Recuerdos, descubrimientos y reflexiones





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"Mis líos José Monsó y Paz Salceda vivieron un tiempo en casa con noso­tros. Después mi tío obtuvo destino de maestro en Villarrubia de Santiago, cerca de Madrid. Allí construyeron un edificio nuevo para la escuela del pueblo. Decidieron que mis tíos me llevasen con ellos para que, como maestros que eran, me aplicasen sus ciencias pedagógicas.

Villarubia de Santiago era un pueblo como todos los de Castilla por los años treinta. Tenían allí sus costumbres y fiestas, incluso corridas de toros en la plaza del Ayuntamiento, donde se improvisaba un ruedo. Las orde­nanzas de las autoridades las daba el pregonero anunciándolas a viva voz en cada esquina. Mis tíos participaban en el círculo liberal con el médico, el boticario y otros maestros. Había otro círculo alrededor de la marquesa y del cura. Yo allí, entre los chiquillos, era «el sobrino del maestro» y como tal me respetaban.

Los trabajos agrícolas se veían a la salida del pueblo. El trigo lo reco­gían con hoces, después con un gran rodillo apisonador de piedra dejaban la era plana y dura; empleaban trillos para separar el grano y el viento para limpiarlo. Chafaban la uva para sacar el mosto con los píes. Aquélla era la época anterior al empleo de la máquina en el campo. A los chiquillos nos gustaba mucho ir a las eras cuando se trillaba, pues uno podía subirse y tirarse del trillo en marcha."
…..


Fuente: 20.000 días en la URSS
Bernardo Clemente del Río Salceda

La Encomienda, el Priorato y la Villa de Uclés en la Edad Media (1174-1310)



Presentación

La obra de Milagros Rivera se enmarca en este movimiento historiográfico. La presente monografía, estructurada y desarrollada con arreglo a técnicas de la investigación histórica y antropológica, estudia en profundidad la Encomienda, el Priorato y la Villa de Uclés, desde fines del siglo XII hasta principios del XIV. En ella se trazan los límites del señorío santiaguista de Uclés, que ejerció su dominio directo sobre numerosos pueblos de La Mancha y de las tierras de Cuenca y llegó hasta Huélamo por la Serranía y hasta los límites de Albacete, la sierra de Cazorla y Consuegra por la frontera musulmana. Este señorío tuvo también intereses directos e indirectos con otros puntos de la Península Ibérica e incluso en Francia y en Tierra Santa.



Páginas 95-96

.....En agosto de 1182 cambiaron los santiaguistas a la Orden de Calatrava la villa de Ocaña por cien maravedís anuales de renta en las salinas de Espartinas. Esta adquisición redondeaba, aunque sólo fuera temporalmente, el señorío de Uclés en el borde septentrional de la Mancha. Se incorpora la villa íntegramente, que poseía además castillo, y estaba compuesta de población mayoritariamente cristiana. Alfonso VI la había ganado en el siglo anterior pacíficamente; por ello la población musulmana y mozárabe anterior persistió en un principio, pero su pérdida en 1108 y reconquista ulterior por las armas de Alfonso VIII determinaron la expulsión de los musulmanes y su repoblación en 1156 a fuero de Oreja.

Ocaña no tardó en convertirse en encomienda independiente con dominio propio, dejando con ello de formar parte de la encomienda de Uclés, cuyo comendador conservó sobre sus habitantes tan sólo algunos derechos señoriales; por ejemplo, en el cobro de portazgos. En 1226 aparece citado documentalmente un comendador de Ocaña, pero el cargo se había constituido con toda probabilidad ya antes de esa fecha. Ocaña fue, pues, aunque por poco tiempo, la primera villa completa que los comendadores de Uclés incorporaron a su señorío.

Tres años después, en febrero de 1185, el mismo comendador Pedro Franco acordó con la dama toledana doña Orabuena y con sus cuatro hijos María, Gracia, Urraca y Gonzalo González— la división por mitad de las villas de La Cueva y Villandín. Se trataba de una adquisición importante, mediante la cual la encomienda de Uclés llegó por primera vez a las tierras feraces de la vega del Tajo, posesionándose de un territorio ya poblado, en que la explotación del suelo estaba en marcha y que estaba equipado con instrumental técnico que lo hacían doblemente apetecible. 
La Cueva y Villandín están situadas al oeste de Ucles, a ambos lados del Tajo, en el término que actualmente pertenece a Villarrubia de Santiago. La Cueva limita al este con Villandín y fue poblada por los frailes santiaguistas probablemente hacia 1180, por lo que el comendador Pedro Franco podía atribuirse sobre ella ciertos derechos. Villandín, por su parte, había sido otorgada "pro bono et fideli servitio" en 1155 por Alfonso VII al alguacil de Toledo Gonzalo, marido que fue de doña Orabuena y padre de los cootorgantes María, Gracia, Urraca y Gonzalo González. 

Los de Uclés habían llegado a una situación de conflicto sobre los respectivos derechos en la zona que ocupaban ambas villas con doña Orabuena y sus hijos, familia toledana de alcurnia emparentada con el juez de Toledo Esteban Illán, hijo probablemente del que fue alguacil de esa ciudad entre 1166 y 1168. Es esa situación conflictiva la que trata de resolver el documento de 1185, y puede afirmarse que la solución fue favorable a Uclés: se dividen por mitad ambas villas, y doña Orabuena y sus hijos no podrán donar su parte más que a los santiaguistas. quienes por lo demás se reservan derecho de prioridad en caso de venta, circunstancias ambas que a la larga favorecerían a una instítución concebida en cierta manera como inmortal. Esta operación proporcionó a Uclés propiedades que iban a mantener durante mucho tiempo en su poder. Participó también en ella el prior de Uclés Fernando Pérez y, al parecer, Villandín - completa - quedó finalmente bajo su dependencia. 
Protegían a estas villas los castillos de Alboer y Biedma......

Pagina 134-135

......Por último se anexionó el convento de Uclés en el siglo XIII otro núcleo de propiedades al sur del Tajo y en su ribera, no lejos de Ocaña, formando un señorío que comprendió las localidades de Villarrubia de Santiago, Biezma y Villandín. Villarrubia, llamada en el siglo XVI Villarrubia de Uclés, está situada en el borde más septentrional de la Mancha, entre Santa Cruz de la Zarza, Villatobas, Ocaña y Colmenar de Oreja. Biezma y Villandín forman en la actualidad parte de su término; el primero de ellos poseía en el siglo XII un castillo, el segundo, situado a ambas márgenes del Tajo, se lo había anexionado parcialmente la encomienda de Uclés en 1185.
Ignoramos cómo pasaron al dominio del priorato. Sabemos que en 1204 Biezma y Villarrubia estaban ya en su poder: se los había empeñado el convento a don Lope de Varea y a su mujer doña Sancha Pérez de Azagra por 500 maravedís chicos; se comprometieron éstos en 1204 a devolver las villas a la Orden en caso de que ésta no las rescatara antes de su muerte, quedando los quinientos maravedís como cuota por sus almas. Doña Sancha era hija de Pedro Fernández de Albarracín, al parecer hijo ilegítimo de Fernando Ruiz, segundo soberano de Albarracín.

Las propiedades santiaguistas de Villarrubia, Biezma y Villandín quedaron durante la mayor parte del siglo XIII vinculadas a esta familia. Eran propiedades de las que se podían esperar buenos rendimientos. En 1204 don Lope de Varea poseía en ellas viñas, campos de cereal, caballos, bueyes, vacas y esclavos sarracenos; unos años más tarde se habla de la existencia en ellas de prados, huertos, dehesas de conejos y de río. El equipamiento técnico era también de interés: ya en 1185 Villandín poseía una presa y molinos en el Tajo y los frailes proyectaban la construcción de una nueva azuda, sin duda para la instalación de otro grupo de aceñas. En 1242 la Orden cobraba en este señorío diezmo sobre los corderos, los quesos y la lana.

El maestre Fernando González de Marañón dio en 1207 parte de Villarrubia a veinticinco pobladores, les concedió el fuero de Ocaña y fijó los límites entre la parte que quedaba en poder del convento de Uclés y las nuevas roturaciones. No parece que esta introducción de población cristiana supusiera la desaparición de los antiguos sarracenos, que aparecen todavía citados en Biezma y Villarrubia durante el maestrazgo de García González (1214-1217/ 1222-1224) en documento de fecha incierta por el cual doña Sancha Pérez de Azagra recibió esos dos lugares en prestimonio vitalicio. 
Esta donación en prestimonio se repitió en julio de 1242, pero ahora en condiciones mucho más favorables para el priorato: doña Sancha y su hija Milia López recibieron de por vida Villarrubia, Biezma y Villandín, pero a cambio entregaron a la Orden en plena propiedad el castillo de Tormón y todo lo que ambas poseían en el Reino de Aragón y en Santa María de Albarracín. De la entrega en prestimonio se excluyeron algunos diezmos, la fonsadera de las tres villas y las aceñas de Villandín, aceñas que habían sido de los clérigos y en ese momento formaban parte del «bastimento», es decir, de las posesiones cuyas rentas se dedicaban al sostenimiento de la casa maestral. Las propiedades en Aragón que dieron en esta ocasión a la Orden doña Sancha y su hija no parece que pasaran a formar parte directamente del señorío prioral; años más tarde las utilizó el maestre para adquirir por permuta heredades en Sevilla y su término.

Páginas 268-269



Escudo


Pag 433

Es de mi interés transcribir especialmente a continuación la SINTESIS HISTORICA DE VILLARRUBIA DE SANTIAGO y los HECHOS MAS SOBRESALIENTES DE LA HISTORIA LOCAL, extraídos del EXPEDIENTE DE CREACION DE ESCUDO HERALDICO MUNICIPAL, del cual adjunto seguidamente completo en sus dos páginas.

"SINTESIS HISTORICA DE VILLARRUBIA DE SANTIAGO

Villarrubia de Santiago, municipio y villa de la provincia de Toledo situado en la Mesa de Ocaña, tiene 3.100 habitantes y un territorio municipal de 155,6 kilómetros cuadrados y una altura sobre el nivel del mar de 750 m. Dista de Madrid 68 Kms., de Toledo 70 y de Ocaña 12.

Este territorio fue conocido y poblado en épocas prehistóricas, ibera, romana y visigoda, como lo atestiguan los hallazgos que han aparecido en su término. Pero la verdadera dimensión histórica de la población la debemos situar en la Edad Media.

Conocemos que la zona fue repoblada por los mozárabes. Alfonso VII (1126-1 157) dona en 1155 al mozára­be Gonzalo Alguacil el lugar de Biezma en el que existía un castillo llamado Tormón a cuya protección se acoge esta primitiva aldea antecesora de nuestra villa.

Posteriormente en 1173 fueron donadas tierras de Biezma y Villoría para su repoblación a D. Lope de Varea y su esposa doña Sancha Pérez de Azagra hija de D. Pedro Ruiz de Azagra señor de Albarracín. En fechas posteriores esta familia donó sus posesiones a la Orden de Santiago a cambio de poseer la encomienda establecida en ella, disfrutándola doña Sancha y su hija.

La cabeza de estas posesiones está en el castillo de Tormón aunque de forma simbólica. La etimología de este nombre está bien clara, "tormón" es un aumentativo de "tormo" que biene a significar "peñasco suelto".

El castillo se despuebla posiblemente .en el reinado de Alfonso VIII y en él se edifica una iglesia donde la tradición popular señala como lugar de aparición de la Virgen del Castellar.

Hay autores que creen árabe el origen de este castillo, lo cierto es que formaba parte de las defensas de Toledo en su flanco Norte, junto con los de Oreja, Torrique, Alboer y Alharilla. Debió padecer los abatares y luchas que se sucedieron en torno al de Oreja inmediatamente después de la reconquista de Toledo y ataques posteriores de almohades, episodios relatados con minuciosidad en los Anales Toledanos.

Después de creada la encomienda de Biezma por la Orden de Santiago aparece en 1204 el documento de carta puebla y por lo tanto la fundación de Villarrubia por el maestre de Santiago D. Hernán González de Marañón dándole el Fuero de Ocaña al que se acogieron los núcleos de población que existían en torno a la encomienda de Biezma. Tuvo desde el principio jurisdición civil y criminal y por tanto el título de villazgo que se custodiaba en el siglo XVI en el archivo de Uclés. Al tiempo de su fundación se establece la encomienda de Villarrubia.

Existió también otra encomienda más, la de Villoría que comprendía el ejido de Alboer, Villoría, Villa-handín, S. Bartolomé y la Dehesa del Castillo. Durante el maestrazgo de D. Pedro Arias figuran unidas las encomien­das de Biezma y Villarrubia y en el siglo XV lo hace también la de Villoria. En la "Chronica de la Orden de Santia­go" se dice que Villarrubia se fundó en 1207 aunque esta fecha pudiera ser la del otorgamiento del Fuero. El primi­tivo término medía una legua de largo por tres cuartos de ancho. En el siglo XVI Villarrubia en cuanto a lo criminal depende del Gobernador de Ocaña, que podía conocer los casos que quisiera.

En este mismo siglo es nuestra villa sede de tres encomiendas la de Villarrubia cuyo gobernador era D. Juan de Borja, la de Villoria encomendada a D. Hernán Tello de Guzmán y la de Biezma a D. Pedro Padilla.

Existían cerca de la villa las ruinas de una torre que llaman el "Castillejo" qué pudiera ser alguna de las denominadas en la Edad Media.

En fecha no determinada, quizá poco después de la fundación de Villarrubia se despobló Villoría en favor de la primera y lo mismo ocurrió con Biezma, no obstante sus territorios no se incorporaron hasta fechas posteriores. En el siglo XVI dicen los comunicantes de las Relaciones de Felipe II que las tierras de Villoria y Biezma1 las compraron los vecinos de Villarrubia a S.'M. incluyendo de esta manera en un sólo término las dos principales encomiendas.

En Biezma no quedó sino la ermita en el lugar que ocupó el castillo de Tormón y Villoría dicen que se despobló por no tener agua dulce y en el siglo XVI todavía se veían algunas casas y su iglesia.
La población tiene un desarrollo progresivo. En 1576 viven una veintena de hidalgos.

En 1645-se dice del pueblo que es tierra fértil abundante en ganados, fruta y caza, de donde deducimos la prosperidad de la población.

A principios del siglo XVIII el lugar alto que ocupó el castillo de Tormón fue motivo de disuasión de las tropas del Archiduque que en número de 6.000 hombres al mando de Gallobay pretendían tomar Villarrubia. Aquellas supusieron fortificado el lugar y desistieron del ataque, atribuyendo los vecinos este hecho a la intercesión de la Virgen del Castellar.

Villarrubia contaba en 1712 con 189 vecinas, creciendo a lo largo de este siglo la población hasta 521 que se censan en 1787, lo que hace un total aproximado de 2.086 habitantes.

Formaba parte del territorio de la Orden de. Santiago junto con Almendros, Cabezamesada, Corral de Almaguer, Dos Barrios, La Fuente, Fuentidueña, Ontígola, Horcajo, Pozorrubio, Rozalén, Saelices, Santa Cruz, Tarancón, Torrubia, Tribaldos, Villarejo, Villatobas poblaciones que en el siglo XVIII sumaban un total de 30.000 habitantes.

En lo eclesiástico era parroquia dependiente del arciprestazgo de Ocaña siendo su titular San Bartolomé.

HECHOS MÁS SOBRESALIENTES DE LA HISTORIA LOCAL

1. Los primeros núcleos de población cristiana que después de la Reconquista se establecieron en este territorio, lo hacen buscando la protección del castillo de Tormón dando origen a una pequeña aldea, Biezma, que fue la antecesora de Villarrubia.

2. El establecimiento de dos encomiendas de la Orden de Santiago cuya población se integra junto con su territorio en el de Villarrubia, además de la propia fundación de la villa por la misma Orden.
Ambas consideraciones y su topónimo nos dan la pauta para determinar las figuras y piezas que compondrán el escudo.




El marco geográfico





realacademiatoledo.es



Villarrubia de Santiago se localiza en la Mesa o meseta de Ocaña, al noreste de la provincia de Toledo, limitando con la de Madrid. Su término está a caballo del Tajo, aunque la mayor parte se sitúa al sur de este río. La parte norte del término perteneció a la Encomienda de Biedma, pero al integrarse en Villarrubia su término pasa a este municipio.

Limita al Norte con los términos municipales de Colmenar de Oreja y Villarejo de Salvanes, cuyo punto divisorio se conoce con el nombre de "POCILLO VILLA"; al Este con el de Santa Cruz de la Zarza; al Sur con los de Villatobas y Ocaña y al Oeste con los de Noblejas y Colmenar de Oreja, siendo su punto divisorio el llamado "BARRANCO DEL INFIERNO".

La configuración de sus tierras es llana, la propia de la Meseta, con ligeras elevaciones en la parte septentrional.

Su extensión superficial es de 155,60 km2., la altitud media oscila
entre los 800 m. al sur y los 600 al norte: La villa se localiza a 754 m.
de altitud. La población de mayor altitud dentro esta comarca de La
Mesa es Santa Cruz de la Zarza, con 790 m., la de menor es Villasequilla
con 521 m.


Las entidades de población que componen el municipio el año 1930
son las siguientes: Artiñuelas, Biedma, Castellar (El), Cuesta Blanca (La),
Puente del Tajo (El), San Bartolomé, Valdajos, Vallejo Moral, Estación
(La) y Vayuncar, con una población de 4, 39, 2, 2, 47, 40, 22, 3, 9 y 9
hbts. respectivamente. En esas diez entidades, tres son casa de labor,
dos de recreo, una de guarda, otra de pastores, la ermita, la estación del
ferrocarril y un caserío.


Aunque se trata de una meseta, al sur del Tajo se dan las principales
alturas, he aquí algunas: Platas (vértice de 723 m.), Doña Clara (721
m.), Cabaña, la cota más alta con 776 m.


Existen algunos valles que recoge la toponimia: Valdehiguera,
Valdajos, Valdejuelos, Valdelaguía, Vallejo del Moral.

El río Tajo describe al paso por nuestro término varios bucles que
forman verdaderos meandros, sobre los que se asientan las más antiguas
poblaciones o caseríos, de los que más adelante hablaremos. Los
afluentes que le llegan por el norte son: Arroyo de las Antiñuelas, de
Balserón, de la Cañada de los Charquillos. Por el sur afluyen los arroyos
de la Victoria, de Valdejuelos, del Alamo, de Barantolín, de Valdevillarrubia
al que llegan el Barranco de Valdelaguía, el arroyo de las
Calderuelas. Hemos visto algunos hidrónimos: Artiñuela pudiera sígnificar
"tierra rozada o labrada", Calderuelas parece derivarse de caldas que
significa "aguas termales", de ser así, este nombre se emplea ya en
época romana para señalar esta clase de manantiales.

El Tajo se salva por puentes de los que hay dos referencias a Puente
de Villarrubia, también hay una Casa de la Barca, testimonio del empleo
de este medio para cruzarle.

En nuestros suelos se explotan yesares, calizas y las salinas, de todo
ello quedan testimonios, tales: Cuesta Blanca, Malbares, Casa Blanca,
Casa de las Salinas, de la que se conservan ruinas. En este caso no
debemos olvidar que ya se explotaban por parte del rey, esto es, por la
Hacienda Pública, una "salma de piedra" o sal gema, en el término de
Biedma. Hoy se explotan las mismas de sosa, situadas al sur de un bucle del Tajo.
Se conocían de antiguo y se obtenía algún beneficio,
pero la explotación racional se inicia en 1947;
se extrae la threnardita y en más pequeña proporción la gluberita. Este
sulfato sódico se emplea en detergentes y en cristalería.



En torno al pasado de Villarrubia



Anales toledanos, nº 18

El río Tajo representa el factor más valioso de la geografía y de la historia de nuestra villa, porque en torno a su curso sinuoso, tanto al norte como al sur, se dan las primeras poblaciones conocidas de su territorio, como Villa Sandín, Biedma, El Tormón, El Castellar, Villaria, Valdajos. Más tarde se poblaría nuestra villa, de la que, a la larga, vendrían a depender todas aquellas poblaciones. Tanto unas como otras formarán parte, como encomiendas, del señorío de la Orden de Santiago, administradas por Ocaña y el Maestrazgo de Uclés.

Aunque no sean muchas las noticias que tenemos del pasado antes de los romanos, sabemos que la Mesa de Ocaña estuvo en el límite de los pueblos carpetanos y olcade, los primeros al oeste y los segundos al este. Es posible que el topónimo Ocaña recuerde la presencia de estos olcades, que siempre aparecen como federados de los carpetanos, en ocasión de luchar contra el caudillo cartaginés Anibal. Aparecen unidos también a los Vettones y Vacceos, contra los romanos, pero son vencidos por éstos, tras ocupar Toledo, capital de la Carpetania toman prisionero a Hilerno, rey de los carpetanos, esto era por el año 221 a.J.C. El historiador romano Tito Livio (59-17 a.J.C.) tiene a los olcades como apéndice de los carpetanos. Se los considera íberos por algunos historiadores, otros los tienen por celtíberos. Su primitivo origen estaría en la cultura del hierro posthallstática_ Después los romanos, cuando hacen su división de Hispania, los incluyen en la Celtiberia y desaparece sin volver a nombrarse más a los olcades.

De la presencia romana en nuestro territorio quedan vocablos como calzada, calzadilla referidos, como vimos, a dos caminos actuales. Los vocablos Villoria y Villa Sandín pudieran ser otros testimonios de la presencia romana aquí.

Al darse a San Saturnino de Tolosa culto en España, ya en la época visigoda, y situándose en nuestro territorio una población llamada Villa Sandín y siendo este una sincopación de aquel santo, es más que probable que hubiera población visigoda en las cercanías del Tajo, dentro del actual término de Villarrubia.

La dominación mora ha dejado como testimonio la referencia al Camino de Lugar de los Moros.

La presencia mozárabe es evidente a través de los vocablos pozuelo, cerrillos Villa Sandín, y Biedma. Este último topónimo puede ser de origen arábigo sobre un estrato ibérico.

Alfonso VII el Emperador, rey de Castilla, que reina entre los años 1126 al 1157, mantuvo constantes luchas contra los almorávides que atacaban el fuerte castillo de Oreja (la antigua Aurelia romana), pero en cuanto es posible inicia la repoblación de todo nuestro territorio, comenzando con la villa de Ocaña, a la que da el fuero de Oreja el 24 de marzo de 1156, un año antes de su muerte. A pesar de ello la repoblación es lenta, por lo que Alfonso VIII (1158·1214) entrega a sus caballeros Pedro Gutiérrez y Tello Pérez la villa y el castillo de Ocaña. Finalmente, después de haber pertenecido un corto tiempo a la Orden de Calatrava, esta la cede a la de Santiago, a cambio de una renta anual de cien maravedís sobre las salinas de Las Espartinas; tenía lugar el hecho en el año 1182. Así pues en este momento se inicia el mandato de la Orden de Santiago sobre Ocaña, que se irá extendiendo sobre su territorio incluida, claro está, nuestra Villarrubia.

Pero unos años antes las dos riberas taganas se van lentamente poblando: en el año 1155 Alfonso VII, tan combativo como eficiente, da al mozárabe toledano Gonzalo Alguacil, Villa Sandín para que la repueble. Este mozárabe tiene una hija llamada María Gonzálbez, propietaria de una casa en el barrio toledano de San Vicente, que se la vende al maestro Alberto, deán de la Iglesia Primada.

Pero al repoblarse el próximo lugar de Cuevas, al norte del río pero enfrente de Villa Sandín, perjudicaba a ésta, por eso el comendador de Santiago llega a un acuerdo con la viuda e hijos de Gonzalo Alguacil para distribuirse el dominio, las rentas y los campos de ambas poblaciones. Los términos de ellos los señalan el comendador de Santiago y el juez de los mozárabes de Toledo, Julián Esteban, quedaban fuera de ellos los lugares de Albuer y Biedma. Conocemos algún detalle de este juez o alcalde-alguacil, era hijo de Esteban Julián, por eso firma Julián Esteban Julianis, su hijo Julián Estébanez había ya muerto el 1262; hay que pensar que el amojonamiento se haría a finales del siglo XII.

El maestre de Santiago, en el 1204, consigue que don Lope de Varea ceda sus derechos sobre la heredad de Biedma y Villarrubia, a cambio de 500 maravedís chicos, pero conserva los derechos sobre el pan, vino, ganados, muebles y moros cautivos.

Biedma no consigue medrar porque el paso del río se hace por Fuentidueña, al mismo tiempo que la perjudica el gran desarrollo que iba tomando El Colmenar de Oreja. Por eso Biedma cada vez se reducía más a un pequeño caserío agrícola. Andando el tiempo, en el 1526, el poseedor de la encomienda autoriza a construir un canal para llevar el agua del Tajo, a través de sus tierras, para regar las de El Colmenar de Oreja, debiendo por ello pagar el Concejo un censo.

Don Lope de Varea había recibido de Alfonso VIII, en el 1173, las heredades de Villarrubia, Biedma y Villarrubio (en Tarancón), para poblarlas. Pero la Orden de Santiago consiguió que las dejasen en el 1204, mas a pesar del compromiso, continuaron en ella los Varea y su mujer doña Sancha Pérez de Azagra recibe de la Orden, mientras viviese, esos lugares menos algunos derechos como los de fonsadera (tributo de guerra) y aceñas (obligación de moler en sus molinos), que conserva el maestre. A cambio la referida señora se compromete a mantener el clérigo (el párroco) y los clerizones (sus auxiliares o vicarios) para que atendieran al culto en esos lugares, a cambio la Orden recibía las tierras que los Varea y Azagra tenían en Aragón y en Albarracín, así como el castillo de Tormón, que también fue de Lope de Varea.

Tormo es lo mismo que "peñasco suelto, terrón", en este caso significa "peñón o peñascón". Nuestro paisano el canónigo Sebastián de Covarrubias, que escribe en el siglo XVI, dice que tormo "es peñasco eminente desatado de otros, pero de piedra viva ...... Es un peñasco dominante, aliado sur del Tajo. El probable que se trate de un vocablo ibérico o céltico, puesto que su estructura, según Corominas, sugiere un origen indoeuropeo.

La expansión de la Orden de Santiago continuaba y procura organizar un nuevo señorío a base de Villarrubia, igual que había hecho en Oreja y Ocaña. En cuanto se retira de don Lope de Varea, se inicia la repoblación de Villarrubia en el año 1204, con un fuero que le firma el maestre Pedro Arias en el 1207. Méndez Silva, ya en el siglo XVII, dice que el maestre que otorga el referido fuero es Fernando González Marañón, octavo maestre de Santiago, la noticia la toma de la "Relación de Villarrubia", escrita en el 1576. Durante el maestrazgo de Arias figuran unidas las encomiendas de Biedma y Villarrubia. La encomienda de Villoria no aparece hasta finales del siglo XV.

Para el poblamiento de Villarrubia se dispone que le inicien veinticinco personas, los primeros vecinos, que se habían de regir por el fuero de Ocaña, similar al de Oreja. La nueva población crece en tanto que los viejos núcleos de Biedma y Villa Sandín se reducen; en el año 1468 tiene ya 150 vecinos, unos 500 hbts.

Entre tanto, ¿qué era del castillo de Tormón? . Bien pudo formar parte de una serie de fortalezas situadas al sur del río Tajo, de esta línea defensiva, musulmana primero y después cristiana, fueron piezas notables Oreja, Torrique, Alboer y Alharilla, ocupada por los castellanos reconquistadores. Alfonso VII hace de Oreja el centro defensivo de la referida línea. Oreja, como ya dijimos, fue la antigua Aurelia romana, fundada posiblemente por el emperador de estirpe hispánica Marco Aurelio (161-80). Fortaleza mora, es tomada por vez primera por los castellanos del conde Alfonso Fernández el Calvo, en el año 1139.

Ya en época más reciente, pero siempre en Alta Edad Media, sobre el abandonado castillo de Tormón, se levanta un nuevo nivel de población, llamado El Castellar, nombre que recuerda la existencia del Viejo castillo, en donde acabaría construyéndose la ermita de ese nombre, con una imagen que, pasando el tiempo, sería la patrona de Villarrubia.

El nombre de Villarrubia aparece en estos años finales de la Edad Media, en algunos documentos relacionados con los judíos. Así en el año 1449, en el arciprestazgo de Ocaña, remata el diezmo del vino el judío don Culemán Aben Adani, por 800 mrs. En el 1450 lo remata otro judío, Jaco Abenzara, por 600 mrs. En Dos Barrios, Mateo Holanda criado de otro judío llamado Sancho Cota. En el 1482 se da un monitorio apostólico contra los judíos Mosé Abrenamías y su hijo Ysaque, por no haber satisfecho el pago correspondiente al arrendamiento del diezmo del vino de Villarrubia. En el mismo año figura otro documento apostólico contra Yudá Aban Cadaque, hijo de don Jaco, contra don Mosé Abenamías, hijo de don Abrahán, renteros del vino de la iglesia de Villarrubia.

En documentos sobre dehesa y acotamientos, dado el 1 de marzo de 1533, para beneficiar a la villa de Ocaña, se hace un nuevo deslinde para el coto carnicero; en este documento figura nuestra villa, como lindante, al decir que va por la "traviesa del camino que va a Las Chozas a Villarrubia, hacia el Pozo Seco".

En el "Apuntamiento Legal ... " del clérigo santiaguista Bernavé Chaves, escrito a mediados del siglo XVIII, se anota el valor de las encomiendas de la Orden en el siglo XVI; Villarrubia vale 12.854 mrs., Biedma 7.588, Villoria 12.582, Ocaña 5.400, Dos Barrios 4.138, Monreal 49.358.

Ya es hora que digamos el valor del maravedí; se trata de una moneda establecida por Alfonso VIII, a imitación del dinar almorávide. La primera acuñación se hizo en oro, luego Alfonso X (1252-84), acuña maravedís de plata y después Enrique III (1390-1406) en cobre o vellón. Aquí se refiere, por lo general, al de plata, que vale unas 7 pesetas. Por tanto el valor de la encomienda de Villarrubia supondría 89.978 pesetas; sumadas esta con las de Villoria y Biedma, supondría un total de 231.168 pts. En el año 1527 el Capítulo General de la Orden de Santiago acuerda terminar la cubierta del almacén o pósito de trigo, para recoger el correspondiente a la Mesa Maestral.

En el año 1571 tiene nuestra villa 600 vecinos, unos 2.000 hbts.

Las noticias que tenemos del año 1576, son copiosas y de gran interés. Nos lo facilita la "Relación de Villarrubia" mandada hacer, como las de otros pueblos de Castilla, por Felipe II, según un circunstanciado interrogatorio revisado por este monarca, tan preocupado por conocer su Reino en los menores detalles, dada su formación humanística y afición a las ciencias, sobre todo a las Matemáticas y a la Geografía.

Se inicia la relación el 4 de enero de ese año, por disposición del ilustre señor Licenciado Melchor Pérez de Torres, gobernador de la villa de Ocaña y su partido, siendo alcaldes ordinarios de Villarrubia los señores Alonso Romero y Juan García Mudarra, que llaman y encargan a los vecinos Gabriel Pérez Caballero, Rodrigo de Amañuelas y al mismo García Mudarra, para que contesten al interrogatorio y por tanto hagan la Relación. Son testigos y firman como tales, los vecinos Cristóbal García Montes, Juan Martínez de la Quintería, Juan González y Bartolomé Sánchez. Lo escribe y certifica el escribano de S.M. y de esta villa Lorenzo Martínez Tapia. Se compone la Relación de tres folios. Con estas formalidades se hacían antes las cosas, porque saben todos los que en el asunto intervienen, que estaban haciendo algo importante para entonces y para la posteridad, y así es en efecto, porque merced a esta relación podemos reconstruir parte de la historia de este y de otros muchos pueblos.

Es tierra templada y sana, rasa y sin montes, por ello hay falta de leña, sólo se ubica un pequeño monte de donde sacan la madera para los arados de los labriegos. La leña que gastan para el hogar es de ojiva y sarmientos. Al estar la tierra muy labrada la caza es poca, sólo algunas perdices y liebres. La pesca es escasa, algunas anguilas muy buenas. En las riberas del Tajo hay arboledas y algunos frutales, como membrillos, ciruelos, duraznos, perales y muchas cepas de vid.

En el término una dehesa boyal que llaman Bardacana, que significa "cerca de seto vivo o de zarzas o de cañas"; se suele arrendar en el invierno para el ganado menudo en 30.000 mtrs. de vellón. Hay también dos cotos carniceros, llamados La Muela y Vallejo del Moral. El término se compone de tierras de labor, en donde se coge pan, vino para el gasto de los vecinos, el sobrante se vende. El aceite constituye la principal cosecha, de quince a veinte mil arrobas. El ganado poco, porque es tierra estrecha, quiere decir que es escasa; se tiene ganado lanar para el gasto, la carne de vaca y de macho cabrío la adquieren en los Montes de Toledo y en los mercados de Torrejón de Velasco. Los diezmos suponen 1.500 fanegas de trigo, 3.000 de cebada, 2.000 arrobas de vino y de 3.000 a 4.000 fanegas de aceituna. Muelen sus panes en tres ruedas de aceña, en una parada conocida por Valdajo, propiedad de la encomienda de Villarrubia; rentan mil fanegas de trigo. Para el servicio de los molinos utilizan una barca. En la encomienda de Biedma hay una salma de piedra que se beneficia por S.M.

El caserío de la villa se levanta sobre "una pestaña llana, que tiene el derribadero (escarpe) hacia el norte y ribera del Tajo". El asiento es llano y no está cercada, los edificios de tapiería de tierra con cimientos de piedra y yeso, "de que hay mucho y muy bueno en dicha villa y cerca de ella, y así mismo la dicha tierra y piedra". Las maderas son de pino y llegan por el Tajo, pero la armadura de los tejados la hacen de los álamos del río. Las casas son de dos suelos, pero también las hay de tres y todas con patio.

A un cuarto de legua del caserío, al poniente, quedan los cimientos de un castillo, que en el tiempo que historiamos se llama El Castillejo. Se censan 700 vecinos, unos 2.500 habitantes, los más labradores, aunque hay unas veinte casas de hidalgos, entre los que se cuentan las siguientes familias: Portillo, Ribera, Calderón, Julián de Apuche, Romero, Pérez, Castellar y Cerrillos. En general los vecinos no son muy ricos ni hay muchos pobres, que todos viven de sus labores y no tienen otra granjería.

El término de la villa mide una legua de largo por tres cuartos de ancho, según el amojonamiento que se hizo al poblarse. Limítrofes hay otros dos términos, el de Villoria a Levante y la encomienda de Biedma al norte. Ambos fueron antaño lugares poblados y al presente gozan de sus labores sus vecinos que hoy residen en Villarrubia; antes de esto, tuvieron tierras comunales. Dicen los informantes que Villoria se despobló por carecer de agua potable, todavía quedaban las ruinas de las casas y de la iglesia. Biedma se abandona porque no era tierra sana, al estar junto al río.

El gobernador del partido de Ocaña elige dos alcaldes con un mandato de cinco años; hay otros dos alcaldes de la Hermandad, elegidos por el Ayuntamiento todos los años, igual que el alguacil y el mayordomo del Concejo. Los seis regidores que integran el Ayuntamiento son magistraturas perpetuas. Tanto los alcaldes como los regidores tienen un salario de cien maravedís al año (unas 700 pesetas actuales). El fiel ejecutor tiene mil mrs. Hay un solo escribano que tiene el cargo por arrendamiento. A sus pleitos acuden a la cancillería de Granada, al estar la villa al sur del Tajo. Los bienes de propios suponen unos 220.000 mrs de la renta de una dehesa y censos de unos molinos de aceite, que tenían y se vendieron hace algunos años, mas unos censillos sobre casas.

El comandante de la encomienda de Villarrubia lo era en el tiempo al que nos venimos refiriendo, don Juan de Borja, el de Biedma don Pedro Padilla y el de Villoria don Hernan Tello de Guzmán. Todas las encomiendas tienen sus casas en la villa, la de Biedma tenía otra a la orilla derecha del Tajo y la de Villoria en las márgenes del arroyo de este nombre, en el sitio conocido por Lugar del Moro.

No es lugar pasajero; a media legua se localiza una venta, en el camino que va de Toledo a Cuenca, pero es de poco provecho. La iglesia parroquial dedicada a San Bartolomé Apóstol, con un beneficio curado sin renta, pero la Mesa Maestral y las tres encomiendas la ayudan con un beneficio de hasta 15.000 mrs. Sirve la parroquia un religioso del hábito de Santiago, al que presenta S.M. y saca a colación el arzobispo de Toledo. Había en el siglo XVI tres ermitas: de San Sebastián, La Concepción y San Pedro. En el término de Biedma otra ermita llamada de Nuestra Señora del Castellar, "muy antigua, la cual es muy frecuentada de toda la comarca, por ser de mucha devoción y estar en un sitio extraño, en una peña ... " Se guarda por voto la fiesta de San Sebastián por la pestilencia y la de san Gregorio Nacianceno para que libre de los "gusanos y otras sabandijas que hacen daño en las viñas". Hay un hospital (hospedería) en donde se recogen los viandantes pobres, como una renta de 25.000 mrs., empleados en curarles y comprar ropa de cama; a los que no puedan andar los llevan,de este lugar al más próximo.

Se dice en la información que de la villa han salido buenos soldados, entre ellos uno llamado Francisco Guerra o Francisco de Villarrubia, que ha luchado en el mar y en la tierra; persona muy sobresaliente a quien Carlos I "le hizo mucho caso y trató familiarmente"; marchó a las Indias dirigiéndose al Yucatán en el año 1617.
En el 1598 tiene la villa 800 vecinos, unos 3.000 habitantes.

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Fuente: realacademiatoledo.es (Biblioteca Virtual de Castilla la Mancha. Anales Toledanos nº 18)

La copia más antigua de España del Kitab al Tafri.

Según un informe emitido recientemente por la Escuela de Traductores de Toledo, la localidad de Villarrubia de Santiago conserva la copia más antigua de España del Kitab al Tafri, un compendio jurídico escrito originalmente por el iraquí Ibn Yallahb difundido ampliamente por el Magreb y Al-Andalus. El manuscrito, que apareció casualmente un 15 de marzo de 1787 durante unas obras realizadas en la iglesia del municipio, conserva un colofón fechado exactamente 375 años antes.



El informe codicológico elaborado por especialistas del centro docente e investigador de la Universidad de Castilla-La Mancha concluye que el manuscrito en lengua árabe hallado en Villarrubia contiene una obra "cuyo contenido es bien conocido, por lo que su valor reside en su estructura interna y en la fecha de copia, lo que puede ayudar a conocer la transmisión de este texto jurídico en la Península Ibérica".

El documento explica que el Kitab al Tafri pertenece al género de las aplicaciones del derecho islámico. "Se trata de un compendio de cuestiones prácticas sobre, por un lado, las obligaciones del creyente en su culto a Dios y, por otro, la regulación de determinados actos jurídicos como el matrimonio, los contratos o las herencias, entre otros muchos temas", reza el informe. También precisan que para su redacción, Ibn Yallahb se sirvió de varias obras anteriores consideradas como fuentes principales de la escuela de derecho malikí, redactadas en un estilo fácil que hacía comprensible su consulta y proporcionaba soluciones al lector.

En la Península Ibérica el texto acabó convirtiéndose en un manual de referencia imprescindible para el ordenamiento jurídico de las aljamas mudéjares y moriscas, lo que hizo que fuera traducido al castellano en repetidas ocasiones. Según Juan Pablo Arias, que firma el informe, entre estas versiones destaca la conservada en la Biblioteca de Castilla-La Mancha, fechada en 1607. En cuanto a los manuscritos en árabe de esta obra registrados en España se conocían hasta ahora tres, dos conservados en la Biblioteca Nacional y uno en la Biblioteca de El Escorial. El de Villarrubia, datado un 15 de marzo de 1412, "se convierte en la copia datada más antigua conservada en España", subraya el profesor.

En el momento de su hallazgo el manuscrito se encontraba desprovisto de cubiertas, tal y como confirma el taller madrileño que se encargo de su restauración en 1999. El cuerpo del libro, entonces, se encontraba gravemente deteriorado por el ataque de los hongos, que habían hecho desaparecer los bordes externos de los folios y la estructura de cuadernillos. La intervención incluyó una limpieza de las hojas y su reintegración mecánica con papel japonés, además de la encuadernación.

Aunque el estado actual del Kitab al Tafri es bueno como resultado de esta restauración, para su adecuada conservación la Escuela de Traductores ha recomendado al Ayuntamiento de Villarrubia de Santiago el depósito del mismo en un centro especializado, donde además pueda estar a disposición de los investigadores.

Puente sobre el río Tajo




 LAS OBRAS DE CONSTRUCCIÓN 

 El 7 de Abril de 1894, fueron subastadas las obras del puente sobre el río Tajo, en unión de cuatro y pico kilómetros de carretera que formaban el trozo segundo de la carretera de segundo de la segunda orden de Colmenar de Oreja a la de Toledo a Ciudad Real.

 Empezaron los trabajos y durante la ejecución de los mismos, el 14 de Octubre de 1897, ocurrió el fallecimiento del contratista, por cuya causa se declaró rescindida la contrata y se procedió a la liquidación de las obras ejecutadas, que consistían en algo más de tres kilómetros de carretera completamente terminada y en la fundación y construcción de parte de tres pilas y una pila estribo del puente sobre el río Tajo; los situados en la margen derecha y fuera del cauce que ordinariamente ocupan las aguas.
Quedaron entonces por hacer 1080 metros de carretera y casi la totalidad de las obras del puente.

 Las obras estuvieron suspendidas durante nueve años, hasta que el nueve de Julio de 1906 fueron subastadas nuevamente, siendo el contratista D. Ginés Navarro y el ingeniero encargado de la construcción D. José María Arambarri.

 Este ingeniero al hacerse cargo de la obra y estudiar las avenidas del río, propuso aumentar la altura del puente para darle mayor desagüe, por resultar insuficiente el que tenía, y al efecto, redactó un proyecto reformado, en el que se elevaron los arranques de los arcos y se calculó un nuevo perfil para estos, a fin de conservar la debida estabilidad a pesar de la mayor altura de la obra, resultando reformado y cambiado el alzado del puente.
También anunció a la superioridad el mencionado ingeniero en este proyecto reformado, que habría de cambiar el sistema propuesto para la fundación de las pilas en el proyecto primitivo, que era el de agotamientos, reemplazándolos por el aire comprimido, que era mas económico y práctico en su realización, manifestando que ese cambio se haría después de ver el resultado que daban los agotamientos en la fundación del estribo de la margen izquierda, que de todos modos se habría de hacer por ese sistema.

 Este proyecto reformado fue aprobado por la Dirección General de Obras Públicas en 4 de Abril de 1908.

 Después del fundado del estribo izquierdo y de acuerdo con las previsiones y lo anunciado anteriormente por el ingeniero, redactó éste un segundo proyecto reformado, en el cual propuso el aire comprimido para la fundación de las tres pilas que faltaban de ejecutar que eran las más importantes y difíciles por encontrarse en la parte más profunda del cauce, acompañando el proyecto y cálculo de dos tipos de cajones de fundación, uno para las pilas corrientes y otro para la pila estribo.

Fue aprobado por la superioridad este segundo proyecto reformado el 8 de Julio de 1909.

 Entonces recibieron las obras gran impulso y se llevaron con gran actividad, como lo demuestra el haberse hecho desde esta fecha la fundación de las pilas en que se ha empleado aire comprimido el volteo de los arcos y la terminación del puente.

 Además del ya citado ingeniero han estado afectos al servicio de las obras, los ayudantes D. Juan Reus y D. Eduardo de Dueñas, el primero durante la ejecución de las fundaciones del estribo izquierdo y el segundo en todo el resto de ellas, y en distintos periodos de las mismas los Sobrestantes D. Francisco Polo, D. Elias F. Castellanos, D. Claudio Marcote, D. Mariano Galvez y D. Isaac Naranjo.



DESCRIPCIÓN DEL PUENTE

 El puente es de fábrica y tiene siete arcos divididos en tres grupos por dos pilas estribos, teniendo el grupo central tres arcos y dos cada uno de los dos grupos laterales.

 Los arcos son de 14,40 metros de luz cada uno, con flecha de 3,30 metros, estando por tanto su rebajamiento comprendido entre un cuarto y un quinto.

 El puente tiene un desagüe lateral de 100 metros y 80 centímetros, y su longitud total comprendidos los estribos y muros de acompañamiento es de 161,40 metros.

 Los cajones de fundación de las pilas tienen 10 metros de largo, cuatro de ancho y una altura de 6,13 metros, de los cuales corresponden a la cámara de trabajo 2,20 metros. En la construcción de cada uno de ellos han entrado 20 toneladas de acero.

 El cajón de la pila estribo también de acero y con un peso de 34 toneladas, tiene 10,40 metros de largo y de ancho y 6,31 de alto siendo la altura de la cámara de trabajo 2,10 metros. Este cajón se hallaba dividido en la cámara de trabajo en dos partes, por una viga de alma llena de gran resistencia, que ocupaba toda la altura de dicha cámara y que lleva un aligeramiento en su parte central para la debida comunicación de las dos partes, siendo el objeto de esta viga el disminuir la luz de las que componían el techo del cajón, las cuales, dadas las grandes dimensiones de aquel, tenían que soportar al final de la hinca una carga de 800 toneladas aproximadamente.

 Encima de las pilas corre una impostilla de 0,30 metros de alta, resultando los arranques de los arcos a 5,47 metros del plano superior del zócalo y a 6,44 por encima de la cara superior de los cimientos. 

Los arcos tienen en su clave un espesor de 85 centímetros y de 1,10 metros en losa arranques, llevando además un refuerzo de mampostería y una contrarrosca de hormigón hidráulico. Sobre la clave (piedra sobre la que se cierra un arco) queda una altura de tímpanos de 30 centímetros, corriendo encima de toda la longitud de la obra una imposta de 40 centímetros de altura.

 La rasante resulta a 11,49 metros sobre el plano superior de los cimientos, habiendo una altura desde la parte interior de los mismos hasta la rasante de de 17,80 metros.

 Por encima de la imposta va un perfil de 1,10 metros de alto, resultando por tanto que la altura total del puente desde el inferior de fundación hasta el superior es de 18,90 metros.

 En la ejecución del puente se han empleado 74 toneladas de acero;1.333,370 metros cúbicos de sillería; 1.220,630 metros cúbicos de sillarejo; 5.171,910 de mampostería; 349,630 de hormigón, 2.051,540 de tierras para relleno y 161,400 de piedra partida en el firmado, resultando un total de materiales pétreos de 10.288 metros cúbicos.

 Todos estos materiales, con inclusión del acero, pesan 24.760 toneladas que es el peso total del
puente.

 

Juan de la Virgen del Castellar (Juan Francisco Joya Carralero). (1898-1936).

Nació en Villarrubia de Santiago el 16 de mayo de 1898, y fue bautizado en la iglesia parroquial de San Bartolomé dos días más tarde. Su infancia fue difícil; siendo muy pequeño murió su madre; su padre, hombre rudo e incrédulo, no lo daba buen trato porque el muchacho era de índole piadosa y decía que quería ser religioso. Fue monaguillo en la parroquia del pueblo, y era considerado un niño «muy bueno, que se portaba bien con todos los chicos», según lo recordaba un anciano del lugar.



Cuando tenía 16 años se marchó a trabajar a Madrid, a una tienda de combustibles en la calle del Príncipe, cerca de la iglesia de los trinitarios de la calle Echegaray. Frecuentando la iglesia, conoció la Orden y pidió entrar en ella. Fue admitido para hermano cooperador, tomando el hábito en Algorta en 1918; escogió el apellido religioso «de la Virgen del Castellar» por devoción a la Patrona de su pueblo natal. La profesión simple la realizó en 1920. Poco después fue enviado por los superiores a Santiago de Chile, donde emitió la profesión solemne en 1923. De Chile fue trasladado a Buenos Aires (donde destacó como catequista en el Colegio «Madres Argentinas»), y de allí a Roma (convento de San Carlino) donde residió entre 1930 y 1932. Tras un brevísimo período en Madrid, fue enviado a Belmonte, de donde fue conventual hasta su muerte.



Fray Juan era de temperamento jovial y alegre. Fue un buen sacristán, portero y sastre. En Belmonte fundó la Pía Asociación de la Santísima Trinidad (sección de niños) y la Asociación del Niño Jesús. Devotísimo de su patrona, la Virgen del Castellar, compuso y editó una novena que durante muchos años fue practicada por la gente de Villarrubia de Santiago. Llamaba la atención, a quienes le conocieron, que siendo un hombre con poca preparación intelectual, fuera capaz de ser tan buen pedagogo y de tener tantas iniciativas educativas coronadas con el éxito; su bondad, sencillez, alegría e imaginación suplieron en él la falta de estudios.

En plena guerra civil, fue apresado en el convento de Belmonte junto a tres de sus hermanos trinitarios, Luis de San Miguel de los Santos, Melchor del Espíritu Santo y Santiago de Jesús.

De su caridad habla elocuentemente el detalle de que, habiéndose podido poner a salvo, no quiso dejar solo al Padre Luis en el convento. Cuando lo detuvieron quisieron fusilarlo en la misma portería, y fue objeto de burlas, insultos y amenazas. Cuando lo sacaron de la prisión de Belmonte para llevarlo a Cuenca, dijo estas palabras a la mujer del carcelero, que tenía varios hijos en las asociaciones trinitarias: «Lo que más siento son los niños de la Cofradía de la Santísima Trinidad, que los dejo para siempre ahora que tanta falta les hace la educación cristiana». En la cárcel se comportó como un religioso ejemplar, ayudando en cuanto podía a sus compañeros, en constante oración. Aprovechaba las cartas del P. Santiago para enviar mensajes a sus amigos, los niños: «A Crucete, de parte de Juan, que salude a los demás niños y que sean buenos» (14-8-36). «Encargue a Crucete y a Pepito, de parte de Juan, que recomiende a los niños pedir mucho a nuestra Patrona la libertad» (24-8-36).

El día 31 de julio, los cuatro religiosos encarcelados fueron llevados en un camión a la cárcel provincial de Cuenca, donde permanecieron hasta el 20 de septiembre, en que fueron «puestos en libertad». Esta «libertad» era en realidad un engaño; bajo apariencia de legalidad, se liberaba a los presos, teniendo todo preparado para que fueran capturados por milicianos armados que podían asesinarlos a su antojo. Los cuatro fueron de nuevo detenidos y llevados al cuartelillo de la «Hacienda Vieja».

En la madrugada del 24 de septiembre fueron fusilados a las puertas del cementerio de Belmonte (Cuenca). Allí fueron enterrados, en una fosa común.

Juan contaba con solo 38 años de edad y parece que era consciente de la certeza del martirio, pues cuando examinaron sus restos, en 1939, le encontraron en un bolsillo del pantalón un papel en el que había escrito: «Soy Juan Joya Carralero, de Villarrubia de Santiago (Toledo)», con lo cual se le pudo identificar. Sus restos fueron sepultados en un panteón, dentro del mismo cementerio de Cuenca.

El 24 de enero de 1953, los restos de los cuatro mártires fueron exhumados y trasladados a la iglesia conventual de Belmonte. Actualmente sus restos se veneran en la capilla del Santísimo de la iglesia de San Juan de Mata, de los trinitarios de Alcorcón, junto al de sus tres compañeros mártires trinitarios.

El 28 de octubre de 2007, fue beatificado en Roma como mártir por el papa Benedicto XVI, asistiendo a ella una numerosa representación de Villarrubieros.



Leer > CANTO Y NOVENA A LA VIRGEN DEL CASTELLAR

El Baúl de Santa Teresa en la iglesia de Villarrubia de Santiago





Antonio Martín Asperilla, autor del libro “Guia Mágica. La Mesa de Ocaña” se hace eco de una reliquia del patrimonio histórico de la provincia de Toledo y que cómo pasa con muchos otros objetos de gran interés, pasa desapercibido para el gran público.

Se trata del baúl que Santa Teresa dejó olvidado en Villarrubia de Santiago y está en esa localidad, en la iglesia de San Bartolomé, cuando iba desde Toledo a Pastrana.



Merece la pena visitar la iglesia de piedra labrada y careada sobre planta de cruz latina, de 47 m de largo y 23 m de ancho y una altura de 18 m.



La torre es de buena mampostería y sillar, muy bien compuesta por cinco cuerpos y basamento con líneas de imposta molduradas, los tres primeros cuerpos son ciegos, y los otros dos alojan el campanario.
Tiene un magnífico retablo mayor, poligonal de cinco lados, estilo barroco de transición al renacimiento, construido y tallado en madera y dorado en oro fino, con entrepaños estofados en oro.

El baúl puede visitarse en la sacristía de la iglesia.

Fuente: http://www.ateneodetoledo.org/archives/819

La Cueva de la Yedra. Una aproximación a un lugar enigmático.



 Hablamos de un lugar que últimamente ha sido noticia por su difusión en un conocido programa de misterio de Cuatro, pero que algunos ya teníamos la suerte de conocer mucho tiempo antes. Es la Cueva de la Yedra, un lugar “redescubierto” cuya función desconocida ha abierto debate entre expertos. Desde aquí haremos una pequeña aproximación al mismo y lanzaremos algunas hipótesis sobre su posible utilización.

 Este hallazgo ha motivado que técnicos de Patrimonio de la Junta hayan visitado la cueva para proceder a su catalogación y su posterior protección, como elemento a tener en cuenta dentro del patrimonio de la localidad, no en vano se trata de un espacio un tanto singular y respecto al cual se desconoce para qué fue creado.

Fuentes de Patrimonio explican que la cueva cuenta con una serie de columnas de corte neoclásico y que podrían datarse en el siglo XVIII. Sin embargo, en otra zona, haciendo una especie de círculo, se aprecian otras columnas cuya disposición indica que la cueva no se construyó como la mayoría de las que hay en muchos pueblos de la provincia, esto es, como almacén.

 «Todos son indicios. Parece un lugar de reunión y esta parte podría corresponder a cualquier época, pero no se sabe», indicaron estas fuentes, que avanzaron que el trabajo del servicio de Patrimonio del Gobierno regional se va a limitar a catalogar el inmueble para protegerlo, sin que exista un proyecto a corto plazo para un estudio más intenso. Eso sí, se deja abierta la puerta para que algún interesado pueda consultar el expediente y realizar una investigación más profunda.

 «Probablemente sea ésta la más desconocida y extraña construcción bajo tierra que haya en estos lares junto con la sinagoga de La Guardia, dado que nadie sabe lo que es ni para qué servía, y tampoco se conoce su fecha de construcción».

Se ubica en la Plaza de la Libertad, en un recinto privado, y «al parecer, pertenece a un conjunto de galerías que recorren el subsuelo del municipio. Es todo un misterio. Pudo ser utilizada para cualquier cosa, a lo mejor puede que fuese el punto de encuentro de alguna secta o logia, que tendría en este sitio el lugar de sus reuniones y ritos», indica Antonio Martín en su libro ‘Guía Mágica. La Mesa de Ocaña’.




 A. Martín invita al lector a dejar volar la imaginación refiriéndose al arquitecto Juan de Herrera, «heterodoxo reconocido y miembro de la logia de la Trasmiera cántabra» de quien se dice que pasó por Villarrubia. «Este personaje era muy amigo de este tipo de construcciones basadas en la matemática mágica. No estoy diciendo que esta cueva sea obra de Herrera, pero véase que construyó algunas en estas tierras».

 «Quisiera recordar, y no me canso de hacerlo, que varios miembros de la Congregación de la Nueva Restauración eran de Villarrubia, toda una sociedad en sí misma. ¿Por qué no tendrían en este lugar algún punto de encuentro u otra sociedad parecida?», se pregunta el joven terapeuta de profesión, que agrega que «existe poca o nula documentación de los pasos de Herrera u otras personalidades heterodoxas por las tierras de la Mesa de Ocaña, pero una persona que pertenece a una sociedad secreta o círculo parecido, lo último que quiere es que se sepa dónde está y dónde tiene lugar la reunión de dichas sociedades, y, por lo tanto, poca documentación habrá al respecto, claro está».


Las Cuevas Rituales. Desde épocas ancestrales el humano ha estado en contacto con el mundo subterráneo para guarecerse por motivos climatológicos, de defensa y religiosos. La situación y morfología de las cuevas han atraído por sus misterios, siendo el marco de historias reales, legendarias y tradiciones.


Las cuevas-santuario son la entrada al mundo subterráneo, al interior de la tierra, lugar donde los seres humanos pueden entrar en contacto con las divinidades subterráneas. En muchas culturas los dioses habían nacido y además vivían en las zonas no exploradas de las cuevas-santuario. La relación entre el mundo subterráneo sagrado, usualmente cuevas de difícil acceso, de morfología complicada y peligrosa, y las divinidades, sería una constante en el mundo antiguo.

  ¿Como llegar?
 La Cueva de la Yedra se encuentra en pleno centro del pueblo, la Calle Santiago con Calle Amargura, junto a la Iglesia, pese a que desde el exterior no se aprecie nada. Para acceder a la misma hay que contactar con el Ayuntamiento, ya que hay que salvar una pared con dos escaleras de mano, debido a que el acceso de la Cueva se realiza desde un solar sin puerta de entrada.

Ubicación de la Cueva en 1973, donde todavía estaba en pie la casa donde se sitúa el actual solar.

  Estructura
 A la Cueva se accede por un solar donde existía una antigua casa, hoy desaparecida, siendo el actual acceso no el original, el cual se encuentra tapiado según entramos a mano izquierda, quedando desvirtuada así la entrada a la Cueva, que se tuvo que hacer no desde la casa que ocupaba dicho solar, sino desde la situada enfrente del mismo, una antigua casa solariega, desde la cual ya no se puede acceder a la Cueva.

Esbozo de Plano de la Cueva, aparecida en Cuarto Milenio.

 Lo primero que nos llama la atención de la Cueva de la Yedra es su factura. Su pasillo de entrada se encuentra jalonado en sus laterales con Arcos de piedra tallada de corte neoclásico (S. XVIII), de buena realización, cosa que nunca se haría en un almacén o bodega, es como si fuera a utilizarse para el paso de personas y para dar mayor énfasis y dignidad a la propia Cueva. Las Columnas de estos arcos han sido rebajadas en sus laterales para colocar Tinajas de Vino, en una actuación posterior.

Arcos del pasillo de entrada al recinto circular de la Cueva
Arco de Acceso a la Sala de las Columnas.

 La sorpresa llega al atravesar este pasillo y encontrarnos de frente con la Sala de las Columnas. Esta Sala circular está rodeada en su perímetro por 9 columnas, mas una Central, de tosca realización, pero que nos sorprenden porque en realidad no sujetan el techo de la cueva, son un mero artificio escenográfico, usado con una función especial, desconocida a día de hoy y que nos deja aún más perplejos. Es fácil acordarse de los Tholos Griegos, cuya estructura era muy similar. El caso de la columna central es aún más desconocido, quizá asociado a la posible función litúrgica de la Cueva. Es también curioso no encontrarnos con ninguna marca de cantería o Gliptograma en todo el recinto.

Parte Izquierda de la Cueva.

Parte derecha de la Cueva.

 Todo el espacio está claramente orientado a ser un lugar de reunión, quedando descartado su uso como bodega debido a la ausencia de restos de tinajas, sujeciones en la pared para las mismas o cualquier otro tipo de objeto que lo relacione con el uso vitivinícola.

  Hipótesis sobre su función.
 Descartada como Bodega-Almacén (al menos la sala de las Columnas) muchas son las teorías o hipótesis que se pueden lanzar hacia su uso o utilización. Destacar que tras la visita de varios Arqueólogos, los mismos han destacado el desconocimiento de su función.

Arcos y columnas labradas del pasillo de entrada a la Sala principal

 Su uso como lugar de reunión de Sociedad Secreta o Logia es una de las hipótesis principales, defendida por Antonio Martín (Redescubridor de la Cueva y autor del ya mencionado en este Blog de la “Guía Mágica de la Mesa de Ocaña“), no obstante, varios miembros de la Congregación de la Nueva Restauración eran de Villarrubia, pese a que no haya a día de hoy ninguna documentación sobre ello. También se especula con la presencia por aquellos lugares (y quizá por la Cueva) de Juan de Herrera, miembro de la Sociedad secreta de Canteros de la Trasmiera Cántabra (que curiosamente trabajaron en la Catedral de Toledo) y autor de la cercana Fuente Grande de Ocaña (uno de los templos del agua por excelencia y considerado uno de los recintos sagrados más importantes de la península por autores heterodoxos), además la cercanía a Madrid hace posible del traslado rápido desde la capital hacia la Mesa de Ocaña.

 Como Sinagoga subterránea, donde los Judíos pudieran realizar sus ritos sin llamar la atención, teniendo además otro ejemplo cercano en la localidad de La Guardia, o incluso como lugar de reunión de pequeños núcleos de Protestantes, en la época de la persecución de los mismos.

 Como una especie de antiguo “Bunker” para esconderse y protegerse en caso de invasión o asedio, habiendo muchos ejemplos en la Comarca, y debido a su cercanía a la Iglesia, a la cual llegarían varios subterráneos de casas limítrofes e incluso algunos pasadizos terminarían en las afueras del pueblo, aunque esto no explique la existencia de las Columnas o que no esté conectada (que se sepa) a ninguna red de galerías subterráneas.

Detalle de una de las Columnas

 Una vez más nos encontramos ante una joya patrimonial totalmente desprotegida, estando expuesto a vándalos o cualquier otro expoliador que quiera hacer daño a la cueva, desde aquí pedir una inmediata actuación sobre la misma, ya que pese a no encontrarse en mal estado, corre peligro de derrumbe a no muy largo plazo. En este caso queda palpable una vez más el pasotismo y desprecio de las administraciones sobre el patrimonio histórico y artístico.

 

 Fuente principal:paperblog.com

Toledo y su provincia con la Virgen María - La procesión del año 1954

El 31 de octubre de 1954 tuvo lugar en Toledo la mayor procesión de su historia si tenemos en cuenta el número de imágenes y de fieles que recorrieron la ciudad.
Las crónicas refieren la asistencia de unas 40.000 personas congregadas en torno a cerca de 150 imágenes, las de más devoción, traídas de pueblos de los arciprestazgos de la archidiócesis toledana, acompañadas de peregrinos y autoridades venidos de lugares de tierras toledanas y de localidades de Guadalajara, Albacete y Cáceres.


                                               022 - VILLARRUBIA DE SANTIAGO

Nuestra Señora del Castellar A las cuatro de la tarde se inició la procesión de las imágenes de la Virgen, con sus banderas y estandartes, partiendo de la Catedral y concluyendo en el paseo de Merchán, pasadas ya las 9 y media de la noche de ese último domingo de octubre.
Los cánticos y rezos se mezclaron con las melodías producidas por veinticuatro bandas de música que amenizaron el cortejo y por la presencia de más de una veintena de carrozas alusivas. Con ella se ponía fin a los actos de la Semana Mariana Diocesana programada por el cardenal Plá y Deniel para conmemorar el I Centenario de la declaración del Dogma de la Inmaculada Concepción.

Recordemos que el ayuntamiento de Toledo, en una lápida sobre una las puertas de acceso a la sala capitular alta, incluye el texto del acuerdo adoptado el 15 de diciembre de 1617 de defender la Inmaculada Concepción de María.

 Este artículo complementa con las noticias publicadas en el diario El Alcázar en esos días y con la reproducción íntegra del libro Crónica del Año Mariano - 1954, editado por la Editorial Católica Toledana.

 Anexos
  Noticas del diario El Alcazar
  Crónica del Año Mariano - 1954
 Mariano García Ruipérez Archivero Municipal de Toledo

Las comarcas toledanas según las "relaciones topográficas" de Felipe II





LAS COMARCAS TOLEDANAS
SEGÚN LAS "RELACIONES TOPOGRÁFICAS" DE FELIPE II

LA MANCHA

"Queda, por último, la porción manchega en el este de la actual provincia de Toledo. La percepción comarcal es muy clara, por encima de los señoríos de Santiago (la mayor parte). San Juan y arzobispo de Toledo y de la ciudad. El límite norte se halla bien establecido, según las Relaciones, en el Tajo, Villarrubia (de Santiago) y Santa Cruz de la Zarza, cuyos términos llegan justamente hasta el río, precisan la situación en el confín; la primera «es ribera de Tajo y principio de la Mancha», la segunda está «entre Taxo y Mancha» (4ª,III,751; 17ª,II,420); Ciruelos «es comienzo... de la Mancha» (4ª,I,30); en Ocaña no se indica comarca ni tampoco en Dos Barrios, son todos de la orden de Santiago.

En cambio, por el oeste el límite queda indeciso ya que faltan relaciones de La Guardia. Turleque, Consuegra y Mora; junto a ésta. Manzaneque dice ser «Tierra de Toledo», como ya se opuso. Mascaraque no cita comarca, tampoco Tembleque, de San Juan. Y declaran hallarse en la Mancha, Lillo y El Romeral, del arzobispo de Toledo (4ª.I, 505: 4ª,II,356), Madridejos y Camuñas, de San Juan (4ª.,II,3; 4ª,I,210). Por el sur sigue la Mancha por la provincia de Ciudad Real (18).

Finalmente, en el este, en el límite con Cuenca, por donde también continúa, varias localidades, todas de Santiago, dicen hallarse en la comarca (salvo Miguel Esteban): El Toboso (4ª.,III,578) y oirás cuatro, Quintanar de la Orden, Villanueva de Alcardete, Puebla de Almoradiel y Cabeza Mesada (Cabezamesada) que, en la respuesta 4ª indican «Mancha de Aragón» (II, 311;ª II, 243; III, 731; II. 185); apelativo éste que reaparece en Cuenca, en la parte oriental, y en Albacete (20).

Al describir la Mancha, se refiere Madoz a las diferentes acepciones, sus divisiones administrativas, etc.; sitúa el límite N en el Tajo. con «lo que se llama la meseta de Ocaña y del Quintanar» y distingue tres partes: al este la Mancha de Montearagón, al noroeste la Alta, desde Villarrubia de los Ojos a Belmonte, al suroeste la Baja. En la moderna provincia de Toledo le corresponden los partidos judiciales de Ocaña, Madridejos, Lillo y Quintanar (21, t. II, p. 172).

En la larga lista de municipios manchegos, según Dantín, figuran 36 toledanos; entre ellos, por el N. lindantes con el Tajo, Santa Cruz, Villarrubia de Santiago, Noblejas, Ocaña e incluso Ontígola; por el W, Ciruelos, Yepes,....."