Francisco Guerra y el prisionero que se encomendó a Isidro.


Francisco I y Carlos V - "Entrada a París" Fresco de Taddeo Zuccari - 1540

Dentro del artículo "Otros Personajes", contenido en el bloque "Escudo y Personajes" del índice de este Blog, incluí hace tiempo de forma breve una relación sobre nuestro conterráneo DON FRANCISCO GUERRA:
Valiente y heroico soldado. Capitán mayor de mar y tierra, distinguido notablemente en la conquista de América, al que Su Majestad el Emperador Carlos V con toda clase de privilegios, tratándolo muy familiarmente.

En este otro artículo, el cual enclavaré en el bloque "Bibliografía, textos y referencias", he visto interesante incluir un texto extraído y resumido del libro "San Isidro y el sueño de Madrid", más concretamente del capítulo XXI - "El prisionero que se encomendó a Isidro", permitiéndome añadir la serie de imágenes. En su narrativa histórica,  J. Nicolás Ferrando describe de forma entrañable y amena, hechos acaecidos a Francisco Guerra, dentro de su cercana relación con la monarquía.


"....... El 10 de agosto de 1525 llegó a las murallas de Madrid el más ilustre de sus prisioneros. Vino escoltado aunque con un séquito ajustado a su rango. Se encontraba impertérrito y cabizbajo al llegar y se quejó de que su ilustre carcelero, Carlos V, no le recibiera ni se aprestara a visitarle.

Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, llamado «el César» 1500-1558

- "¿Dónde está el emperador?", -preguntó de manera insistente al pasar por el pórtico del Alcázar

Francisco I de Valois, rey de Francia, derrotado en la batalla de Pavía el 24 de febrero de ese mismo año, pisó por primera vez el suelo madrileño para un tedioso cautiverio


Francisco I de Francia,conocido como «el Padre y Restaurador de las Letras, el Rey Caballero y el Rey Guerrero» 1494-1547

- "El emperador tiene mejores cosas que hacer que venir a verle a usted", afirmó Francisco Guerra, natural de Villarrubia de Santiago, valiente y valedor soldado al que Carlos V le confió la seguridad del Valois.

Los dos reyes más importantes de la cristiandad, Carlos V y Francisco I, tenían muchas razones para un enfrentamiento fratricida y la disputa venía de lejos: ambos monarcas optaron a la corona de Carlomagno y ganó Carlos V, a pesar de que tuvo que pagar una elevada factura a la familia Függer por esta elección que, no obstante, llevó a España a lo más alto.

Tenían una edad similar cuando Francisco I llegó a Madrid, en torno a la treintena. 

Francisco I se quejó de sus aposentos nada más llegar. Pidió, sin éxito, visitar la ciudad y conocer a sus autoridades, que le negaron cualquier gesto de cortesía.

Pasó sus primeros días en el Palacio de Lujan, en la actual plaza de la Villa y fue trasladado al Alcázar porque sus dependencias eran más confortables.


Alcazar de Madrid siglo XVI

- "Parece usted un niño pequeño" -le espetó en un momento de gran tensión y extrema desesperación Francisco Guerra, sin obtener respuesta del Valois.

Francisco Guerra decidió escribirle al emperador y comentar el estado del ilustre prisionero. Expuso lo siguiente:

- "Su excelencia se niega a comer y a beber, pese a que se le ofrece todo tipo de comidas y bebidas. Se le permite salir con vigilancia a cualquier dependencia del Alcázar pero se niega. Temo realmente por su salud".

Cuando llevaba ya muchos días sin probar bocado, un sacerdote de la parroquia de San Andrés que hablaba perfectamente francés, de nombre Pablo, decidió visitarle y al entrar a sus aposentos, Francisco I exclamó:

- "¡Ya era hora que me visite un ministro de la Iglesia!".

- "Nadie debe ser privado de estar con nuestro Señor", -le dijo en su lengua materna, algo que llamó poderosamente su atención.

El rey se acercó y comenzaron a hablar fluidamente y era difícil saber lo que decían, pero se notaba que había cierta confianza entre ellos. Estuvieron juntos durante un par de horas y se despidieron afectuosamente. Francisco I sonrió y era la primera vez que lo hacía en su cautiverio madrileño.

Se observó, al día siguiente, al monarca francés con una medalla con la imagen de Isidro, el humilde labrador de la villa, que era muy venerado por el pueblo de Madrid y que le había regalado Pablo. Decidió, para sorpresa de todos, comer y beber, algo que mejoró su aspecto inmediatamente. Solicitó, asimismo, tomar el sol y se le fue concedido.


San Isidro Labrador, Patrón de Madrid y de los agricultores y campesinos españoles.

Carlos V se encontraba de caza en Segovia cuando fue informado de la situación del Valois, por lo que decidió ir a verle.

Carlos V, al llegar al Alcázar madrileño, el 18 de septiembre de 1525, se entrevistó con Francisco Guerra por el espacio de una hora. Este leal guerrero le comentó el horrible encierro del rey francés, el giro de los acontecimientos que había supuesto la visita del sacerdote y su repentina fe en la figura de San Isidro.

Cuando el emperador entró en la habitación del rey francés se dirigió hacia su lecho para abrazarle.

Continuaron hablando de muchas cosas, realmente parecían amigos de toda la vida. Carlos V le pidió que le mostrara la medalla de Isidro y juntos rezaron amenamente. Francisco I afirmó:

- "Majestad, estoy dispuesto a rendirme y a renunciar para siempre al Milanesado"



- "Negociaremos los términos de tu libertad, querido hermano, pero lo primero es tu salud. Vendré a verte más adelante y permitiré que recibas la visita de tu hermana, la duquesa de Alençon, doña Margarita". 

Margarita de Angulema, llamada también «Margarita de Francia, Margarita de Valois, Margarita de Alençon, Margarita de Navarra o Margarita de Orleans»


La duquesa de Alençon no tardó en llegar, lo hizo a finales de septiembre pero se entrevistó primero con el emperador, que se encontraba en Toledo, e intenta convencerlo de que dejase libre a su hermano.

Margarita entró a principios de octubre al Alcázar madrileño a ver a Francisco I y éste la abrazó sin dudarlo y con una sonrisa que sorprendió a todos.


La hermana de Francisco I tenía verdadera adoración por él, al que llamaba "mi hermano pequeño pero el más grande". Se ocupó de hacerle compañía durante todo el día, rezó con su majestad y le contó todas las novedades de la corte francesa. Pidió a Francisco Guerra poder realizar una misa por el alma de Claudia, mujer del rey, que había fallecido el 20 de julio de 1524, por diversas enfermedades que le aquejaban.

Francisco I pidió poder ir a ver el cuerpo incorrupto de Isidro pero se le negó hacerlo puesto que había una gran desconfianza sobre su hermana.

- "Cuando la duquesa emprenda de nuevo viaje a Francia, yo mismo le acompañare a ver al venerable Isidro", -manifestó Francisco Guerra-

La desconfianza estaba totalmente justificada. Una noche, Margarita urdió una tentativa de evasión. Pero algo salió mal y Francisco Guerra fue informado de los planes del Valois, que abortó inmediatamente aunque no tomó ningún tipo de represalias.

"La duquesa se ha marchado para siempre y no se atreverá a volver. Sólo con ello ya me doy por satisfecho". - afirmó Francisco Guerra-

A partir de ese momento se restringieron las visitas al prisionero, sobre todo de su embajador que ya no pudo comunicarse con él pero que le mandó una perra labrador negra, obsequio de Margarita, que le hizo mucha compañía en los días interminables de otoño en los que Madrid se vestía de ocre y amarillo.

Unos días más tarde, Francisco Guerra cumplió su palabra y acompañó al Valois a contemplar el arca de Isidro, algo que emocionó al monarca. Se le permitió hablar con otros fieles que le contaron las peripecias del labrador madrileño, su vida y sus milagros y quedó realmente maravillado.

Al volver a sus aposentos, escribió al emperador y aceptó sin reservas las condiciones que él le había impuesto. Incluso mencionó el condado de Artois en su cesión, algo que no se había discutido, aspecto que sorprendió gratamente a Carlos V, que le propuso que se casara con su hermana, Leonor, que había enviudado recientemente del rey Manuel de Portugal y ya había abandonado el luto por su muerte.


Leonor de Habsburgo y Trastámara, infanta de España y archiduquesa de Austria

'Acepto unirme en matrimonio con doña Leonor", -contestó Francisco I a la misiva del emperador-

Carlos V ordenó a Francisco Guerra que relajase el cautiverio del Valois puesto que desde ese momento pasaban a ser familia. El 14 de enero de 1526 se rubricó, finalmente, el Tratado de Madrid, que se preparó con una gran solemnidad.

Bajo este acuerdo, que pasó a la historia como la Concordia de Madrid, Francia se comprometía a renunciar a sus derechos en favor de Carlos V al Milanesado, Génova, Napóles, Borgoña, Artois, Flandes y Tournai. Con respecto a Navarra, el documento se expresaba en los siguientes términos:

- "Que el rey Francisco de Valois procurará con todo su poder que don Enrique de Labrit renuncie a él, del reino de Navarra, a favor del Emperador, y si don Enrique lo rehusare, el rey de ninguna manera, le haya de asistir con sus fuerzas".

Asimismo, se concertaba el matrimonio entre Francisco I y Leonor Habsburgo pero como garantía de que todo se cumpliese, el rey francés se comprometía a mandar a sus dos hijos, entre ellos al delfín, a España que serían retenidos por el espacio de cuatro años.

El monarca francés permaneció en Madrid unos meses más y fue tratado con todos los honores inherentes a su condición real. El 13 de febrero se vieron los futuros esposos y doña Leonor se compadeció del rey prisionero, por el que expreso un gran afecto y una desbordante ternura que, en un primer momento, estremeció y sorprendió al Valois. Su matrimonio se consumaría un año más tarde, en Gascuña, pero había cierta complicidad en los novios.

Francisco I nunca olvidaría su advocación a Isidro, el labrador madrileño, y manifestó que, en los momentos de mayor tormento en su encierro, el santo había sabido marcarle el camino a seguir. No obstante, una vez pasada la frontera se rehusó a cumplir los términos de la Concordia de Madrid, alegando que el parlamento francés le obligaba a ello ya que, según sus dictámenes, el rey había firmado dicho acuerdo bajo coacción.


La Paz de las Damas - por Francisco Jover - 1871

En 1529, dos mujeres de mucho carácter pero que ejercieron un gran pragmatismo llegaron a la Paz de Cambrai. Luisa de Saboya, madre de Francisco I y Margaría de Austria, tía de Carlos V, fueron las encargadas de encausar las relaciones entre España y Francia en lo que se conoció como "La Paz de las Damas", que ratificaron los términos de la Concordia de Madrid excepto la cesión en lo referente a Borgoña ante la evidente resistencia social de ese pueblo a pertenecer a España. El emperador no tuvo más remedio que olvidarse para siempre de anexar ese territorio que tenía especial significado puesto que era su patria de nacimiento. 

Maria Luisa Gabriela Saboya

Margarita de Austria


La rivalidad entre el emperador y el rey francés siguió muchas décadas más e incluso la heredaron sus hijos. Francisco I lo intentó todo contra España, así en 1536 firmó una alianza con el sultán Solimán el Magnífico muy criticada por toda Europa al considerarse, hasta ese momento, que, por muy mala que fuera la relación ruin reyes europeos, los auténticos enemigos eran los musulmanes. 

Así y todo, Francisco también cosechó un puñado de triunfos militares, aunque en el conjunto histórico haya sido retratado como un dirigente frustrado por el Imperio español, que, deseoso de destacar en algo, se resignó a su faceta de mecenas del arte. De hecho, Leonardo Da Vinci estuvo en la corte francesa y su emblemático cuadro "La Gioconda" decoró el baño del monarca galo.


Su respuesta ante las sucesivas bulas papales reconociendo la preeminencia española en la conquista de América retrata su impotencia frente al momento que le tocó vivir:
- "El sol luce para mí como para otros. Querría ver la cláusula del testamento de Adán que me excluye del reparto del mundo y le deja todo a castellanos y portugueses". -supo escribir-"




Música: O Vos Omnes - Tomás Luis de Victoria (1548-1611)