobrenatural, en algún milagro.


Puesto de Cascorro (Provincia de Camagüey)- Regimiento de Infantería María Cristina núm. 63. El 22 de septiembre de 1896 comienzan las hostilidades en este punto.

Crucero español Reina Mercedes, hundido en la entrada de la bahía de Santiago de Cuba


Victoriano Encinas, Guillermo Fernández Rojas, Modesto Baeza, los hermanos Juan y Florentino Loma, Juanorro, Jorge "el viejo", Ricardo "Socorro" y Manuel Barranco, todo ellos hicieron el viaje de ida y vuelta a La Habana.

Durante la celebración de la XIV Semana Cultural de 1998, coincidiendo con el centenario de la pérdida de Cuba (3 de julio de 1898), se honró la memoria públicamente de este puñado de villarrubieros que conocieron las penalidades de las travesías transatlánticas, la brutalidad de la guerra y del enfermizo clima tropical.

Se llevó a cabo mediante la representación del minidrama titulado Carta de Cuba, pieza breve inspirada en personajes y situaciones que se dieron en Villarrubia hace más de cien años. Una carta con el dibujo de un barco y una fotografía, así como un cuaderno que, a modo de diario, escribió Guillermo Fernández de Rojas de su puño y letra, durante los nueve años que permaneció en la isla caribeña, sirvieron para fundamentar la pequeña aventura escénica.


Al descorrerse las cortinas del escenario de la Casa de la Cultura se veía una palmatoria con una vela encendida sobre una mesita. A la derecha, con la cabeza inclinada, cubierta con un gorro negro y los brazos lánguidamente cruzados, Florentina Felisa Granados, la madre de Guillermo, sentada en una silla baja. Aparece el cartero gritando con alborozo «¡Carta de Cuba!», pero Florentina está tan ajena a todo cuanto la rodea, que no comprende el significado de las palabras que acaba de oír. Fallan todos los intentos del cartero por suavizar la atmósfera de dolor en que está sumergida la mujer.

Llega el marido, Juan Fernández de Rojas Joya, quien, por el tono de su voz, descubre el elevado estado de tensión en que vive. Florentina conserva la carta apretada contra su pecho Juan siente la necesidad permanente de hacer algo. Viene de ver la postura de la oliva de las Animas (efectivamente, esta viña era de su propiedad), plantada por capricho de Guillermo y ya prepara un viaje al Pozuelo para traer una carga de agua. La actividad le salva del recuerdo opresivo y humillante. Del choque de ambas actitudes; la pasiva e indiferente de Florentina y la hiperactiva de Juan, nace el conflicto matrimonial, se encauza y configura el drama.

En la carta, fechada en Guanajay, el 29 de agosto de 1866, Guillermo se acuerda de la proximidad de las "funciones" del pueblo, de su pueblo, de Villarrubia de Santiago. Eso da pie a Juan para decir en voz alta la forma en que piensa contestar a la carta de su hijo. Le dirá que las fiestas de este año también han sido flojas, y que la gente se acordaba de un muchacho alegre, buenazo, inocentón, famoso por su valentía en los encierros. Llega a decir: "Qué tardecitas nos dabas, sobre to a tu madre". Al oir este comentario, Florentina empieza a lloriquear. Juan le grita "¡No llores!", petición que ella no atiende. Encorajinado y con paso firme, Juan se dirige hacia donde luce la vela. Permanece quieto, meditativo, mirando fijamente la llamita, hincha los pulmones de aire y la apaga de un ruidoso soplido.
El escenario queda patéticamente a oscuras. El cartero desaparece. El asombro detiene el llanto de Florentina. Segundos después, en la oscuridad, Juan enciende una cerilla y con mano temblorosa, la aplica al pabilo de la vela. El escenario recupera el penumbroso alumbrado eléctrico de antes.
Es la culminación del drama conyugal y el principio del desenlace. Todo en silencio. El drama por la ausencia del hijo continúa hiriendo en lo más vivo del alma.

Conducción de un Cañón Culebrina a la Isleta, por tramos via ferrea portatil. el mes de Agosto del año 1897

La vela encendida era un símbolo para la madre: la vida de Guillermo, la conservación de su salud, la idea esperanzada de su regreso. Pero también es para el padre -por eso la apaga- símbolo de cosas tan terribles como las causas de la guerra de Cuba y que haya tenido que ir su hijo,- símbolo de instituciones que rechaza, de políticos ineptos,- símbolo de honores y beneficios obtenidos por algunos a costa del sufrimiento y la sangre de otros. Pero, cuando se percata del abandono en que deja a su mujer durante esos segundos de oscuridad total, es cuando se decide a devolver a la vela su inocente llamita.
Pasa Juan por delante de Florentina, más paralizada y sola que nunca, y desaparece... para inmediatamente reaparecer con los brazos abiertos.
Sobre el largo e intenso abrazo, correspondido con ternura por Florentina, comienzan a cerrarse lentamente las cortinas, mientras empieza a oírse, con acento quejumbroso y melancólico, la Canción de los soldados españoles en Cuba, igual que al principio: dos voces preciosas, nítidas, que sonaban como si viniesen de muy lejos en el tiempo y en el espacio.


Las voces cantoras fueron la de Esperanza Bayo y la de Antonio Trigo. De la dirección se ocupó Miguel de la Fuente, quien asimismo disertó sobre interesantes aspectos políticos y estadísticos de la contienda hispano-cubana. La interpretación corrió a cargo de tres de nuestros más conocidos y admirados actores: Felisa Granados como Florentina, Jesús Ramos como Cartero, y Julio Andrés Granados como Juan, quienes acertaron a transmitir con intensidad el sentimiento dramático deseado.
La joven Montserrat de la Nieta leyó el prólogo con soltura y segundad. La obra emocionó al público que asistió a las dos representaciones.



Fuente: Manuel Fernández Nieto
Libro de Fiestas Patronales 1998


Juan Fernández de Rojas

1750 - 1819 (Villarrubiero por línea paterna)


La familia Fernández de Rojas cuenta con muchos años de antigüedad en nuestro pueblo, donde se cree tuvo su origen. Por ello puede admitirse que decir Fernández de Rojas es relacionar a la persona que lleve este apellido, nazca donde nazca, esté donde esté, con una condición de "villarrubierismo" fundamental.
Eso le sucedió a Juan, a quien en alguna ocasión se le ocurriría coger la barca y pasar al otro lado del Tajo, subiendo por el risco del Castellar, o por un camino más fácil, el del Pradillo, pero no tan sugestivo ni emocionante, para estrechar el pecho de sus parientes: abuelos, tíos, primos, en Villarrubia. La fantasía no choca con la realidad en este caso.


En el párrafo de la imagen siguiente, perteneciente al libro "La artesanía del hierro en la Mancha Toledana" (1996-Consolación González). En él se menciona tanto a Vicente, como a Faustino Fernández de Rojas, reflejando ganancias por los trabajos de su profesión.


Más tarde, Guillermo Fernández de Rojas fue uno más del grupo de villarrubieros que conocieron las penalidades y brutalidad de la guerra de Cuba, junto al sufrimiento de su padre Juan Fernández de Rojas Joya y su madre Florentina Felisa Granados, cuya pequeña historia se recoge en su cuaderno diario resultante de los 9 años en la isla, la cual incluiré como entrada en el próximo artículo del blog, coincidiendo con el aniversario de la pérdida de Cuba (3 de Julio de 1898).


Y en el siguiente texto, perteneciente a la hemeroteca ABC, con fecha 21/Dic/1957. En él se menciona el enlace de Varela Fernández de Rojas, siendo padrino su padre Francisco Fernández de Rojas y firmando como testigo su abuelo Mariano Fernández de Rojas y Ballesteros.



Ahora volvamos de nuevo atrás en el tiempo. 

Una rama de esta familia vivió en una casa de la calle Patá de nuestra villa, calle llana y de extraño nombre, en donde quizá se produjo la dispersión de sus miembros, uno de los cuales, Francisco, se fue a vivir hace más de dos siglos, tal vez por motivos amorosos, a Colmenar de Oreja. Allí contrajo matrimonio con una mujer llamada Plácida; allí nacieron sus dos hijos: una hija y un hijo. A éste le fue dado el nombre de Juan.



Fray Juan Fernández de Rojas ingresó en el Convento de San Felipe el Real, en la Orden de San Agustín, de la que llegó a ser prior de la comunidad de Castilla, y profesó al año siguiente. En 1772 paso a Salamanca donde, con el nombre poético de Liseno, formó parte del grupo de poetas ilustrados denominado “Escuela literaria salmantina del siglo XVIII”. Profesor de filosofía y teología, también ejerció de poeta de mérito, pero fue en su calidad de autor de atrevidos trabajos de sátira y crítica social, con los que verdaderamente obtuvo reconocimiento y distinción en los cenáculos literarios de la época.

Escribió poesía anacreóntica y bucólica, y alguna composición desvergonzada como "Pájaro en la liga". Con el pseudónimo Alejandro Moya escribió "El triunfo de las castañuelas", una sátira y parodia de los enciclopedistas y los tratados científicos y filosóficos de la Ilustración, donde aparecen personajes como Locke o Voltaire y lugares como Madrid, bajo el nombre de Crotalópolis .

Tampoco le faltaron complicaciones y disgustos, de los que supo salir sin daño. Prueba de su valía como escritor es su amistad con Jovellanos, Meléndez Valdés, Forner y otras encumbradas figuras de la vida política e intelectual de aquel momento. Sobre todas ellas destacó la que le unía a Goya.
El pintor no concedía su amistad a cualquiera. La coincidencia de su ideario humanista de vanguardia explica un afecto que se plasmó -nunca mejor dicho- en el retrato que el universalmente famoso Francisco de Goya le hizo al padre Juan Fernández de Rojas.


No se conocen los detalles del encargo de este retrato, ni tampoco la cronología exacta, por eso se fecha respondiendo a la técnica pictórica. Sí se conserva, no obstante, el testimonio de la sobrina del retratado, Carmen Arteaga Fernández de Reboto, viuda del médico de Fernando VII Marcelo Reboto, recogido en la publicación de María Rosario Barabino. La sobrina hablaba sobre la estrecha relación que unía a su tío y al pintor, forjada a raíz de las numerosas consultas artísticas que Goya le planteaba, siendo éste consciente de sus grandes conocimientos sobre Arte. La buena estima en que el artista tenía a fray Juan le llevó a realizar este retrato, a pesar de las constantes negativas del religioso; un retrato donde, en palabras de Carmen Arteaga, Goya echó "el resto de sus artísticos conocimientos, particularmente en el parecido y en el colorido".
Sugiere Margarita Moreno de las Heras que la obra perteneció al retratado y pasó por herencia a su sobrina, Carmen Arteaga Fernández de Reboto, en Madrid. Después pasó, de nuevo por herencia, a la propiedad del hermano de ésta, Santiago de Arteaga. En su testamento, y por disposición del mismo fray Juan, pasó a la Real Academia de la Historia en 1857.

Juan, a su vez, haría otro retrato, éste de palabras. En el poema publicado el 29 de junio de 1795, entre ayes y exclamaciones de dolor por la muerte de su padre, intercala calificativos como «sencillo», "Cándido y virtuoso», «bondadoso», «inocente», «dulce». Tan formidable ramillete de elogios permite hoy, más doscientos años después, hacerse una idea muy exacta del carácter de Francisco, el villarrubiero ausente de su pueblo natal.





Música: Maurice Ravel - Pavane for Dead Princess

La Vega de Valdajos

El Grupo Sindical de Colonización número 186, establecido en Villarrubia de Santiago, legalmente constituido en la fecha del 14 de octubre de 1948, tuvo como principal objetivo para su constitución, por un considerable número de modestos agricultores, la ansiedad de ver lograda una de sus mayores aspiraciones: transformar en regadío el polígono denominado "Vega de Valdajos", con una extensión de 200 Hectáreas, cuya transformación habría de cambiar totalmente el índice de producción y riqueza de sus tierras, de escasa significación en su estado y situación anteriores.

Casa de Motores

Ya constituido este Grupo Sindical se acometió con ahínco y rapidez la gestión necesaria para poner en práctica los planes concebidos y poco tiempo después, mediante la concesión de un préstamo de 2.470.000 pesetas por el Servicio de Crédito Agrícola, se hacía realidad el tan ambicionado proyecto, origen de esta Agrupación.
Constituyen este Grupo Sindical 232 socios, los cuales contribuyen con el mayor interés a que el auge de esta entidad adquiera en todo momento un índice de progreso. Baste para su demostración el hecho de haber satisfecho en un período de cinco años todos los préstamos y créditos concertados, teniendo en cuenta que el núcleo principal, casi en su totalidad, contados escasos casos de explotaciones de mayor capacidad, lo forman agricultores de la clase media de humilde condición y modestas economías.

Ascienden los préstamos amortizados a la suma de 3.703.544,90 pesetas de cuya cantidad corresponden al Crédito Agrícola el importe de 2.647.069,50 pesetas y al Banco Central la cifra de 1.056.475'40 pesetas en las cuales se incluyen los intereses devengados por los créditos contraídos.

Las aportaciones de los socios, tras esos primeros cinco años, arrojan la cifra de 3.128.899,72 pesetas cuya cantidad fue destinada al pago de las obras del proyecto, incrementadas éstas con otras complementarias de considerable importancia, inversiones de carretera y otras. Como se aprecia, esta cifra es inferior al resumen de los préstamos e intereses amortizados, en razón a invertirse algunas cantidades de los mismos en su propia cancelación.

Vista panorámica de "La Vega"

Tras la construcción de un kilómetro de carretera en "Valdecarrizoso", por cuenta de este Grupo con la colaboración de los propietarios enclavados en el paraje "El Soto" y del construido por la Hermandad Sindical en la "Ermita", también se llevaron a cabo los trabajos de construcción para la total terminación de la carretera, con las colaboraciones que antes se citan, complemento importantísimo de la inmensa obra realizada por este Grupo, cuya meritoria trascendencia no cabe negar.




Música: Los Panchos - Historia de un amor

La finca de “La Almanta”, también conocida con el nombre de "Puente-Biedma".

 

Adquirida en el año 1946 por el Instituto Nacional de Colonización, su parcelación constituye un hito imborrable para las memorias de las 62 familias labriegas de clase media en ella asentadas, en el que se inicia, frente a una situación de escasez y penuria, un panorama de progreso y esperanza.

Se halla situada en una de las zonas más atractivas y prometedoras de nuestro término, por la que cruzan el río Tajo y la Acequia de riego de los Canales de Aranjuez, del Real Patrimonio, rodeando su contorno, entre otras, la Vega y término de Colmenar de Oreja, la carretera que va desde Chinchón a Madridejos, la finca titulada "Biedma" y las Minas de "EL CASTELLAR", a una distancia de siete kilómetros de la población.

Puente sobre el Tajo en donde se halla enclavada la Finca "Puente Biedma"

Su extensión comprende 290 Hectáreas de secano y 120 de regadío, distribuidas en la forma siguiente:

Las 290 Hectáreas de secano se explotan por 40 colonos en lotes iguales, los que a su vez se distribuyen en partes iguales, la parte conocida por "El Palenque", integrada por 16 fanegas de riego de la mejor calidad.

El resto del regadío se halla parcelado y repartido entre los 22 colonos restantes, por partes iguales entre éstos.

La amortización del importe de los lotes adjudicados se realiza mediante abonos anuales, los cuales no representan dificultad alguna para sus titulares en razón a las grandes facilidades otorgadas por el Instituto de Colonización y cuya definitiva cancelación será un hecho transcurridos diez u once años.

El interés de estos colonos en favor del auge de sus explotaciones no puede ser mayor, teniendo pendiente de inmediata resolución un Proyecto de canalización para el establecimiento de una nueva red de riego en sustitución de las caceras y malecones existentes, de uso antiguo a fin de obtener el máximo rendimiento con el menor coste.

Con independencia de la única intervención del Instituto, en materia de amortizaciones, es de la plena competencia de la Agrupación de Colonos todo lo concerniente a su administración y gobierno, cuyas funciones se ejercen por un Consejo que integran cuatro colonos del grupo de riego y dos del secano, el cual componen, en el año 1959, los siguientes:

Presidente.— Aniano Escribano Aguilar
Secretario.— Francisco Navacerrada González
Tesorero.— Francisco Luengo Monzón
Vocal.— Angel Encinas López
Vocal.— Rufino Encinas Garrobo
Vocal.— Francisco Tizón Zamorano

Constituyen la producción de estas explotaciones los cultivos de cereales y viñedo en el secano, y en el regadío los de alfalfa, remolacha, judías, patatas y frutos verdes.

Una intensa e importante repoblación forestal es llevada a cabo en esta finca bajo la dirección y a cargo del Instituto de Colonización, contando con una plantación de 50.000 chopos, cuya riqueza, resarcidos los gastos invertidos, quedó a beneficio de la Agrupación, y de la que ya pasado un año se obtuvo aprovechamiento, habiéndose cortado casi 200 árboles.

Publicaciones de extensión agraria, Número 275,Volumen 1

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Real Academia Española
almanta.
De la loc. a manta.
1. f. Agr. entreliño.
2. f. Agr. Porción de tierra que se señala con dos surcos grandes para dirigir la siembra.
poner a almanta.
1. loc. verb. Agr. Poner plantas abundantes y sin orden.



Música: Tito Gómez - Alma con alma (bolero) Juanito Márquez

Banda de Música Ntra.Sra.del Castellar

Si bien su primera aparición en público tiene lugar el 19 de marzo de 1887, festividad de San José, data su constitución del año 1881, de la que fue fundador D. Jesús Prieto Pérez, oriundo de Villatobas, persona en quien tiene su origen en esta población la familia de su apellido desde su principio vinculada a la música, de tal modo que el concepto de palabras sinónimas encuentra en este caso —familia Prieto y música—.


Apenas iniciadas sus actividades asume su dirección D. Jesús Prieto Escribano, varón primogénito del fundador, en el que coincide una identidad de carácter y cualidades, el que a la sazón contaba la edad de dieciocho años. Su juventud y entusiasmo imprimen a la reciente organización musical un ritmo de superación y progreso que pronto la hacen merecer un elevado concepto y nombradía, adquiriendo extraordinaria resonancia en el período de los años 1900 a 1925.

Lo demuestran las innumerables actuaciones que, con un carácter de continuidad, tienen lugar en muy distintos pueblos, entre otros los de Villaconejos, Villamanrique de Tajo. Tribaldos, Alcázar del Rey, Torrejoncillo del Rey, Yepes, Cabañas de Yepes, Ciruelos, etc., destacándose las que tienen lugar en Chinchón, Huete, Uclés y Carabanchel Bajo (Barrio del Terol).
Se registra como distinguida, en dicho período, la correspondiente al recibimiento dispensado por nuestro vecindario a el Rey D. Alfonso XIII a su paso, en ocasión de viaje, por la estación férrea.

El obligado cumplimiento de los deberes militares —año 1890— motivan la eventual privación de su calificado Director, el que en razón a su destacada aptitud y méritos pasa a formar parte de la Banda del Regimiento de Infantería Wad-Ras, en Madrid, con la categoría de Músico de 1ª (Bombardino Principal), siéndole conferidas las funciones de Subdirector de la misma, volviendo a reintegrarse, tras su período de milicia, a sus tareas de dirección con el mismo cariño y entusiasmo. Prosigue ininterrumpidamente hasta que, por su imposibilidad física y el peso de su años, se ve en la necesidad —a los 75 de su edad— de tener que declinar el cargo.

El Ayuntamiento en premio a su meritísima labor y como testimonio de la distinción y reconocimiento de que era acreedor, se le rinde un cálido homenaje, haciéndole entrega de una artística batuta de dirección como símbolo de admiración, cariño y gratitud.
Apartado de toda actividad, su espíritu mantiene firme la ilusión y cariño hacia su Banda que en perfecta conjugación con su gran devoción y amor a la Virgen del Castellar. Fallece el 8 de septiembre de 1946, distinguida circunstancia a tenor de tan memorable coincidencia.


Al producirse la vacante, pasa a ejercer las funciones de D. Hermenegildo Prieto Escribano, hermano de su antecesor, del que fue íntimo y valioso colaborador desde su principio. Apenas transcurridos dos años y dada su avanzada edad, se ve en la imposibilidad de poder continuar en el ejercicio de su cargo, lo que no impide que continué prestando la colaboración que su edad y situación le permiten.
Toma entonces a su cargo la Banda —año 1947— a raíz del fallecimiento del que por tantos años fue su más caracterizado regente, su hijo D. Julián Jesús Prieto Pérez.
Su todavía joven edad, especial preocupación y gran entusiasmo constituyen el impulso decidido que empuja a la Banda hacia una nueva etapa de superación y apogeo. Vuelven a iniciarse sus actuaciones en diversas y numerosas poblaciones — Colmenar de Oreja, Villatobas, Noblejas, Villamanrique de Tajo, etc.. revistiendo carácter destacado su presentación al Concurso de Radio Madrid y su actuación en la Base Aérea de Villatobas, obteniendo en todos los casos la más elogiosa referencia.


Después de la larga y benéfica era de los Prieto, les llegó el turno de la responsabilidad directora a D. Francisco Sánchez Escribano, el primero en afrontar la realidad de tener que pisar un terreno difícil para quien no tuviera experiencia de dirección. No se asustó Paco, que empuñó la batuta con decisión y condujo a la Banda por caminos más atractivos para la juventud: la masculina y por primera vez la femenina.

Su sucesor, D. Bienvenido Cámpos, siguió esa línea de actuación hasta ser sustituido por D. Jose Antonio Campos, quien ya ha demostrado ampliamente su ambición artística y sus cultivados conocimientos musicales. En cierto modo, la historia de sus directores es la historia de la propia Banda.

Expuestas hasta aquí la semblanza y particularidades de sus directores, entremos a hacer referencia, al menos en parte, de las meritorias circunstancias y detalles que la caracterizan.
Hombres de la más variada condición social —empleados, labradores, albañiles, artesanos, industriales — son, desde su principio, el cuadro o plantilla de sus componentes, que tras el esfuerzo, grandioso en no pocos casos, de sus trabajos y tareas cotidianos, han sabido sacrificarse, sin regateo alguno, para adquirir la formación y conocimientos precisos, sin otro afán o interés que su amor a la música.


El 6 de mayo de 2000, Villarrubia quedó sembrada de medallas. Fue como si una lluvia de estrellas hubiese caído mansamente del cielo para ir a posarse en las pecheras de los músicos. La Casa de la Cultura, abarrotada de público, aparecía más deslumbrante que nunca. Se iba a celebrar un acto extraordinario, un acto de gala, de esos que dejan huella en la memoria. Se organizaba, aunque con unos años de retraso, un homenaje a la Banda de Música por sus más de cien años de historia -119-.

Resultaba inexcusable hacer una presentación con un resumen biográfico de cada uno de los siete directores que ha tenido la Banda, y una síntesis de lo acontecido desde su fundación.
Montserrat de la Nieta leyó el texto preparado para esa finalidad. Fue relatando lo más característico de cada uno de los directores, de Jesús Prieto, el fundador, a su hijo, su nieto, y su otro hijo, el señor Merejo…….

Destacable la puesta en escena del melodrama "Trompetas tatuadas", expresamente escrito para este homenaje, fue el decorado de Lumi Lorenta. No obstante, el argumento de la comedia fue captado por las madres de músicos que habían pasado por trances parecidos: ver que sus hijos, que trabajaban en la capital, o hacían el servicio militar, no podían venir a su pueblo para divertirse y tocar en los días de las fiestas, o se veían obligados a marcharse cuando estaban en todo su apogeo.

Los momentos de mayor emoción estaban por llegar. Llegarían con la entrega de las medallas. El mínimo orden establecido para la entrega de las medallas quedó roto desde el instante mismo en que el primer músico retirado, llamado por la megafonía, subió al escenario, que rápidamente quedó lleno de músicos con uniforme y sin él, músicos de todas las edades -pasado y presente unidos-, que se felicitaban, se abrazaban, todos orgullosos de sus medallas. Juntos, habrían formado una Banda de unos noventa ejecutantes. Tampoco fueron olvidados los difuntos, a los que sólo era posible, como se hizo, dedicarles un recuerdo agradecido.

El Delegado de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, D. Santiago García Aranda, acompañado del Alcalde de Villarrubia y los de otros pueblos vecinos, así como directores de bandas invitados, fueron los encargados del reparto de los galardones.
Los aplausos eran casi continuos. Como estaba previsto, el concierto culminó con la descarga de una nube de pétalos de rosas sobre el escenario, es decir, sobre los que lo ocupaban, lo que produjo un entusiasmo delirante, con los músicos y el público puestos en pie, en medio de una cerrada ovación.


Las medallas fueron diseñadas por un importante artista barcelonés, y acuñadas por una fábrica de prestigio internacional, también barcelonesa. El artista acertó a realizar una pequeña, pero auténtica, obra de arte.
Familiares de músicos se afanaron en reunir uniformes antiguos que, junto a instrumentos en desuso, fotografías, diplomas y los grandes bocetos originales de las medallas, montaron una interesante exposición en el vestíbulo de la Casa de la Cultura.


A lo largo de su historia, su autonomía e independencia han representado una de sus más especiales características, pues al no formar parte ni depender de ningún organismo oficial, no ha contado con otros medios para su sostenimiento que el producto de sus actuaciones, insuficiente en mucho al orden de sus necesidades, éstas de consideración solamente con citar las relativas a la reparación y reposición de instrumental y su uniformidad. Queda por tanto descartado todo objetivo o sentido económico. No obstante las subvenciones por parte del Ayuntamiento, han sido de indiscutible utilidad y auxilio.

Bien merece nuestra Banda de Música, por lo tanto, la dediquemos nuestro apoyo y atención, en todos los órdenes, pues si su brillante ejecutoria e historial constituyeron y constituyen un hito de enaltecimiento para Villarrubia, sepamos a tal honor, corresponder agradecidos con el orgullo de villarrubieros.


Homenaje a Mi Tierra
Dedicado al pueblo de Villarrubia de Santiago
Letra y música.-Jesús F. Pino y Francisco Sánchez-Escribano



Fuente: Libros de Fiestas Patronales 1961 y 2000

Los Marqueses de la Corona



Creo que todos los villarrubieros con un poco de curiosidad por la historia de nuestro pueblo nos hemos interesado al oír hablar de esta familia, aunque siempre como si fuera un cuento, una leyenda llena de misterio y anécdotas protagonizadas por Doña Paula Guazo Martínez Atienza, Marquesa viuda de la Corona. Vamos a situarnos en los orígenes de estos nombres.


Don Fernando Patiño y Carrasco, V Marques de la Corona (1845-1922), era hijo de Don Ramón Patiño y Ramírez de Arellano, primer Caballerizo del Rey Don Francisco de Asís, hijo tercero del IV Marques del Castelar y de Doña María de los Dolores Diego Ramírez de Arellano. Don Ramón era vecino de Chinchón donde se casó con Doña Clara Carrasco Carbonero de Villarrubia de Santiago (propietaria del monte que lleva su apellido, el Monte Carbonero y de la casa de campo que todos conocemos con el nombre "casa de Doña Clara", entre otras muchas propiedades); hija de D. Alvaro Carrasco Quiñones de Benavente y Doña Benita Carbonero, parientes lejanos de la familia Lara Serrano.


Como comenté en el capítulo "Una Mezquita - Iglesia de San Pedro", es posible que a través de algún antepasado, don Fernando Patiño, heredara esta iglesia respetando la capellanía con sus actos religiosos hasta principios del siglo XX.

Antepasados de Don Fernando Patiño, fueron José Patiño, Ministro italiano al servicio de Felipe V (1656-1730) hermano de Baltasar Patiño, III Marqués de Castelar, varias veces Ministro de Felipe V. Creó en 1716 el catastro que lleva su nombre, registro de patrimonios y rentas de Cataluña, para el reparo del cupo Tributario de la Corona.

El éxito fue tal, que Patiño fue nombrado Intendente General del Tribunal de Contratación de las Indias (1717). Gracias a Patiño y a sus servicios, Carlos III se pudo situar en el Trono de Nápoles.

Por otro lado Carlos III concede por primera vez el título de Marqués de la Corona a Don Francisco Carrasco de la Torre (1769).

Como podemos ver el acercamiento de esta familia hacia los borbones españoles era considerable. Así podemos ver que el título de Marqués de la Corona llega a Don Fernando a través de su madre Doña Clara Carrasco y Carbonero.
En 1876 don Fernando Patiño y Carrasco Marqués de la Corona, contrae matrimonio con Doña Concepción Juez Fernando y Bañuelos, de esta unión nace una hija, Mercedes Patiño y Juez Sarmiento.

Doña Concepción fallece el 30-08-1905, por aquel entonces Mercedes tiene la edad de 27 años, pero su salud es precaria. Don Fernando cuenta ya con 60 años de edad y dedica todos sus desvelos a los cuidados de su hija, hasta el punto de contratar a una "joven" profesora de piano para entretener a la chica, Paula Guazo Martínez Atienza, la cual permanece en la casa constantemente para estos menesteres.


El 25 de Marzo de 1912 y con 18 años de edad, Paula contrae matrimonio con el señor Marqués que contaba ya con 67 años. Al parecer a Paula no la atraía mucho la idea de esta unión, pero al final acabó cediendo a la insistencia de su padre por que se celebrara este matrimonio.
Paula Guazo Martínez Atienza procedía de una familia de 19 hermanos, bien acomodada, su padre Antonio Guazo Cayon era un industrial cántabro y su madre Doña Agustina Martínez Atienza procedía de la provincia de Palencia. Esta familia se afincó en Madrid en la barrio de Carabanchel (entonces zona residencial, habitada en su mayoría por altos cargos militares).


Después de 10 años de matrimonio Paula enviuda con 28 años muriendo Don Fernando cuando contaba con 77 años. Doña Paula se queda al cargo de Mercedes, por expreso deseo del Marqués. Ella a la muerte de su padre contaba con 44 años, pasando a ostentar el título de Marquesa de la Corona y Cusano.

La desgracia quiso que Mercedes muriese al poco tiempo en Alicante , durante la guerra civil, dejando toda su fortuna a los pobres, la beneficencia.
En la actualidad, la residencia de ancianos que existe en nuestro pueblo se edificó en unos terrenos de su propiedad y en su honor esta se llama Residencia Mercedes Patiño.
La familia de los marqueses se ha caracterizado por sus donaciones al pueblo y las familias más humildes en múltiples ocasiones.

Esquela Hemeroteca ABC (Madrid) 18/04/1922 -Referencia al panteón familiar


Imagen del Panteón 2016

Paula, ya Doña Paula Martínez Atienza señora Marquesa viuda de la Corona, que no Marquesa de la Corona, pues el título como tal queda vacante, a la muerte de Mercedes fue una mujer muy inteligente, ambiciosa, valiente y en muchas ocasiones caritativa. A pesar de su mal carácter supo sacar buen provecho al título de su marido de manera que prefirió llevar siempre el título de viuda, que volverse a casar y perder el rango de Marquesa. De esta manera se puede decir que en cualquier punto de España era conocida, en las altas esferas civiles y militares, así se codeó y presumía por ello de ser buena amiga de la Reina Victoria Eugenia y su Majestad Don Alfonso XIII y de la Duquesa de Alba, con los que coincidió en numerosos eventos. Contando en su haber con la Gran Cruz de la Beneficencia, distintivo blanco, en aquella época esta condecoración solo disfrutaban de ella la Reina y Doña Paula. Hasta sus últimos días, Doña Paula mantuvo relaciones con los príncipes de España Don Juan Carlos y Doña Sofía, los cuales la felicitaban religiosamente todos los años las Navidades.

Durante la guerra civil colaboró muy activamente con el bando de los sublevados, hasta el punto de tener que refugiarse por motivos de seguridad en un barco en un punto estratégico en el Mediterráneo. En otra ocasión lo tuvo que hacer en la Embajada Turca, adoptando un nombre falso Carmen España. Durante la contienda fue nombrada Presidenta de la Cruz Roja Española.
Terminada la guerra civil la Marquesa viuda de la Corona , adquirió tal notoriedad que cualquier deseo suyo, eran órdenes para personas tan importantes como podían ser el Presidente del Gobierno Carrero Blanco, el Jefe del Estado Mayor Diez Alegría e incluso el Caudillo Francisco Franco.

En su faceta como mecenas , lanzó al estrellato al famoso torero Julio Aparicio (padre) y a la célebre cantante Celia Gámez. Esta quiso agradecerla su inestimable ayuda públicamente, a través del programa de televisión "Reina por un Día".

Estoy seguro que Paula, la joven profesora de piano, no pensó nunca lo que la iba a cambiar su vida, gracias a su matrimonio con el Marqués. Todo se transformó en un sueño maravilloso. El lujo, el poder y el disfrute de la vida se sembró a su alrededor. Un cuento hecho realidad.

Doña Paula Guazo Martínez Atienza falleció el 25 de marzo de 1975 a los 87 años.







Fuente: Palmira

Música:  Juan Crisóstomo Arriaga - Obertura de Los Esclavos Felices