De Biedma junto al tajo, a la Patagonia Argentina


Viedma en la Patagonia

La Patagonia, la región más austral del mundo, se despliega en toda su extensión en el extremo sur del continente americano, entre la imponente cordillera de los Ardes y el océano Atlántico, con lagos, ríos, montañas, valles y estepa infinita.


Y en esta región, a miles de kilómetros de España, nos encontramos con el término Viedma en diferentes lugares: La comarca Viedma-Patagones, la ciudad de Viedma, el lago, el glaciar y hasta el volcán Viedma.

Vista Aerea del Rio Negro, a la derecha Viedma, en la margen Izquierda, Carmen de Patagones

¿Tienen alguna relación con la antigua 'población' de Biedma, ahora integrada en Villarrubia?

Si buscamos sus orígenes encontraremos que la Ciudad de Viedma, capital de la provincia de Río Negro, al nordeste de la Patagonia Argentina, fue fundada en 1779 por el entonces comisionado real Francisco de Viedma y Narváez.

Francisco de Biedma y Narváez o bien Francisco de Viedma, 
marino español y explorador de la costa patagónica argentina.

¿Qué sabemos de Francisco de Viedma Narváez?

Dicen que era de una de las principales familias de Andalucía, y regidor o Veinticuatro del ayuntamiento de Jaén, donde disfrutaba de una consideración merecida.

Parece que fue muy reticente a abandonar su casa y su tierra para trasladarse a América, lo que hizo finalmente cumpliendo las órdenes que recibió.


En 1785 su hermano Antonio le sucedió en la superintendencia de Patagonia, imitándolo en el vivo interés con que miró la prosperidad de aquellos establecimientos, mientras Francisco era nombrado gobernador de la nueva Intendencia de Cochabamba, donde murió en 1809, dejando sus bienes a una casa de hospicio para la educación de niños pobres, y fundando otra de huérfanas.

Francisco de Viedma es el vínculo por el que las ciudades de Viedma y Cochabamba, tercera ciudad en importancia económica de Bolivia, están actualmente hermanadas.

Catedral de Viedma

Orígenes del apellido de Viedma o Biedma

Si ascendemos por sus orígenes familiares observamos que su apellido procede de la casa de Biedma establecida en Jaén, y extendida también por Galicia.


Y podemos remontarnos hasta el primero que comenzaría a utilizar este apellido: Rodrigo Íñiguez, Maestre de la Orden de Santiago de 1236 a 1242.

"Era natural de la ciudad de Stela en Navarra y fue elegido maestre, yendo luego con sus caballeros y vasallos contra los Moros de Andalucía, a los que hizo guerra, cuando el rey don Fernando III andaba conquistando los castillos del Reyno de Córdoba, habiendo ya ganado la ciudad."

Aunque dicen que dejó el gobierno de la Orden cuando murió, es más probable que la dejara para contraer matrimonio, comenzando así la genealogía de la casa de Biedma.

Aparece citado en un documento de 1242 que lo relaciona con Biezma y que dice:

"El Maestre D. Rodrigo Yeneguez (tal vez Iñiguez) con el Prior y Cabildo dieron a Doña Sancha Pérez de Azagra, y a Doña Milla Pérez de Varea su hija a Villarrubia, Biedma, y Villasandin en encomienda por los días de sus vidas, en recompensa del Castillo de Tormón, y otros bienes, y heredades que habían dado a la Orden..," 

(Refiriéndose al castillo de Tormón que esta familia tenía cerca de Albarracín -Teruel) y que daría luego nombre al castillo o fortaleza de Biedma).

El por qué Rodrigo Íñiguez, o sus hijos, adoptan y son conocidos a partir de entonces con el sobrenombre o apellido "de Biedma", es algo que se desconoce. Quizás después de casado siguió teniendo una relación especial con Biedma, o se estableció por allí con sus hijos, o por alguna otra razón, esta tierra era tan apreciada por ellos como para mantenerla cerca de su propio nombre. Pero fue el origen del apellido que identificaría después a notables e insignes personas.

Monumento a Francisco de Viedma y Narváez, fundador de Carmen de Patagones y Viedma.





Fuente: luiscarlosdeviedma@gmail.com
Libro de Fiestas Patronales 2013

Las Escuelas y nuestras raíces educativas.






Grupo escolar 1886

Grupo escolar 1904

Muchos recordamos con nostalgia aquel edificio, majestuoso y emblemático para los villarrubieros. Aquel edificio no se conocía por el colegio, sino por "Las Escuelas", aunque el nombre propio desde el primer momento ha sido siempre el mismo, Escuela Pública Nuestra Señora del Castellar.

Grupo escolar construido en 1929 (ocho secciones de graduados) - 1940

La construcción del edificio de nuestras escuelas se remonta a principios del siglo XX, abriéndose el primer concurso para la entrega de pliegos el 2 de julio de 1924. Años más tarde, el 21 de noviembre de 1926, ante el notario don Gregorio Carlos Barrasa , el señor alcalde en nombre del ayuntamiento hace entrega de los terrenos destinados a la construcción del edificio escolar al Maestro Nacional don Cirilo Cantero, designado por la Dirección General.



1930 - Don Cirilo Cantero dando clase a un alumno.

Pero posteriormente el Ayuntamiento de Villarrubia pide al Estado la devolución de los terrenos para, de forma definitiva, encargarse directamente el ayuntamiento de la construcción de las tan necesarias Escuelas Públicas.

De este modo, el 28 de diciembre de 1929, tras un 1 plazo de presentación se levanta acta de la apertura de pliegos para la construcción de dicho centro, siendo constituida este mismo día en el ayuntamiento de Villarrubia la mesa integrada por el señor alcalde don Julián Escribano Granados, por los concejales don Félix Muñoz Guerra, don Marciano Granados García, don Gregorio de la Nieta Granados, don Juan Garrobo Saturio, don Gregorio Escobar García y don Deogracias Zamorano Fresco; se puso de manifiesto el único pliego presentado resultando ser de don Juan José Alonso Jiménez, representante del Puerto de Huelva y vecino de Madrid, aceptando este todas las condiciones del concurso y ofreciéndose a construir este edificio por 138.844 pesetas y 42 céntimos este concurso se anunció en el Boletín Oficial de la Provincia el 2 de diciembre de 1929.

El ayuntamiento recibe una subvención del Estado de 80.000 pesetas abonadas en su totalidad al término de las obras y realizadas las visitas por la inspección de la Oficina Técnica de Construcción de Escuelas. La meta de las autoridades gubernamentales en los años 20 era que hubiera un maestro por cada 60 niños, construyendo en esta década hasta 8000 nuevas escuelas. Las regiones más afectadas por el analfabetismo eran Andalucía y la Mancha. El descenso del analfabetismo en los años 20 fue el más importante hasta los años 70.

1931 - Alumnos de Don Dimas. Escuelas del Descubierto

1931 - Doña Josefa García, dando clase a una alumna

Las obras finalizan el 23 de julio de 1931, habiéndose edificado un total de 443m2, entre bibliotecas, despachos, servicios higiénicos, clases, etc. quedando de campo escolar 6,50m2 para cada alumno y en las clases 1,25m2.

1932 - Alumnos de Don Julio

1932 - Doña Pilar con sus alumnas.

Igualmente, sale a subasta la construcción de ocho viviendas para maestros en dos plantas, con un patio central. Cada vivienda estaba compuesta por una sala-comedor, cocina con azulejos en fogón, wc, tres dormitorios y agua corriente, de traza toledana de mampostería, un bonito edificio que nunca se llevó acabo, creemos que por la proximidad a la guerra civil.

1934 - Escuela de Don Angel Rojo

1935 - Alumnas de Doña Paula

1935 - Alumnos de Doña Sagrario

1935 - Escuela de Don Felix y Don Ciriaco

El 17 de marzo de 1952, don Camilo Rodríguez Cobacho, en su calidad de alcalde, compra la parcela colindante al campo de recreo del Grupo Escolar por la cantidad de 10.000 pesetas ante la necesidad de construir nuevas clases para los más pequeños. Pero no es hasta el año 1963, cuando don Fernando Sánchez Escribano, alcalde en ese momento, construye el edificio de párvulos, valorado en 317.216 pesetas y 21 céntimos. que albergaba dos viviendas para los maestros y sus familias en la planta alta, y dos clases, una para los niños y otra para las niñas en la parte baja, que en 1968 pasan a ser clases mixtas.

Edificio de Párvulos 

El 15 de Julio de 1972, por orden de la Dirección General de Progra­mación e Inversiones del Ministerio de Educación y Ciencia  y como ampliación de la Agrupación Escolar Ntra. Sra. del Castellar, se autoriza la creación de una unidad esco­lar de niños y otra de niñas, disposición que viene a resolver el acuciante problema de la deficiencia de plazas en relación con las necesidades.
Su construcción se llevaría a cabo en un plazo inmediato en los terrenos disponibles en la propia zona de las ya existentes. Con tal ampliación la Agrupación quedaría integrada por doce unidades escolares: cinco de niños y cinco de niñas más dos unidades de párvulos.

Actual CEIP Ntra. Sra.del Castellar

Parvulario tras ampliación y reforma


RECUERDOS:

Es de mi interés incluir una serie de extractos contenidos en los libros de fiestas de los años 2009 y 2016, en los artículos escritos por Faustino Pino y Palmira respectivamente, ya que describen perfectamente los distintos recuerdos que muchos de nosotros y dependiendo de la edad, aún mantenemos grabados una imagen muy similar en nuestra memoria:

1941 - Don Julio, Don Rafael y Don Amador, con alumnos del grupo escolar

"...Fue nuestra escuela un edificio macizo, sólido, orientado de este a oeste y de cara al Llano para aprovechar el máximo de luz. Contenía ocho unidades de muchachos: cuatro, en el piso bajo, de chicos y cuatro, en el alto, de chicas. Clases espaciosas, techos elevados y grandes ventanales. Las negras pizarras ocupaban todo el fondo oeste, salvo la primera que lo hacía al norte. La mesa del maestro en una esquina. Los pupitres, alineados. Sobre el encerado presidía un crucifijo flanqueado por los retratos de Franco y José Antonio... 

El ritmo de trabajo era monótono y regular, práctico y repetitivo: operaciones de cálculo, problemas de arrobas y fanegas, lectura en voz alta delante de la mesa del maestro y dictados, generalmente a la tarde,....  

El fútbol fue el único deporte, practicado en los recreos, bien en la era empedrada lindante por el sur a la escuela o en las eras de tierra acantonada de los alrededores.... 

Hubo un pilón con una tortuga, a la entrada. Un intento de huerta, baldío. Tres acacias enormes...

No había calefacción. No había reloj que marcase la hora. Hasta muy tarde no llegó la electricidad a las aulas. Hacía frío en invierno... 

Allí gané amigos. Gané el pulso a la vida. Y admiré a mi padre, a D. Luis, a D. Julio y a D. Rafael. Pero sobre todo allí empecé a querer a un pueblo que tenía una escuela que era grande y blanca como un trasatlántico hundido en la nostalgia."

J.F.Pino

1942 - Doña Pilar y Doña Consuelo con alumnas del grupo escolar

1949 - Alumnas de Doña Consuelo

 "Cuantos recuerdos, aquellos techos tan altos, aquellos ventanales que cogían casi toda la pared exterior...

Aquellos preciosos pupitres de madera que cuando te sentabas en ellos parecía que habías subido en un artilugio que te llevaría a algún país mágico, aquellas estufas de petróleo que solo calentaban las piernas de los maestros... 

Esas personas tan importantes en nuestras vidas, y que sin darnos cuenta nos ayudaron a forjar nuestro futuro, algunos eran un poco estricto con sus castigos, ahora los recordamos con una sonrisa picarona... 

La enorme pizarra (que odiábamos los malos estudiantes) y el trapo que usábamos para limpiarla, que cada vez que nos mandaban sacudirlo volvíamos como polvorones, blancos del polvo de la tiza...

Como olvidar el humo negro y espeso de la tejera en el que nos metíamos para jugar, era toda una aventura en la que apenas nos veíamos las caras. Estábamos negros de hollín que soltaba aquel espeso humo...

Aquel jardín con el pilón en el centro, que yo recuerdo vacío, donde nos metíamos dentro para jugar. Y aquellos rosales de alejandría, llenos de flores que no se podían ni tocar y que al final cogíamos simplemente por el hecho de estar prohibido, ¡cuántos recuerdos!"

Palmira


1953 - Escolares en clase con Don Julio

1955 - Alumnos de Don Julio

1956 - Alumnos de Doña Pilar

1965 - Estudiantes en la puerta del colegio




Fuentes principales: Libro "Un siglo en Imágenes" y Libros de Fiestas 1972 - 2009 (F.Pino) - 2016 (Palmira) 




1908 Capea..... "en una plaza formada con maderas mal atadas y carros sin seguridades para el público"...


El abogado Juan de la Cierva y Peñafiel (1864-1938) fue uno de aquellos políticos de la monarquía de Alfonso XIII que tejió una compleja red caciquil para sobrevivir en diferentes gobiernos durante más de media vida, ostentando los ministerios de Instrucción Pública y Bellas Artes, Gobernación, Guerra, Hacienda y Fomento, algunos de ellos en varias ocasiones.

En 1908, siendo titular de la cartera de Gobernación, promovió una polémica orden que trajo de cabeza a muchos gobernadores civiles y alcaldes: prohibir los encierros y capeas en aquellos pueblos donde no hubiese recintos adecuados para su celebración. Aun reconociendo el arraigo que tales prácticas tenían en muchas localidades, tan drástica decisión se argumentaba como medida para evitar desgracias personales.

Juan de la Cierva y Peñafiel, ministro de la Gobernación quien en 1908 prohibió las capeas y encierros en aquellos municipios donde no hubiese recintos adecuados para su celebración (Foto, Kaulak)


El cumplimiento de la disposición, en la que también figuraba que aquellos ayuntamientos que no tuvieran satisfechas todas sus obligaciones no podrían destinar fondos municipales ni a la construcción de plazas de toros ni espectáculos taurinos, fue casi imposible. En la prensa de la época hay numerosas noticias sobre incidentes y desgracias registradas por no hacer caso a esta orden ministerial o por exceso de celo en su seguimiento.

En agosto de 1908, desde las páginas de «El País», se censuraba la pasividad del gobernador civil de Toledo, Ricardo L. Parreño, por haber permitido la celebración de una capea en Villarrubia de Santiago, en una plaza formada con maderas mal atadas y carros sin seguridades para el público, donde dos mozos terminaron moribundos tras ser corneados y un toro manso fue objeto de todo tipo de tropelías.

«El Día de Madrid», en 1911, alababa al gobernador Fernando Boccherini por la enérgica labor que estaba realizando en la provincia para mantener la prohibición de las capeas, destacándose que en una sola tarde había impuesto en la localidad de Almorox veintiséis multas de 50 pesetas, pagando con pena de cárcel algunos sancionados insolventes. Unos años después, los alcaldes de Mocejón y Esquivias también sufrieron un correctivo de 500 pesetas por permitir la celebración de encierros sin la preceptiva autorización gubernativa.

El reguero de incidentes se repetía por toda España, llegándose a casos extremos como el vivido en un pueblo cercano a la provincia de Toledo, Cuevas del Valle, en Ávila, donde un sacerdote fue apuñalado durante un motín provocado por la supresión de una capea tras ser cogido gravemente uno de los mozos participantes. Los incidentes se saldaron con la muerte de un niño de trece años, al que un navajazo le atravesó la pleura, numerosos heridos -el clérigo lo fue por intentar mediar en la trifulca- y quince detenidos, entre ellos el propio alcalde.

Secuencia grafica de los incidentes registrados en Cuevas del Valle tras la supresión de una capea en 1912 (Ilustración del semanario «Las Ocurrencias»)


En septiembre de 1916 el pueblo de Bargas se sumó, lamentablemente, a este cúmulo de desgracias. Para el día 25 se había programado una novillada, motivo por el que numerosos vecinos no acudieron a sus trabajos, llegando también a la localidad bastantes forasteros. A las nueve de la mañana el alcalde, hizo público un bando anunciando la suspensión del festejo, toda vez que los toros se habían desmandado durante las labores previas de encierro, quedando desperdigados en el campo y no había animales disponibles para celebrar el festejo.

El aviso no sentó nada bien al vecindario, que fue concentrándose frente a la fachada del Ayuntamiento, voceando y criticando a la autoridad municipal. Los intentos de primer edil por justificar los motivos de la suspensión de nada sirvieron. El recinto preparado para la novillada, quedó en pocos momentos deshecho.


Principio del siglo XX - Bargas.  Tradicional encierro en la calle Arroyada 

Al mediodía a la plaza de Bargas llegaron fuerzas de la Guardia Civil, siendo recibidas con gritos y una lluvia de piedras. Para disolver el tumulto, previo aviso de los tres toques de atención reglamentarios y unos tiros al aire, las fuerzas de la Benemérita realizaron fuego de fusilería. Uno de los disparos alcanzó al mozo Eusebio Páramo Montalvo de 25 años de edad, herido en la región lumbar, quien quedó tendido y sangrando de forma abundante. «El pánico -se narraba en la crónica de “El Eco Toledano”- fue grande al sonar la descarga; por las calles corrían mujeres y niños». Tres guardias civiles resultaron heridos por el apedreamiento.

«Los padres del herido -continuaba el relato periodístico-, al verlo, salieron a la plaza a recoger a su hijo, teniendo que desistir ante la actitud y el peligro que corrían en aquel sitio, donde la Benemérita prohibía que se permaneciera». Cuando por fin pudieron rescatarlo, lo llevaron a su domicilio, donde falleció en pocos minutos.

Doce años de después de acontecer estos sucesos, en 1928 el gobierno reiteró la prohibición de la celebración de capeas. Esa misma intención tuvieron diferentes órdenes aprobadas en los primeros meses de la II República, recordando la normativa aprobada en su día por De la Cierva, si bien en 1932 se hizo excepción con aquellos casos en que la lidia corriese a cargo de toreros profesionales, pero manteniéndose el veto a los encierros de toros o vaquillas ensogadas o en libertad por las calles y plazas de las poblaciones.

1942 Villarrubia de Santiago - Corrida de toros en plaza de palos


1952 - Fotografía de niña en fiestas, donde se pueden ver los palos, las madres y las galeras