La sociedad postindustrial fue provocando que oficios como sastres, cesteros, afiladores, hojalateros o lañeros, fueran perdiendo su dedicación. De la misma manera, la sociedad de la información, la sociedad moderna invadida por la instantaneidad, ya no necesitaba dotarse de ese canal rudimentario pero entrañable como era el representado en otros tiempos por el pregonero y se prescindió de su labor.
Pregonero, un oficio de antaño que se pierde en las brumas de la memoria, una figura imprescindible en otros tiempos. El pregonero en mi pueblo era una de las profesiones más populares entre los vecinos, una persona que siempre, con recia voz, era el encargado de anunciar, avisar e informar de cuanto podía interesar a los vecinos o todo lo que las diversas autoridades desearan dar a conocer.
Agustín pregonando en la calle Honda
Pero la característica indivisible del pregonero era su corneta o tambor. Tenía asignado unos lugares concretos desde los que "echaba" el pregón para que llegara el comunicado a todo el pueblo.
Los muchachos los seguíamos de calle en calle, más atentos al rito que al contenido del mensaje. La gente decía "ya viene el pregonero, ¿que nos dirá hoy?"
Se hacía el silencio en cualquier esquina y se nos pedía pausa en el juego.
Algunas mujeres salían a la puerta con el delantal recogido y la escoba en la mano al oír el aviso. Hasta los perros detenían su camino con mirada de atención.
Muchos aún recordamos ese toquecillo “Tarariiii Tararáaaaa…” que seguía con “¡Por orden del señor alcalde, se hace saber… hay que vacunar los perros, pagar las canales y poner el bozal a las caballerías...!” Una gran solemnidad rodeaba al pregón, que otras veces era el anuncio de juntas, reuniones y cosas por el estilo, que tanto nos aburrían a los pequeños. Al acabar el pregón, siempre pasaba el habitual despistado que no se había enterado de nada y no faltaba el que contestaba y resolvía la pregunta.
Los hombres, generalmente en el campo en ese momento, recibían las noticias al llegar al anochecido a sus casas, pero era suficiente que se enterasen algunos vecinos en cada calle, porque el boca a boca había extendido la novedad por todo el pueblo, como fuego en rastrojo.
Este fue el medio de publicidad a lo largo de muchos años. Tiempos estos donde la voz de los pregoneros y los vendedores ambulantes, además de los sones de las campanas, eran los canales de que, a través del aire, interrumpían la rutina diaria.
El pregonero, en la pasada década de los setenta, fue despojado en Villarrubia de sus tradicionales atributos, pero continuará perdurando su nombre y su función divulgadora. Hoy no es cargo permanente, pero se oficia honrosamente de pregonero por petición de la Corporación o Comisión de Festejos para anunciar el comienzo de las fiestas patronales.
Gonzalo Monzón Rodríguez
Música: "El Pregón" - Jose Luis Perales